Las
primeras gotas de lluvia caían débilmente, como si se trataran de plumas,
suaves y ligeras. Para ser Agosto era un día bastante propenso a la lluvia. Me
agrada la lluvia, me hace sentirme fresca e inspirada, mi pequeño y frágil
mundo se vuelve todo sensaciones y sonidos, desde la fresca brisa con olor a
tierra mojada que recorre cada centímetro de mi rostro y cabello, hasta el
sonido un tanto melancólico de los autos corriendo a través de los pequeños
charcos que se forman en la calle, formando una sinfonía de motores y agua
siendo salpicada.
Mis
pensamientos de lluvia y orquestas hechas a base de motores y charcos se
desvanecieron al escuchar la voz de Susana llamándome por detrás. En cuanto me
di la vuelta lo primero que vi era la cabellera castaña clara de mi amiga y su
listón rosa pálido atado perfectamente en la coleta de caballo. Después de una
extraña mezcla de castaño y rosa pálido, me encontré a mi misma sintiendo la
necesidad de aire. Susana tenía una gran fuerza al abrazar y la mayoría de las
veces era tan rápido su ataque y repentino que no me daba tiempo de prevenir o
incluso escapar, por lo cual siempre terminaba siendo estrujada con tanta
fuerza que por alguna razón milagrosa no moría por falta de oxigeno.
-Me
parecieron años los que pasaron sin verte, te extrañe demasiado-dijo Susana
después de soltarme.
-Igual
yo…
-Y
que mejor para recibir a mi amiga que con un abrazo de oso-la sonrisa en su
rostro era amplia, aquella sonrisa que derretía a cualquiera.
-Más
bien lo sentí como una anaconda tratando de convertirme en el almuerzo.
-Como
se ve que a ti te va mejor lo de ser masoquista, no te gusta que te den
cariño-dijo frunciendo el ceño.
-Hay
una gran diferencia del cariño y que atenten contra mi vida tratando de dejarme
sin oxigeno, debes de saber que no soy un oso de felpa, tengo huesos y
pulmones.
-Es
cierto no eres un oso de felpa-cambio su ceño fruncido por una sonrisa
radiante, a la vez que subíamos las escaleras a nuestro salón. Una vez que
llegamos a nuestro piso, se arrojo hacia mí y me dio un abrazo de lado ligero,
me dejaba respirar-Pero eres tan adorable como un enorme peluche, grande y
esponjoso.
-¿Ahora
pase de ser masoquista a esponjosa? No sé cómo tomar eso…además de que me estas
insinuando que estoy gorda.
-Claro
que no, eres adorable eso es todo.
Una
vez llegado al salón Susana coloco su mochila en su respectivo lugar, ella se
encontraba casi al frente por ser de las primeras en la lista, por lo cual
colocaba su mochila entre las primeras bancas para una vez que el profesor dictara
los lugares según el numero de lista, ella no tuviera que moverse a una gran
distancia. Mientras que yo me encontraba entre los últimos, cuando me di la
vuelta me percate de dos cosas; La primera que Susana se acercaba con pasos
llenos de gracia y alegría, como si estuviera caminando por alguna pasarela o
en una alfombra roja, majestuosa y con total confianza en cada uno de sus
movimientos. La segunda era que mis compañeros la observaban con curiosa
fascinación, los chicos con anhelo y las chicas con una ligera mezcla entre
celos y admiración.
Aquella
era mi amiga, la chica que provocaba suspiros en los hombres con tan solo una
sonrisa. En ocasiones me sentía opacada por ella, debido a que ella a pesar de
llevar el uniforme siempre se las arreglaba para llevar algo colorido que
resaltara su feminidad, ya sean collares, aretes, pulseras, listones o
maquillaje de cualquier tipo. Junto a ella mi uniforme simple sin ninguna clase
de adornos más que mi collar en forma de corazón azul, no lucia nada llamativo,
además mi cabello castaño oscuro, casi negro, y ondulado, no eran interesantes
a comparación del cabello castaño claro de Susana. Ella era femenina y alegre,
yo sin embargo, era la chica apagada y sencilla que era la mejor amiga de la
chica resplandeciente.
La
llegada del profesor hizo que todos tomaran un lugar, nosotros a pesar de estar
ya en bachilleres, nos sentábamos en binas. Lo primero que hizo el profesor fue
presentarse, era el maestro a cargo de Física, después comenzó a dictar los
lugares respectivos, algunos maestros nos dejaban sentarnos donde quisiéramos
pero eran escasos. Como era de esperarse de la buena suerte de Susana, ella se
encontraba sentada junto a Isaac Caballero, uno de los chicos mas apuestos del
salón, era como la versión masculina de Susana para mí; Alto, con una sonrisa
radiante como el sol, cabello rubio y bien cuidado, además de ser el capitán
del equipo de futbol de la escuela. Era justo el tipo de chicos con los que
frecuentaba Susana, apuestos y que despiden una confianza casi ilegal. En ese
momento pensé en que tal vez las personas apuestas y que no vacilaban en nada
de lo que hacían eran destinadas a estar juntas, ya sea por una amistad o por
un romance, eran como la clase VIP del salón, siempre hay de esas personas en
cualquier lugar y la escuela no sería la excepción.
-Alicia
Rodríguez-La voz del profesor me sobresalto, a la vez que me percataba de que
estaba molesto como si hubiera llamado varias veces mi nombre.
-Presente
-Espero
que no sea así de distraída en mi clase, ¿quedo claro?
-Sí,
yo…-las palabras no querían salir, simplemente me sentía presionada, no me
agradaba en nada tener la atención en mí y ahora el salón entero me observaba,
observaban a la primera chica que regañaba en profesor en el primer día de
clases y en la primera clase. Sin duda había comenzado el año con el pie
izquierdo.
-Tome
asiento-señalando mi lugar.
Camine
a mi lugar junto a la ventana, sintiendo aun las miradas. Casi al instante en
que coloque mi mochila en la banca y me disponía a tomar asiento, el salón
entero se volvió silencio, me di la vuelta, temerosa de que haya hecho alguna
ridiculez mayor y a la vez deseando que sea otra persona la razón del silencio.
Para mi escasa suerte, era un joven el que provoco aquel silencio.
El
salón entero paso del silencio a los murmullos, para después dejarlo de lado y
volver al sonido típico de jóvenes hablando de sus vacaciones y conversando
tranquilamente. Pero por alguna razón yo no pude evitar examinar a aquel joven
mientras me sentaba; Era alto, delgado, cabello negro y lacio, y llevaba unos
lentes de profesionista que enseguida me hizo relacionarlo con los abogados,
aquellos que se ven formales y lo son. Le entrego un papel al profesor, este
asintió y con un rápido movimiento casi imperceptible con la mano empezó a
escribir algo en la lista.
Me
dedique a contemplar a través de la ventana, la ciudad ahora se encontraba
empapada por la lluvia, esta había cesado, me pregunte cuanto había pasado y
cuanta fue la lluvia, debido a que esta casi se había evaporada dejándole paso
a los rayos del sol. El cielo comenzaba a despejarse, aunque aun se veía la
amenaza de la lluvia.
El
sonido de algo chocar contra el suelo me despertó, al mirar vi mis colores en
el suelo, casi por reflejo me agache para recogerlos, sin saber cómo terminaron
ahí, lo siguiente que sentir fue el de una cabeza chocando contra la mía. La
queja no se hizo esperar, levante la cabeza mientras me frotaba la frente,
aquellos ojos no los podría olvidar, parecían como producto de una de mis historias,
al fijar un poco más la vista contemple al joven de lentes y cabello negro que
había llegado al salón, frotándose el lado izquierdo de su frente. Aquellos
ojos eran enigmáticos, eran de un color gris casi plateado, pensaba que ese
color de ojos no existía, a pesar de estar tras esos lentes, esos ojos no
dejaban de ser enigmáticos y un tanto hechizantes.
Me
sentí avergonzada al darme cuenta del ridículo que había hecho, me agache de
nuevo para recoger mis colores y de nuevo ambos chocamos nuestras frentes, él
coloco una mano en señal de advertencia de que me detuviera, se agacho y tomo
mis colores y los coloco cuidadosamente en la pequeña de bolsa color negro de
colores que tenia, los tomaba y acomodaba como si se tratara de cristal con el
que estuviera tratando.
-Lo
lamento-No podía evitar sentirme avergonzada, seguramente mis cosas habían
caído al suelo y en vez de agradecerle por querer recoger los colores por mí,
termine chocando con su cabeza…dos veces.
-No,
fue mi culpa-su voz era formal, como si se tratara de un adulto con el que
estuviera hablando- Me iba a sentar y vi tu mochila en la banca, te vi tan
fascinada viendo por la venta que no quise interrumpirte, termine moviendo la
mochila pero por alguna razón tus colores cayeron al suelo.
-Yo…pudiste
haberme interrumpido, después de todo era tu lugar estabas en tu derecho de
pedirme mover mis cosas.
-Tal
vez si tu no hubieras puesto tu mochila en mi silla esto no hubiera pasado, ¿a
caso no consideraste que habría alguien que se sentara a tu lado?
Aquellas
palabras fueron como un baño de agua fría. Tenía razón, yo no era la última de
la lista por lo cual era natural que le tocara a alguien sentarse a mi lado,
¿Cómo podía ser tan descuidado? Aquello incluso era una falta de modales.
Estaba tan centrada en mis pensamientos de chicos y chicas atractivas que
conviven naturalmente entre ellos como si esa fuera su naturaleza. Trataba de
olvidar la reprimenda del profesor por mi distracción. Tal vez el tenia razón,
yo era demasiado distraída, ¿Había acabado incluso en los malos modales mi
nivel de distracción? Y para empezar ¿con que tipo de cosas me distraía? Con la
lluvia cayendo en la ciudad, los estándares sociales y mi nivel en esta
sociedad o al menos en esta escuela, en este salón. Aquellas cosas eran simples
y casi vacías, sin duda mi falta de concentración era un terrible defecto y lo
peor es que no era consciente de que lo poseía.
Este
joven misterioso y de ojos grises como la plata me había mostrado la descuidada
persona que era yo.
-Era
una broma-su voz me saco de mis pensamientos de auto castigo. Ahora contemplaba
a un joven confundido y claramente arrepentido, como si hubiera roto algo por
accidente.
-¿Qué?-Mi
voz sonaba ahogada, no había sido consciente de que había aguantado la
respiración hasta este momento.
-Yo…solo
quería bromear un poco, pero creo que te lo tomaste muy enserio. Lo lamento. No
lo volveré a hacer.
-¿Qué
parte? ¿En la que quitas mis cosas sin permiso y terminas tirándolas o en las
que insinúas que no tengo modales?-Observe como su rostro se tensaba y bajaba
la cabeza. Antes de que siquiera abriera la boca, formule mis palabras rápida y
cuidadosamente, cuidando mostrar mi tono burlón y formar la mejor sonrisa que
podía.-Era broma, parece que te lo tomaste muy enserio. Yo solo quería
responder a tu broma-Levanto su rostro con ojos esperanzados y redondamente confundidos- Parece que ambos
somos malos bromistas, ¿Qué deberíamos hacer?
Me
dedico una sonrisa amplia y brillante, note sus dientes en perfectas
condiciones, parecía una de esas personas que salen en los comerciales de pasta
de dientes, pero por su piel moreno claro, su sonrisa se veía más blanca.
Aquellos ojos habían dejado la confusión por autentica alegría, aquella mirada
solo la había visto en Susana, pero por alguna razón esta mirada era diferente
y se sentía diferente.
-Que
te parece si dejamos las bromas, al menos hasta que seamos capaces de hacer una
sin perjudicar a la otra persona. No mas
bromas hasta que aprendamos a usarlas para hacer reír a la gente.-Me extendió la
mano, yo la estreche dudosa-Entonces es un trato. Por cierto, me llamo Erick
Salazar.
-Alicia-tarde
en que mi cerebro procesara las siguientes palabras-Rodríguez, Alicia
Rodríguez.
-Muy
bien Alicia, creo que compartiremos asiento, al menos en esta clase, así que es
un placer conocerte.
Su
sonrisa blanca y su mirada alegre provocaban algo en mi interior, algo cálido
que me hacía sentir comoda, pero a la vez me hacía sentir intimidada e
insegura. Conforme avanzaban las clases nos fuimos dando cuenta de que la
mayoría de los profesores nos sentaban según la lista, así que al final parecía
que terminaría compartiendo lugar con Erick, al menos en este semestre. A la
vez me di cuenta de que Erick era silencioso, no se parecía a aquel joven
confundido y alegre con el que había conversado, este era formal y totalmente
concentrado en las clases, aunque los profesores solo dictaban como querían los
cuadernos y libros, los apuntes de los bloques, los propósitos etc. Todo
aquello para Erick parecía como si fuera de suma y urgente importancia.
Dos
cosas había notado una vez llegado el receso, en primera que no encajaba en
absoluto entre las nuevas amistades que había conseguido Susan y en segundo que
no había visto a Erick en todo el receso, a pesar de que había dado varias
vueltas por la escuela con el pretexto de tomar agua, ir a la cafetería o ir al
baño. En parte había inventado esos pretextos para alejarme del ambiente
incomodo que sentía con aquella gente, era obvio que yo no encajaba en aquel
grupo, pero aun así me preguntaba una y otra vez el porqué buscaba a Erick, era
ridículo, por lo cual volvía al grupo de chicos VIP, pero en cuanto me sentía
incomoda volvía a inventar otro pretexto, comenzaba de nuevo mi búsqueda y el
ciclo se repetía.
Mi
plan de escabullirme cada que quería no había pasado desapercibido, ya que una
vez terminando las clases, Susan me detuvo antes de que pudiera salir de la
escuela.
-¿A
dónde crees que vas jovencita?-Susan se había colocado enfrente de mi y con las
manos a las caderas.
-Las
clases ya acabaron así que supongo que me dirijo al lugar en el que me estoy
hospedando, creo que los humanos lo llaman “Casa”.
-Sabes
bien a que me refiero, te pasaste todo el descanso hiendo y viniendo, ¿sucede
algo?
-Yo,
ya sabes cómo soy, no puedo estar en un solo lugar.
-Pero
no puedes dejar a las personas con las que estas y luego volver como si nada.
-Eso
lo tengo más que claro-mi voz era baja, no quería que ella me escuchara, solo
quería escucharme a mí misma.
-¿Qué
dijiste?
-Dije
que no me gusta estar en un solo lugar, me gusta caminar y moverme por la
escuela. Y ustedes solo se quedaban sentados, hablando y riendo, no es mi
estilo.
-¿Qué
no es tu estilo? ¿Reír, ser feliz? Vamos Alicia, eres muy agradable seguramente
les caerías bien a cualquier persona, pero para eso necesitas conversar con
ellas y mostrarles lo genial que eres.
-¿A
qué viene eso?
-Me
gustaría que empezaras a familiarizarte con los chicos, después de todo son
nuestros amigos.
-¿Amigos?-Por
alguna razón es palabra me sonaba demasiado precipitada y ridícula.
-Pero
claro, yo…
El
sonido del claxon del auto de sus padres la interrumpió, ella se despidió resignada
de mí y luego se marcho a grandes saltos, como si corriera por un campo de
flores, idéntico que en las películas. Habían pasado ya 4 años y no dejaba de
impresionarme el imponente auto que tenían sus padres, era una Hummer enorme,
de color rojo intenso y con unas llantas imponentes y gruesas, el papá de Susan
era doctor y su mamá era dueña de una línea de estéticas, además ella era hija
única, por lo cual toda la atención y beneficios solo eran para ella. El
inmenso auto se marcho haciendo sonar su potente motor.
Yo
seguí mi camino hasta aquel lugar que la gente llamaba hogar, aunque para mí
solo era una casa. El camino seguía húmedo, así que me dedique a contemplar mi
reflejo en cada uno de ellos, aunque no pude ver nada, estaban demasiado
agitados por los autos que pasaban continuamente sobre ellos. En el camino
observe una pequeña tienda de curiosidades, entre ellas vi un muñeco de Capitán
América, enseguida entre a la pequeña y humilde tienda.
Conforme
me acercaba, vi la casa de color enfermizo y barandal blanco, estacionado en la
cochera había un Sentra color beige, introduje la llave en la puerta del
barandal y en cuanto entre vi más de cerca aquel color enfermizo, verde olivo,
por alguna razón el verde no era de mi agrado. Siempre me pareció enfermizo o
deprimente, aunque lo de deprimente tal vez lo había adquirido por el
significado de aquella casa.
En
cuanto me coloque frente a la puerta, considere la posibilidad de irme a otro
lugar, pero no tenia caso, ya estaba anocheciendo. Entonces sentí la presencia
de aquella criatura malévola, Oliver, aquel gato rojizo y rechoncho era la
mascota de Carmen, debido a lo tanto que se le mimaba yo lo relacione con
Garfield, era gordo y perezoso, pero claro, siempre esperaba la oportunidad
perfecta para atacarme a mí o a Patrick.
Esta
vez, parecía más redondo que de costumbre, seguramente era día de paga y la
madre de Carmen como era de costumbre gastaba su dinero en los deseos de su
hija, los cuales eran ropa y sobrealimentar a ese gato.
Intente
apartarlo de una patada de las escaleras pero el felino deslizo su redondo
cuerpo atreves de la puerta para mascotas colocada en la parte inferior de la
puerta, la cual ahora le quedaba pequeña. En el momento en que se atoro
aproveché para darle una patada a su gordo trasero, el gato salió disparado y
soltando un gruñido se alejo.
En
cuanto entre a la habitación me encontré con una serie de ruidos muy familiares
en los días de paga, al menos en esa casa. Avance por el pequeño pasillo y una
vez que llegue a la sala me encontré con la misma escena de cada quincena;
Carmen, mi prima, vestida con un ridículo vestido que le quedaba pequeño y
apretado, esta vez era de color verde olivo, color más despreciable no había
elegido. Mi tía Marta se encontraba sentada en la sala contemplando fascinada a
su hija, el tío Rogelio como siempre, estaba sentado en su sillón de siempre,
con una cerveza en la mano y tratando de no dormirse, el rostro demacrado de él
me hizo sentir mal. El pobre hombre trabajaba casi 11 horas, todo para que el
par de mujeres gastaran aquello en ridículos vestidos y en ese gato regordete y
holgazán.
La
voz de Carmen cantando era suficiente para despertar al tío Rogelio, Carmen
poseía la increíble capacidad de cantar y hacer parecer dos cosas, una es que
un animal está mal herido y la segunda, te hacia tener la necesidad de cortarte
los oídos, a media noche cuando ella realizaba su recital para dormir, algo
parecido a una canción de cuna, me hacia incluso maldecir el sentido del oído.
Busque
por toda la habitación a aquella melena castaña clara, esa figura pequeña tenía
que estar en algún lugar jugando u ocultándose de aquel atentado contra los oídos.
-Alicia,
que bien que llegaste-La voz cansada del tío Rogelio me hicieron sentirme lejos
de incomoda, triste, sentía empatía por aquel hombre, me imaginaba lo que era
saber haberse casado con una mujer tan desagradable y desgarbada como la tía
Marta.
Ambas
mujeres me dedicaron la misma mirada que siempre, de desdén.
-No
entiendo porque le prestas atención a esta niña-la voz de Marta siempre era
severa y llena de orgullo cuando habla de mí.
-No
es una niña, es una joven, además me preocupaba que algo le hubiera pasado,
después de todo…después de to…-Rogelio soltó un evidente bostezo de cansancio,
las ojeras en su rostro cansado y delgado, me hicieron sentir coraje por la
enorme injusticia, él ganaba ese dinero con el sudor de su espalda y aquellas
dos arpías se lo gastaban en tonterías y nunca daban las gracias.
-Lo
sé, es tarde, no te preocupes tío Rogelio. Las calles estaban empapadas y tuve
que tener precaución.
-Ya
veo, supongo que no es tu culpa, aun así, llama por favor la próxima vez, me
tenias preocupado.
-¿Por
qué bostezas papá? A caso no te gusta como canto, ¿Por qué le prestas más
atención a Alicia que a mí, que soy tu hija?-la regordeta de Carmen hacia
pucheros como si fuera una niña chiquita.
-Carmen
tiene razón, Rogelio, ella debería ser tu prioridad no…Alicia-la mirada de
desdén no se apartaba de los ojos vidriosos de Marta. Sus ojos saltones y
vidriosos siempre me parecieron los de un pez.
-Pero
Alicia es tu prima y vive con nosotros por lo tanto ella…ella…
-Tío
Rogelio, ¿Por qué no vas a dormir? No te ves muy bien.-mi voz era firme y
clara, me acerque a él y me lo lleve del brazo hasta las escaleras, tal vez
eran las 8:30, pero su rostro mostraba como si sintiera que eran las 4 de la
madrugada.
-Sí,
eso hare, buenas noches.-se marcho prácticamente arrastrando los pies.
A
su vez me aleje de la sala y subí a mi habitación, no estaba de humor para
aguantar los insultos y miradas furiosas de aquel par de mujeres.
Solo
había dos razones para quedarme en aquella casa, la primera era el tío Rogelio,
sin mí para marcar la línea de resistencia humada ante el sueño, tal vez no
duraría ni un mes cuerdo.
La
segunda razón se acerco por detrás y me abrazo fuertemente, sus pequeñas manos
me daban ternura, y su abrazo me hacía sentir fuerte, no me estrangulaba como
los abrazos de Susana, estos abrazos eran cálidos y suaves. Cuando me gire,
contemple los ojos ansiosos de Patrick.
-¡Alicia!
Me agrada tanto que estés aquí, pensé que te habían secuestrado los
extraterrestres.
-¿Por
qué pensaste eso?-no pude evitar soltar una risita.
-Se
hizo tarde y creí que te habían secuestrado para obligarte a unirte a su
ejército de extraterrestres súper inteligentes, ya sabes-me hizo señales con
las manos para que me acercara y luego me dijo en susurros- ellos ya saben que tú
eres muy inteligente y quieren que te unas a ellos para así salvar una especie
supe desarrollada de los seres humanos.
-Ya
veo, bueno pues no me secuestraron ningún tipo de extraterrestres, creo que aun
no saben dónde estoy, ya sabes-me acerque a él y pronuncie mis palabras a su
oído- tengo un hermano muy fuerte, el más valiente caballero de todo el
universo, así que ellos no se quieren acercar a ti y por lo tanto no son
capaces de encontrarme.
-Y
más les vale que no lo hagan, si no, yo iría a por ellos y les daría una
lección-corrió por toda la habitación haciendo gestos de batalla, termino
subiéndose a la cama y se coloco en una posición heroica- Yo te protegeré de
todo y estaré siempre a tus lado. Ningún extraterrestre se llevara a mi
hermana.
-Mi
héroe
-Alicia-Patrick
callo sentado en la cama, entonces contemple que llevaba su pijama, aquellos
pantalones de Bob esponja y camiseta azul marino eran sus preferidos para
dormir- ¿Me podrías contar una historia?
-¿No
me digas que a tus diez años aun te gusta escuchar las aburridas e infantiles
historias de tu hermana mayor?-Patrick se quedo en silencio y se recostó en la
cama con sabanas estampadas del Capitán América. Me aleje de la habitación y me
dirigí al baño, ahí y me coloque la ropa para dormir, en cuanto salí me
encontré con la regordeta y grasosa cara de Carmen, esta sostenía a Oliver y le
acariciaba la cabeza, los tubos en su grasoso cabello rojo me hicieron recordar
a las señoras de las caricaturas; con grandes camisones, tubos en su cabello y
regordetas a más no poder. No pude vitar soltar una mueca en mi intento de no
reír. La ignore y continúe mi camino a mi habitación. Para suerte mía, Carmen
solo hizo un bufido de asco y se marcho por el oscuro pasillo hasta su
habitación.
Una
vez que llegue a mi habitación me encontré con Patrick sentado en la cama,
probablemente esperando a que yo volviera.
-¿No
deberías estar ya dormido?-dije mientras guardaba mis zapatos debajo de la
cama.
-Sabes
que no puedo dormir sin escuchar una de tus historias-sus ojos se veían
cansados, Patrick podía ser muy testarudo.
-Muy
bien, pero solo una, después quiero que te encuentres en el país de los sueños,
¿entendido?
-Entendido.
Patrick
se acostó en la cama, mientras yo acercaba una silla y la colocaba junto a su
cama, contemple sus ojos cansados y acaricie su cabello castaño claro.
“Nuestra
historia comienza fuera de este planeta, en una nave que orbitaba suavemente
alrededor de la Luna. Esta nave vigilaba a la tierra y la protegía de cualquier
tipo de amenaza interestelar. Esta nave era de color cromo, aquella nave se
confundía fácilmente con la Luna de fondo, por lo cual ni los más poderosos
telescopios podrían verla. La nave fue nombrada ‘Lady Lunas’ en honor a que
siempre giraba en torno a la Luna, tan silenciosa y solitaria. A Lady Lunas la
comandaba el capitán Ferrer, un hombre serio pero bondadoso con sus tripulantes,
el capitán Ferrer tenía un hijo, el cual vagaba por la nave contemplando el
espacio y la Tierra. Su nombre era, Andreas.
Veras,
Andreas jamás había pisado tierra, desde que era un bebé había vivido en
aquella nave color cromo. En vez del cielo azul solo había contemplado las
estrellas y el espacio silencioso y solitario. Él nunca había sentido la brisa
del aire, jamás había visto la nieve, no había escuchado el sonido de los
pájaros cantar. Durante 19 años había contemplado la Tierra, soñando con vivir
en ella, añorando ver algún día de cerca toda esa agua que se veía y
también…anhelando poder sentirse libre, corriendo por la verde hierba.
El
padre de Andreas era consciente de lo solitario que debía sentirse su hijo, ya
que en la nave solo había gente adulta, su hijo había pasado su infancia sin
jugar con otro niño de su edad y ahora estaba viviendo su juventud sin
conversar con alguien joven. Andreas se llevaba bien con todos los tripulantes,
pero no podían sustituir a la compañía de un enérgico joven. Así era Andreas,
un joven solitario que vagaba por la nave color cromo, contemplando el espacio
y soñando con vivir en la Tierra, recostarse en la hierba y sentir la brisa en
su rostro.
Un
día el capitán Ferre mando llamar a su hijo, este se presento, con su armadura
del color del cosmos, su cabello rubio parecía casi plateado por la luz que
reflejaba la luna, además sus ojos azules hacían un perfecto contraste con las
estrellas que se reflejaban en sus ojos.
El
capitán le informo que era consciente de que la estadía en la nave podría ser
agobiante y solitaria, por lo cual le obsequio un telescopio que había mandado
hacer especialmente para él, este tenía grabado en letras doradas el nombre de
Andreas. Con ese telescopio podría apreciar más de cerca la Tierra y con ello
tal vez el joven con armadura del color del cosmos se sentiría menos solitario.
Andreas abrazo a su padre y le agradeció aquel magnífico regalo. El capitán
Ferre se despidió de él y se marcho haciendo resonar el metálico piso de la
nave.
Andreas
se emocionó y comenzó a ver la tierra, aquel telescopio le permitía ver cada
parte de la tierra tan cerca que incluso parecía como si estuviera enfrente de
las cosas. Observo la Torre Eiffel, recorrió la gran muralla china y contemplo
los magníficos jardines de Londres, estaba ansioso por recorrer cada parte de
la Tierra. Se detuvo a observar a unos jóvenes que se dirigían a sus casas
después de ir a aquello a lo que la gente de la Tierra llamaba escuela,
aquellos seres eran como él, su piel era tersa, no se veía ningún rastro de
arrugas, así como lo había visto en la gente de la nave. Siguió a los jóvenes y
se imagino caminando junto con ellos, pero sus pensamientos fueron
interrumpidos cuando una cabellera castaña corrió bajo la lente de su
telescopio, era una joven. La contemplo más de cerca, Andreas quedo atrapado
por los ojos verde esmeralda y profundo de la chica, aquel color le resultaba
hechizantes en más de una manera.”
Me
obligue a dejar mi mundo de irrealidad en cuanto vi que Patrick ya se había
dormido, coloque la silla de nuevo en su lugar, me acerque a la cama de
Patrick, lo arrope bien y acaricie suavemente su frente. Cerré la ventana en
cuanto vi que el cielo amenazaba de nuevo con dejar caer la lluvia. Me acosté
en mi cama con sabanas azul marino y estrellas estampadas en el, las contemple
distraídamente, imaginando en que así de seguro debía ser el espacio, tranquilo
y silencioso. Poco a poco me deje llevar por el sueño.
La
noche se fue un parpadeo y el día llego, manifestándose a través de los rayos
de sol que penetraban mis parpados. Me escondí debajo de las sabanas, sintiendo
mis ojos pesados, al final me levante al escuchar las protestas de Patrick,
cuando me senté y mis sentidos se afinaron, me levante y me dirigí a mi armario
al ritmo de ‘El rey tiburón’ de Mana. La suave canción llenaba mis oídos y se
incrustaban en mi cerebro, tome una camiseta a cuadros roja y mis vaqueros, mi
siguiente destino fue el baño, ahí tome una ducha rápida moviéndome dentro de
la regadera al ritmo de aquella canción, segura de que nadie me observaba. Una
vez terminado me coloque la ropa lo más rápido que pude, me cepille los dientes
y volví a la habitación, la canción ya había desaparecido y me encontré con
Patrick moviéndose con pasos torpes por la habitación, chocando por ahí y
buscando a tientas su armario.
-Supongo
que tú fuiste el responsable de que Mana detuviera su concierto privado.-me
acerque a su armario y tome su uniforme, se lo tendí y lo tomo aun con
expresión cansada. Me concentre en su cabello enredado y castaño, sin duda la
imagen clásica de un chico de diez años por la mañana.
-De
hecho creo que acabo la batería de tu celular, tu sabes que yo no tengo nada en
contra de Mana-Se froto los ojos, soltó un ligero bostezo y luego me dirigió
una mirada risueña, señal de que había despertado al completo.
-Muy
bien, ahora ve a ducharte antes de que Carmen entre y ese baño se vuelva
inhabitable.
-Sip.
Patrick
salió corriendo directo al baño que se encontraba cruzando la habitación, su
energía era de envidiar, si había alguien capaz de levantarse casi en un estado
de zombi y despertarse al completo sin necesidad de café en menos de 3 minutos, era Patrick. Camine
escaleras abajo hasta la cocina, contemple las fotografías en la pared junto a
las escaleras, estas eran fotografías familiares; Con Carmen cuando era niña,
siempre me pensé que tenía cierto parecido a Mafalda, excepto que ella era
pelirroja, había fotos de Marta y Rogelio, justo a medio camino había una
pequeña foto de mi familia, Mamá, Papá, Patrick recién nacido y yo, con un
ridículo vestido rosa con lunares cafés, el resto de mi familia parecían una
especie de súper modelos. Mamá con su cabello castaño claro y ojos azul claro,
era increíble el parecido entre Patrick y ella, aunque Patrick parecía haber
heredado la mandíbula cuadrada de papá, pero debido a su corta edad, aquel
rasgo era apenas detectable. En cuanto a papá, el era más un desconocido para
mí, no tenía muchos recuerdos de él y tampoco era consciente de que alguna vez
me haya hablado o sostenido en sus brazos. Sentí una oleada de soledad, él
hombre en uniforme militar que había en aquella foto no era para nada familiar.
-Siempre
me impresiono el gran parecido que tienes con tu padre-la voz de Rogelio me
sobresalto, gire mi cabeza para verlo, él contemplaba nostálgico la pequeña
fotografía- El mismo cabello, los mismos ojos, la misma piel e incluso-esbozo
una ligera sonrisa, como recordando algún momento feliz-La misma mirada. Aunque
claro, tienes la forma del rostro de tu madre, supongo que adquiriste lo mejor
de ambos, pero si me lo preguntan-me observo con una gran sonrisa en su rostro-
Creo que eres la viva imagen de tu padre, si mi hermano hubiera sido mujer,
hubiera sido exactamente como tú.
¿Y
cómo era yo? ¿Una chica distraída? ¿Alguien que se perdía en libros y divagaba
sobre cualquier cosa que sucediera a su alrededor, ya sea la estructura de un
edificio o una simple hoja de árbol meciéndose por el pavimento? Detuve mis
pensamientos en cuanto vi que tío Rogelio empezaba a poner una mirada triste,
cada vez que recordaba a mi padre o a mi madre se deprimía.
-¿Gustas
una taza de café?-dije tratando de desviar la conversación sobre parientes que
apenas recuerdo.
-Eso
me encantaría-me dedico una sonrisa pero aun si quitar la mirada triste de sus
ojos.
-¿Cómo
siempre?
-Mientras
lo hagas tu estoy seguro de que será perfecto-me revolvió el cabello y
descendió las escaleras.
-Por
favor, no soy tan buena.-le seguí y me dirigí hasta la cocina.
-¿Por
qué dices eso?
-Bueno,
porque eres mi tío y tienes una extraña necesidad de hacerme sentir mejor-puse
el agua a calentar, saque la leche del refrigerador, el café y tome una taza
negra, la taza preferida de él.
-Alicia-él
tomo asiento en la mesa y comenzó a leer unos papeles que había sacado de su
portafolio-llevas haciéndome el mejor café por 6 años, si no fueras buena en
ello, ya habría comprado una cafetera.
-Me
alegra que te guste tanto mi café-coloque la taza de café en la mesa, le
dedique una sonrisa y me dirigí a preparar el desayuno.
-Ni
te apures en hacer el desayuno para mi, hoy comeré en alguna cafetería-la voz
de Marta me provoco un escalofrió, después de dedicarme una mirada severa se
dirigió a si marido- Llevare a Carmen y al pequeño Patricio a la escuela,
después iré a casa de Pamela y luego iremos juntas de compras.
-¿Qué
compraran?-Rogelio tomo un sorbo al café, sentí una alegría particular al ver
su rostro de satisfacción y alivio.
-Bueno,
como debes saber necesitamos material para la venta de pasteles que organizo el
palacio municipal y este año-alzo su cabeza con gran orgullo, con total
confianza-nosotras ganaremos el primer lugar.
-Ya
veo, necesitas que te lleve o algo.
-No
gracias querido, solo necesito que me dejes junto con los niños, la casa de
Pamela esta a tan solo una cuadra de la escuela.
-Me
parece bien.
-A
por cierto, Alicia, necesito que hagas las compras, voy a volver tarde a casa y
necesito que este todo listo para preparar la cena.-asentí tímidamente, si
alguien intimidaba más que un león hambriento era ella.
Carmen
bajo con su uniforme algo apretado, su enorme barriga sobresalía del pantalón.
Detrás de ella Patrick se contenía de bajar corriendo, ya que Carmen tenía la
costumbre de tratar de bajar como una princesa, pero siempre terminaba bajando
a la velocidad de una tortuga. Le entregue el almuerzo a Patrick, le tendí el
suyo a Carmen pero esta solo miro la humilde lonchera, le dedico una mirada de
horror y prácticamente me lo arrebato.
-Mas
te vale que no haya nada de mostaza o queso, escuchaste Rata.
-Mi
hermana no es una rata, es una mente superior que los extraterrestres…-Patrick
entro en mi defensa como era de costumbre, pero fue intimidado por la mirada
asesina y repulsiva de Carmen.
-Y
en cuanto a ti mocoso, tú y tus extraterrestres...-justo cuando Carmen se
disponía a golpearlo, yo me coloque enfrente de él y note lo grande y alta que
era Carmen a comparación de mí, ¡Dios santo! La mujer parecía una luchadora
profesional.-Ya veo, así que de ese ánimo despertaste hoy.
Antes
de que ella pudiera hacer otra cosa, Marta apareció junto con Rogelio, los
cuatro se marcharon, en cuanto la puerta se cerró me derrumbe en el piso, cada
vez que defendía a Patrick de los abusos de Carmen terminaba golpeada.
Era
una simple rutina, cuando Carmen trataba de golpear o destruía los juguetes de
Patrick yo entraba en escena y defendía a mi hermano menor, pero todas las
veces terminaba golpeada por Marta a la cual Carmen corría a inventarle falsos
ataques que supuestamente yo le había hecho, aunque en el fondo era consciente
que Marta sabia que todo aquello era mentira, pero aun así ella siempre
aprovechaba la mínima oportunidad para partirme la cara a bofetadas. Estaba
completamente segura de que al volver a casa Marta me daría una paliza que no
olvidaría, Carmen nunca dejaba pasar una oportunidad para ver mi rostro rojo
por los golpes.
Me
levante y me dedique a hacer mis deberes según el nivel de valoración: Primero
hice mi tarea, la cual solo consistía en forrar los cuadernos y libros, y unas
cuantas operaciones de repaso de matemáticas. Lo siguiente fue alzar mi lado de
mi habitación, después me dirigí al patío y enseguida mi perro brinco sobre mí
y me lamio, era consciente de que no lo había visitado anoche.
-Lamento
no haber venido anoche, Hachi, pero ya sabes cómo es la vida en esta casa,
además era día de paga, tu sabes lo que te pasaría si Marta o Carmen te llegan
a ver-le serví croquetas y agua en sus tazones correspondientes, me senté a su
lado y acaricie su cabeza, aquella simple acción era la mejor terapia para
mí.-Si ellas te llegaran a ver en día de paga significaría unos buenos azotes
para ti y el doble para mí. Pero solo es cuestión de dos años para poder dejar
esta casa y vivir los tres juntos, tú, Patrick y yo, los tres juntos en algún
departamento. Ahora Hachiko, te llevare a dar una vuelta al parque y después me
iré a hacer unas cuantas compras.
El
día avanzo rápidamente, en cuanto observe el reloj me di cuenta de que ya era
la 1pm, me apresure a cambiarme y poner en orden mi mochila. Todo al ritmo de
Chayanne con la canción ‘Me enamore de ti’, esa canción era el relato de como
un hombre ama a una mujer que al parecer es maravillosa, tierna y hermosa. Cosa
que no era yo. Me despedí de Hachi, evitando que me lamiera de nuevo, deje la
casa cerrada, Oliver se atravesó justo en la entrada del barandal, como si él
me intimidara tanto como sus dueñas, lo aparte de una patada, este gruño y se
dispuso a rasguñarme pero enseguida Hachi salió a su encuentro, así que deje a
ambas mascotas librar su batalla.
Camine
por las calles ahora secas, los autos, las personas, mis pasos todo parecían moverse
junto con Maroon 5 con la canción ‘One more Night’ Decidí repetirla una y otra
vez, aquella canción parecía ponerme de buen humor, reprimía el impulso de
bailar a la vista de todos los alumnos y padres de familia. Pero mi ensueño de
letras y música fue arrebatado en cuanto sentí a una mano en mi hombro, me
gire, retire los audífonos y observe a Erick, sus ojos grises mirándome con una
gran sonrisa.
-Creo
que se te cayó esto-en su mano se encontraba el muñeco del Capitán América, el
pobre de seguro se había quedado en mi mochila todo este tiempo y con mis
movimientos refrenados de daza se había caído. Lo tome cuidadosamente y lo
coloque en mi mochila, ¿Cómo pude olvidar dárselo a Patrick?-Extraño articulo
para una chica de 16 años-Erick enarco una ceja.
-Bueno
de hecho es para mi hermanito, él admira a Capitán América.
Camine
directo a la escuela, por un momento pareció como si fuera sola pero me percate
de que Erick iba a mi lado, caminando como si fuera de lo más normal caminar
junto conmigo a la escuela. Recordé al chico serio y concentrado que había
estado la mayor parte de las clases el día de ayer. Este era de nuevo el Erick
sociable, no se veía para nada sumergido en un pizarrón o en un cuaderno o
totalmente concentrado en el profesor, este Erick me acompañaba a la escuela y
esbozaba una ligera sonrisa, como si tratara de contenerla.
-¿Sabes?
Fue interesante verte caminar con ritmo y por más que te llamaba parecías estar
sumergida en tus pasos de baile mezclados con tu caminar.
-¿Qué
dices? Yo no-gire mi rostro, había pensado que mis ganas de bailar se habían
refrenado, si él lo vio, significa que en otras ocasiones la gente me había
visto desplazarme con pasos de baile o simplemente caminando al ritmo de la
canción que estuviera escuchando.
-Tienes
ritmo-lo mire de soslayo, el me dedicaba la sonrisa que había estado tratando
de contener.-Te envidio, yo no puedo siquiera moverme más de dos pasos sin
pisar a alguien o caer al suelo.
-La
verdad es que yo…
De
nuevo sentí que alguien me giraba y me abrazaba a una velocidad impresionante,
al verme con la dificultad de respirar supe de inmediato quien era la
responsable.
-¡Alicia!
No sabes lo que paso cuando me marche ayer-dijo Susana soltándome.
Solté
una bocanada de aire, los abrazos de Susana parecían siempre amenazar mi
seguridad pulmonar. Cuando mire a Susana vi que detrás de ella se encontraba Erick,
claramente sorprendido.
-Así
me saluda ella-dije ignorando la cara de Susana, dirigiéndome a Erick-Sin
previo aviso.
-Supongo
que un “Hola” no basta para ustedes dos-Erick dejo su expresión de sorpresa y
la remplazo por una de burla.
Susana
giro su rostro lentamente, como si hubiera alguna clase de peligro detrás de
ella, después vi como su mirada se detenía en Erick. Sus ojos iluminados daban
la impresión de estar apenados. Normalmente cuando alguien hablaba ella siempre
respondía con una sutileza y una elocuencia extraordinaria, pero esta vez sus
labios no se movían solo observaba a Erick, este se sintió observado y me
dirigió una mirada confundida, yo me encogí de hombros.
-Lo
lamento, pero tengo que llevarme a Alicia-dijo al fin Susana despertando de su
trance de aproximadamente un minuto, Susana me jalo del brazo y sin decir
palabra alguna me llevo a los baños.
-¿A
quién vamos a asesinar? ¿Por qué tanto misterio?-dije contemplando los ojos
ansiosos de mi amiga.
-Yo…bueno,
¿Cómo es que…? Tú a caso…
-Susana
cuando tengas la intención de terminar tus oraciones me llamas, ¿de acuerdo?
-Bueno
yo, de hecho…-sacudió la cabeza como tratando de quitarse algo de
encima.-Olvídalo, ya te lo diré otro día. Por el momento solo quiero decirte
que cierta persona me pregunto el porqué ibas y venias del grupo.
-¿A
qué te refieres con cierta persona?
-Bueno,
solo digamos que es parte del grupo de chicos con el que nos juntamos.
-Bueno,
cuando lo veas dile que es porque no soporto estar en un solo lugar.
-Alicia-Susan
frunció el ceño, aun ceñuda se veía perfecta y femenina- No puedo creer que
seas tan desinteresada, algún día sabrás la importancia de esto que te estoy
diciendo.
-Bueno
mientras ese momento llega-dije secamente, el timbre de entrada resonó por cada
rincón de la escuela, como si esta estuviera vacía-yo iré a mi salón y tomare
clase tranquilamente.
-Solo
porque la primera clase es con la maestra de Literatura te dejare ir, esa mujer
me odia y no quiero que su odio crezca si llego tarde.
Durante
la primera parte de las clases Erick volvió a ser serio y concentrado en los
trabajos, los cuales poco a poco iban tomando el ritmo habitual en la escuela.
Las únicas palabras que nos dedicábamos eran para pedir borrador o sacapuntas.
En si Erick me parecía bastante misterioso, era un chico con ojos grises de un
hermoso gris, además era como si la escuela representara algo de mayor
importancia para él. Yo apreciaba la escuela y me gustaba aprender cosas nuevas
cada día, pero con Erick parecía como si la vida le fuera en ello.
En
cuanto el timbre del receso se hizo presente, el salón se vació más rápido de
lo que tarda en llenarse al volver. Observe a Erick mientras guardaba sus
cosas, su mochila era tipo cartero, pero esta se veía gastada, como si hubiera
sido utilizada por algunos años, lo que me pareció extraño fue que está era
vieja pero estaba limpia, sin una mancha.
-Erick-dije
después de pensarme bien lo que iba a decir.
-¿Si?
-Creo
que no te agradecí por haberme devuelto al pobre Capitán América.
-No
fue nada, yo te agradezco por esa espectacular muestra de los pasos mezclados
con el ritmo-su sonrisa era cálida y blanca, al recordar la reacción de Susana
cuando lo vio me hizo sospechar lo que había pasado con ella.-Espero volver a
verte así.-se levanto y se dirigió a la puerta, en el salón solo estábamos
nosotros dos.
-Podría
darte clases algún día-dije mientras me colocaba de pie, pensaba que Erick ya
se había marchado, pero cuando levante la mirada lo vi inmovilizado justo en la
puerta, me miraba con sorpresa, sin duda aquello no se lo esperaba.
-Supongo
que puedes pasarme la receta para tener ritmo-no dejaba de sonreírme mientras
me acercaba a la puerta. Ambos caminamos escaleras abajo.
-¿A
sí que una receta?
-Sí,
seria de ayuda- soltó una leve carcajada.
-Bueno
primero tienes que conseguir media taza de harina, después en un plato
cualquiera introduces las claras de los huevos, solo las claras, muy
importante, después en una cacerola lo mezclas junto con la harina y les hechas
una taza de leche.
Erick
me miro con divertido asombro, luego se rio abiertamente. Era interesante verlo
reír, me preguntaba si este era el mismo chico que se envolvía en su propio
mundo en cuanto el maestro pisaba el salón. Este chico era divertido y alegre,
sin darme cuenta, pasamos todo el receso juntos, hablando de superhéroes y
pasos de baile. Era una conversación divertida y entretenida, jamás había
tenido una conversación así, ni si quiera con Susan o Patrick. Mientras
hablamos el no dejaba de sonreírme y hablarme en un tono como si él fuera
adulto.
Mientras
subimos las escaleras, Susana me llevo del brazo prácticamente arrastrando,
mire hacia atrás y mire como Erick volvía vernos confundido, yo trate de
encogerme de hombros pero Susana iba muy rápido. Me soltó en cuanto nos
encontrábamos en la esquina del salón.
-¿No
me digas que estuviste todo el receso con él?-su rostro lejos de estar enojado
parecía curioso y sobresaltado.
-Bueno,
no me percate de ello hasta que escuche el timbre de entrada.
-¿De
qué hablaban?-ella me sacudía con gran fuerza, me preguntaba si ella no venía
de una familia de luchadores o algo así, su fuerza era casi inhumana.
-De
pasos de baile-dije en cuanto ella me soltó, mis ideas y ojos se centraron.
-¿Baile?,
¿eso quiere decir que le gusta bailar? Dime más Alicia, no tienes idea de lo
que acabas de hacer.
-Lo
que sea que haya hecho, ¿es bueno o malo?, ¿Por qué tanto escándalo?
-Es
que yo…-su rostro se sonrojo levemente y por primera vez vi esa mirada en su
rostro, una mirada brillante y apenada, una mirada de enamorada.
Dos
meses pasaron en total, nos encontrábamos a mitad de octubre, con los exámenes
en hombros y los proyectos de bimestre pisándonos los talones. En esos dos
simples meses había aprendido más de lo que los maestros me enseñaban en el
aula; Descubrí que los chicos con los que frecuentaba Susana en verdad eran
clase VIP, ya que al igual que Susana estos chicos y chicas eran hijos de
empresarios, doctores, profesionistas, en fin, aquellos chicos no conocían la
palabra “Falta dinero”. También me adapte a la forma de ser de Erick, nuestra
rutina era simple, conversábamos normalmente en el salón mientras daban en el
timbre, una vez en clases nos dedicábamos a compartir conocimientos o aclarando
las dudas, en ocasiones nos tomábamos la libertad de dividirnos los trabajos,
claro, cuando estos eran demasiados o muy complicados, una vez en receso
hablábamos de casi cualquier cosa mientras bajábamos las escaleras, pero
siempre llegaba Susana y me alejaba de Erick con su acostumbrada fuerza sobre
humana. En los recesos nunca veía a Erick, además no estaba enterada de si
tenía amigos o conversaba con alguien aparte de mí. Al recordar la mirada y
rostro sonrojado de Susana, volví de mi mundo bruscamente, como si hubiera
caído de la cama después de un profundo sueño.
Cuando
mi cuerpo y mi cerebro hicieron conexión, de inmediato me arrepentí de haber
vuelto de mi frágil mundo de irrealidad. El profesor Ezequiel era el docente a
cargo de la materia de Física, pero por alguna lamentable e inexplicable razón
yo siempre terminaba divagando en su clase, por más que intentaba evitarlo mis
esfuerzos eran en vano y era razonablemente reprendida. Esta vez el profesor
entregaba los exámenes, su rostro severo y con evidente exasperación me obligo
a levantarme, fue tan de golpe y tan repentino que termine golpeándome contra
la mesa, eso fue suficiente para que el salón volteara a verme y que Erick se
sobresaltara y al igual que yo volviera de su propio mundo.
-Debería
de aprender a permanecer en este mundo si quiere mantenerse sana señorita
Rodríguez-me extendió el examen desde su escritorio.
-Créame
que lo intento, lo lamento mucho-tome mi examen sin mirar la calificación.
-Me
gustaría saber en qué se pierde con tanta facilidad.
-A
mi también.
El
pedagogo enarco una ceja sin dejar de mirar los exámenes en su escritorio,
continuo entregando los exámenes uno a uno. Tome asiento y me frote la pierna
en la que me había golpeado, no me había percatado del dolor hasta que volví al
lugar de los hechos.
-Si
como te distraes estudiaras de seguro sacarías buenas notas-una chica de la
cual no recuerdo su nombre se inclino hacia mí desde su banca.
-Muy
interesante, ¿y que sacaste tu en el examen?-dije disimulando mi desagrado, esta
chica estaba provocando a mi yo interna guerrera y no le iba a impedir que
salga.
-8.7,
tu de seguro habrás sacado un 10-hizo una pausa para después añadir la dosis
justa de sarcasmo-pero dividido a la mitad.
-O
sin el uno-su compañera de al lado se unió al encuentro.
-De
hecho jovencitas-la voz del profesor nos sobresalto, este seguía sin apartar la
vista de los exámenes en su escritorio- Así de distraída como es, saco un 10
perfecto, tal vez si ustedes fueran la mitad de habladoras y lo doble de
inteligentes que se creen podrían alcanzarla. Ya saben que no me gusta que platiquen
en mi clase.
Aquellas
dos chicas se quedaron calladas y sin esconderlo hicieron ver su enojo, se
hablaban con el ceño fruncido entre susurros. Aparte la vista de ellas y
contemple mi examen, evidentemente tenía un diez, revise una y otra vez el examen,
las respuestas y que mi nombre estuviera ahí, sin duda era el mío, no sabía si
era un golpe de suerte o en verdad había sacado una calificación perfecta.
-Así
que con ritmo y cerebro, me impresionas pequeña.-la voz de Erick era risueña,
resaltando la última palabra en su oración. No dije nada, más bien dirigí mi
mirada hacia su examen, él había sacado un nueve cerrado, y no lo podía
creer.-Si ya lo sé, mi nueve es pequeño e indefenso junto a tu diez.
-Me
sigue pareciendo una especie de broma del universo.
-¿Broma
del universo? A que se debe eso.
-No
puedo creer que haya superado al todopoderoso Erick y su diez en
matemáticas.-al escuchar el timbre me expedí acomodar mis cosas, incluyendo al
examen con calificación perfecta.
-No
soy todopoderoso…bueno tal vez un mártir con las formulas.-enarco una ceja y
centro su mirada en mí-y usted mi lady es toda una musa para esto de la física.
Le
di un ligero golpe en el hombro y me despedí de él, al darme la vuelta me di
cuenta de que había quedado con Alejandro, un chico de pelo rizado y un talento
natural para el basquetbol. Me sentí aliviada al ver que ambos congeniaban
bien, sin duda eran buenos amigos, en otras ocasiones los había visto charlar
juntos, pero en esta vez en particular su amistad había quedado más que clara.
-Cerebrito,
no deberías caminar de espaldas-una voz masculina y un cuerpo notablemente
musculoso hicieron presencia detrás de mí. Al parecer había caminado de
espaldas, era tan normal aquel gesto para mí que no era consciente de cuando lo
hacía, en seguida me di la vuelta y contemple los ojos café claro de Isaac. Con
solo un vistazo a esos ojos fui por fin informada del porqué las chicas
deliraban con él.
-No
debería, pero aun así lo hago, no hay nada peligroso en ello, claro a menos de
que la gente se coloque a propósito detrás de mí pero en ese caso creo que es
más peligroso para ellas que para mí.
-Susan
tenía razón, eres todo un caso-su sonrisa blanca me hizo recordar a Erick.
-Yo
pienso que el caso es ella, después de todo ella es la que tiene la fuerza
sobrehumana.-camine rumbo a las escaleras, mientras descendía observe a Isaac
bajar junto conmigo, hombro a hombro, no pude evitar poner los ojos en blanco.-
¿Alguna razón en particular para seguirme?
-Bueno,
ambos vamos al mismo lugar, además-hizo una ligera pausa cuando estuvimos en el
ultimo escalón él se inclino y me hablo al oído con voz ronca.-estoy
profundamente interesado en saber de ti.
-No
hay nada interesante en mi-me aparte a gran velocidad, no quería caer en el
hechizo de ese hombre.
-Habla
por ti.
Isaac
se alejo a grandes pasos por la explana hasta encontrarse con aquel grupo de
chicos VIP. Me detuve en seco, algo ahí me decía que no era mi imaginación, el
dios griego de la escuela me había coqueteado, ¿Cómo era posible? Preferí ignorarlo,
si sabía algo de los chicos como Isaac es que al igual que con los animales
solo se juntan con los de su especie, en cuanto a las pobres ilusas que no lo
eran, esa clase de chicos solo juegan con ellas como si fueran muñecas de
trapo, yo escogí evitarme la pena.
Emprendí
mi camino hacia aquel grupo que no me agradaba, al cual solo iba porque ahí se
encontraba la única amiga que tenia. La cual a pesar de cómo era yo me aceptaba
y quería. De un momento a otro me encontraba detrás de las gradas del campo de
futbol, solo fui consciente de que fui arrastrada por alguien y ya sabía quien
fue, Susana se había lucido con su velocidad.
-Alicia,
tengo algo que preguntarte-sus ojos eran ansiosos mientras miraba a su
alrededor, asegurándose de que nadie estuviera escuchando.
-¿A
caso te está persiguiendo a policía o porque estas tan ansiosa?
-La
verdad es que, necesito que me digas que clase de amigos tiene Erick, el chico
que se sienta contigo.
-¿Erick?
Bueno es amigo de Alejandro hasta donde sé, ¿Por qué el interés?
-Tenía
que ser amigo de ese resorte con piernas.-su rostro ahora se veía exasperado.
-¿Que
tiene de malo Alejandro? Brinca muy alto, eso le sirve para el basquetbol-mi
confusión había incrementado al igual que mis sospechas.
-Sí,
pero no es nada cool que Erick frecuenta al resorte humano.
-A
él le gusta estar con Alejandro, no veo lo malo, simplemente escogió una buena
amistad, Alejandro es bastante agradable.
-Claro,
si quitas por completo que su piel es extremadamente morena y que trabaja en
las mañanas cargando los productos de la central de abasto.
-¡Susana!-no
podía creer que la persona a la que estuviera escuchando fuera Susana.-Eso es
racista sin contar por discriminatorio, Alejandro trabaja porque tiene que
conseguir lo de la colegiatura y en cuanto a su piel-tome aire, Susana me veía
pasmada- Yo también soy morena y no tiene nada de malo, no soy diferente a ti
solo porque mi piel no es blanca.
-Pero
en tu caso es diferente, tu eres morena clara, tu piel no es
tan…bueno…oscura-se encogió de hombros como si aquello fuera de lo más normal.
-Yo
pensé que te agradaba todo mundo sin importar su color de piel o gustos.
-Mejor
olvídalo, no quiero discutir diversidad contigo. Lo de Erick no era lo único
que quería preguntarte.
-Dime
que necesitas.
-Quería
pedirte que me dejaras sentarme junto a él en la próxima mitad de clases. Así
yo podre hablar con él y que él me conozca mas y a su vez Isaac y tu se
conocerán también.
-¿Por
qué querría conocer a Isaac? Además yo no…
-Pero
Isaac si quiere conocerte a ti, por favor hazme este grandísimo favor y nunca
más te pediré nada.-Susana coloco sus manos en posición de suplica, no sabía
qué hacer, en si me disgustaba tener que estar junto a ese chico presumido y
altivo, pero por otra, no podía negarle un favor a Susana por mas descabellado
que fuera. Asentí lentamente, Susana brinco de alegría, me abrazo y por primera
vez procuro no estrangularme en el acto. Con aquella reacción y con aquella
petición mis sospechas quedaron más que confirmadas, Susana estaba enamorada de
Erick.
-Eres
de lo mejorcito ¿sabes?-Susana me miraba con ternura y sostenía una sonrisa en
su rostro.
Las
horas me parecieron años, la conversación con Isaac no era en nada entretenida,
además de que no prestaba atención a la clase también quería que yo no lo
hiciera. Mire a lo que antes era mi lugar junto a Erick, el se veía tranquilo y
sonreía sin dejar de ver el cuaderno o al pizarrón, mientras Susana le dedicaba
sus mejores armas, la sonrisa de supermodelo y ligeros toques en su hombro. Sin
duda la cosa entre ellos iba tranquila, mientras que yo sufría con capitán
ignorancia que creía que la mayonesa venia de una planta.
-Eres
bastante difícil de complacer-su voz me resultaba molesta.
-Isaac,
por favor, estamos en matemáticas no quiero perderme la explicación de ese
problema.
-Yo
te lo explicare más tarde, ¿de acuerdo?
-Si
claro-deje salir todo el sarcasmo que mi cuerpo me permitía y aun así parecía
como si este joven fuera inmune, como si un campo de fuerza lo protegiera de
todas las indirectas de incomodidad que mi cuerpo y mi voz le mandaban.
Por
unos instantes se quedo callado, agradecía aquel silencio suplicando que él por
fin se haya rendido y concentrado en sus propios asuntos. Una vez más mis
oraciones fueron ignoradas, Isaac tuvo la ingeniosa idea de susurrar mi nombre
al oído, primero con voz ronca hasta llegar a algo parecido a gemidos, era
exageradamente obsceno lo que estaba haciendo, mi paciencia exploto y no hice
más que soltar un fuerte gruñido. La maestra nos reprendió con voz desesperada,
ella había compartido la desesperación conmigo.
-Lo
lamento maestra pero mi compañera es la culpable-me rodeo con su brazo y apoyo
su cabeza en la mía-Si no fuera tan adorable yo no estaría desesperado por
captar su atención.
El
salón en seguida esbozo el clásico sonido de ambulancias, lo que la gente
parece llamar bulla. A la maestra le costó guardar la compostura y con un gesto
de su mano le ordeno a Isaac que saliera del salón, este puso cara de
confundido, la misma cara que ponen los malos alumnos cuando se les reprende y
piensan que es injustificado. Él salió del salón como si estuviera festejando
un concierto, la maestra soltó un gran suspiro de alivio, moví mis labios
formulando la palabra maravillosa de “Gracias”, la maestra me devolvió el gesto
reticulado un “De nada”. La clase continuó tranquilamente, me sentí aliviada al
por fin entender la formula que tenia frente a mí, agradecí a dios por el
magnífico regalo del silencio.
Mire
de reojo a Erick y a Susana, esta hablaba como si fuera perico, pero ahora
Erick no sonreía, más bien se veía molesto incluso exasperado, pensé que quizá
él estaba pasando por lo mismo que yo pase con Isaac, pero para su mala suerte,
Susana era hábil para conversar y no llamar la atención de los profesores.
Aquella habilidad en ella seguía siendo un misterio para mi, otro don de mi
amiga, en ese momento me di cuenta de que no había algo que ella no hiciera
bien: escuela, deportes, amistades y romance, todo se le daba perfecto. Yo no
podía ser como ella.
Me
quede perpleja y aparté mis pensamientos en cuanto vi que Erick formulaba una
oración que no era capaz de descifrar, y con esto Susana se quedo callada.
La
expresión en el rostro de Susana era de profunda aflicción, no tenía ni idea de
que era lo que hizo que ella se pusiera de esa forma. Era totalmente ajena a
ella. La clase continuo y Susana no dejaba de lado su rostro entristecido,
cuando el timbre hizo su mágica presencia, Susana se levanto de golpe guardo
sus cosas bruscamente dentro de su mochila y se marcho casi corriendo, cuando
cruzo frente a mí, repare en que sus ojos estaban rojos, conteniendo las
lagrimas, que era lo que había hecho Erick.
-Alicia-la
presencia de Erick apareció como si lo hubiera invocado con solo pensar en él.
-¿Qué
le hiciste?-dije secamente y me reserve a no mirarlo, si lo miraba de seguro
terminaría golpeándolo o perdiendo al completo los cabales.
-No
dije nada malo, de hecho no sé porque se puso así. Yo solo quería pedirte que…
-¡Dios
que fue lo que le hiciste! Ella nunca llora, nunca hace esas cosas, en verdad
que no sabes tratar con las mujeres-Pretendí correr pero Erick me detuvo del
brazo con un hábil movimiento, examine a mi alrededor, no había nadie en el
salón, de nuevo solo nosotros dos. Maldije para mis adentros lo hábiles que
eran mis compañeros para salir y no para entrar al salón.- Déjame ir, tengo que
hablar con ella.
-No
te lo recomiendo. No sé lo que le paso, yo solo le dije que quería prestar
atención y luego se puso así, te juro que no fue mi intención-su voz era desesperada,
entonces me obligue a darme cuenta de que estaba tirando de mi.
-¿Por
qué le dijiste eso? Ella…es sensible, probablemente lo malinterpreto, ella no
es como yo, ella siente como una necesidad biológica hablar.
-¿Pero
en plena clase?, eso no es prudente-el aflojo lentamente la presión en mi
brazo, al mismo tiempo que la presión de su mano disminuía también mi enojo,
ahora estaba relajada, deje caer mi brazo en cuanto el me soltó-Para ser tan
pequeña eres fuerte.
-No
soy pequeña, tu eres muy alto-lo mire, su expresión se veía nerviosa, como si
yo fuera una especie de bestia salvaje y peligrosa, no lo culpaba.-Y en cuanto
a mi supuesta fuerza todo se lo debo a 7 años cargando despensa y comida para
perro, aunque debo admitir que tú no eres nada débil.
-Eso
se lo debo a 5 años cargando cajas repletas de vegetales y costales de
harina.-su humor volvió poco a poco, dejando tras su paso una sonrisa.
-Bien,
ya que comparamos fuerza, ¿Qué es tan importante que no puedo ir a por mi
amiga?
-Señorita
Alicia-él se inclino a modo de reverencia y al incorporarse su sonrisa blanca y
grande fue suficiente para olvidar cualquier incomodidad con él-Usted ha sido
cordialmente invitada a una vuelta por el parque a tan solo 3 calles de
aquí-cada palabra la pronunciaba a manera de burlar de un noble o mayordomo.
-¿Y
quién es el autor de tan osada y atrevida invitación?-le seguí el luego
tratando de imitar el acento que usan las princesas de Disney.
-Bueno,
este humilde hombre que tiene frente a usted es el culpable, ¿aceptara?
-Hoy
esta de suerte hombre humilde, a pesar de su osada petición yo me arriesgare a
que el conde Lucios me descubra conviviendo con su rival, el sargento Enrique.
-¿A
qué viene todo eso?-Erick no podía contener su risa.
-¿A
caso no te gusta el nombre Enrique?
Al
finalizar las clases ambos emprendimos nuestro viaje al parque, la luz del sol
aun estaba presente, pero solo en forma de atardecer.
-Supongo
que si me llamo Enrique, entonces tú serás la prometida del conde Lucios,
Regina de la Torre.
-Ni
en sueños, odio el nombre Regina, me suena como a angina.-me impresionaba lo
alto que era él, al lado mío yo me veía pequeña, no era de extrañar que me
llamara así de vez en cuando. Estábamos hablando de mi triste estatura de 1.60
contra su imponente medida de 1.87, 27 centímetros no pasaban desapercibidos.
-Entonces
serás Pamela Reyes, solo si me cambias el extraño cargo de sargento.
-¿Por
qué haría eso?
-Porque
soy tu mejor amigo y porque yo tengo cara de algo más que un simple
sargento.-aquella palabra me tomo por sorpresa, el era mi amigo y yo era su
amiga, era de suponerse, pasábamos buenos ratos juntos, así que era razonable
que nos ganáramos el titulo de amigos, jamás había tenido un amigo hombre, no
desde la secundaria. Sin darme cuenta ya nos encontrábamos en el pequeño
parque.
-Entonces
yo seré General-dije mientras tomaba asiento en la fresca hierba, recordé el
relato de Andreas que le había contado a Patrick. El timbre de voz de Ricardo
Arjona interpretando ‘Duele verte’ me hizo olvidar de inmediato las naves
intergalácticas y volver a la Tierra y dejarme envolver por aquella voz que
para mí no era más que hechizante.
-No
creo que sea prudente que la prometida de un conde sea General-Erick se recostó
en la húmeda hierba cruzando los brazos tras su nuca.-Sin contar porque sería
antinatural que el General sea una chica tan pequeña como tú.
-Solo
por eso te rebajo a soldado raso-le lance un pequeño puñado de hierba que había
logrado arrancar, él de enseguida se levanto y trato de quitarse los pequeños
pedazos de hierba que habían caído en su boca, yo no pude contener la risa. No
había reído así desde hacía ya mucho tiempo, por la risa incluso me empezó a
dolor el estomago, mientras Erick se sacudía las ojos de la boca y hacia muecas
de asco, yo me retorcía en la suave hierba sosteniéndome el estomago por el
dolor sin poder dejar de reír.
-Así
que mi general se cree muy lista al atacarme por la espalda.
-Técnicamente-no
podía dejar de reír mientras hablaba, sin duda era una situación muy cómica
verlo sacudirse y hacer esas graciosas muecas.- Técnicamente fue un ataque
frontal, por lo cual, sí, soy muy lista joven soldado.
-En
ese caso permítame devolverle la cortesía. Mi muy astuto general, como usted
sabe es desconsiderado hacerle algo así a un soldado mientras descansa.
La
canción que se había reproducido desde el celular de Erick cambio, era de nuevo
Ricardo Arjona pero ahora con la canción ‘Minutos’. Un repertorio bastante
peculiar, no conocía a muchas personas que les gustara Ricardo Arjona.
En
cuanto vi que Erick se coloco de pie dispuesto a vengar mi pequeña travesura,
trate de colocarme de pie pero sin darme cuenta mis piernas se enredaron y caí
al suelo antes de siquiera ponerme de pie. Erick aprovechó la oportunidad
enseguida, y entre risas y algo que parecía ser un forcejeo, ambos rodamos por
la fresca hierba, sentí la humedad de aquel pasto.
Debido
al juego mis ojos permanecieron cerrados, por lo cual mis sentidos se
sensibilizaron y agudizaron. La humedad del pasto rosando mí piel, la brisa del
aire llenando mi rostro de frescura, el sonido de algo parecido a relampagueos
me hizo pensar que quizá la lluvia amenazaba de nuevo con aparecer. Pero lo
ignore y me concentre en el resto de sensaciones que recibían mis sentidos; la
respiración de Erick en mi rostro, mezclándose con la suave fragancia de la
brisa, su peso sobre mi cuerpo. En un momento casi imperceptible nosotros nos
detuvimos, una vez que nuestras risas cesaron nos reincorporamos y nos sentamos
sobre el pasto, la proximidad de nuestros cuerpos era muy corta, él estaba
recargado sobre su brazo y yo sentada con las piernas cruzadas, ambos nos
mirábamos fijamente sin decir nada.
Sus
ojos grises brillaban con un resplandor misterioso, lentamente advertí que
Erick se acercaba lentamente a mí, por reflejo o por algo mas yo también me
acercaba a él.
La
sensación es simplemente indescriptible, mi mente parecía haberse ausentado y
reservado para simplemente absorber las múltiples sensaciones del momento.
Cuando nos encontrábamos a tan solo centímetros de distancia, mi cuerpo se
estremeció y sentí como la piel se me ponía de gallina. Pero las primeras gotas
de lluvia nos despertaron de nuestro ensueño y mire desconcertada al cielo, al
parecer la lluvia se había escabullido y ahora atormentaba a las personas que
no estaban preparadas. Al darme cuenta de lo que había pasado entre nosotros
dos me sonroje, me incorpore de golpe y corrí a tomar mi mochila, Erick tomo la
suya, ambos corrimos hacia una pequeña tiendita que había cruzando la calle,
refugiándonos en su interior. A pesar de la helada lluvia yo no dejaba de estar
aturdida por lo ocurrido, aquello simplemente estaba mal, o no, no tenía ni
idea, mi yo interna y mi subconsciente se subían al ring y peleaban por el
derecho a tener la razón, cada uno con su argumento. Sin darme cuenta mi
subconsciente tomo la delantera y dejo ver que aquello que había paso estaba
mal, en ese momento mi yo interna le propino un gancho a la mandíbula y
asintiendo enérgicamente me decía que aquello era inevitable y que no había nada
de malo. La voz de Erick me salvo de que perdiera la razón en la disputa por la
razón entre mi yo interna y el subconsciente.
-No
creo que la lluvia vaya a alejarse en un buen rato, ¿tu casa está muy
lejos?-mientras se sacudía el agua del pelo, me recordó al pobre de Hachi, de
seguro estaba ahora en el patio tratando de refugiarse en una esquina.- ¿Sucede
algo?
-Mi
casa está a 7 calles de aquí y tengo que correr, Hachi se enfermara si no me
doy prisa.
-¿7
calles?, bueno no esta tan lejos, te acompaño y por cierto… ¿Quién es Hachi?
-Mi
perro, está en el patio y si no voy por él sin duda se enfermara.
-Los
perros son más resistentes de lo que crees, quien me preocupa eres tú, estas
empapada.
-Al
igual que tú. Por el momento tengo que salir corriendo si quiero volver por
Hachi.
-Iré
contigo.
-¿En
qué dirección queda tu casa?
-el
semblante de Erick se nublo-Del lado contrario, probablemente más de 8 calles.
-Sera
mejor que cada quien siga su camino, no quiero que te retrases por mí, además
ya esta anocheciendo los autobuses dejaran de circular en al menos 10 o 15
minutos.
-Fue
por mi culpa que terminaste aquí, al menos déjame acompañarte.-sus ojos y
facciones eran de suplica, me volvieron a recordar a Hachi cuando me despido de
él.
-Me
acompañaras otro día, no quiero que por mi culpa de resfríes o pierdas el
autobús.
-Pero
yo…-coloque mi dedo índice en sus labios, el paso de la perplejidad a la
resignación.
-A
si está bien soldado, no es la primera vez que corro a casa bajo la lluvia.
Me
despedí de él revolviendo su húmedo cabello negro, aunque me costó trabajo, era
más alto que yo así que tuve que ponerme de puntitas, era muy diferente que con
Patrick, aunque tenía el mismo efecto en Erick, ambos sonreían radiantemente,
le dedique una última mirada y la mejor de mis sonrisas, pude ver que al igual
que con Patrick aquel simple gesto hacia que se relajara. Mientras corría bajo
la lluvia me reclamaba a mi misma una y otra vez el porqué de mis acciones
aquella tarde. ¿A caso era yo igual que esas chicas que flirteaban con los
chicos sin ser sus novias? ¿Qué había pasado conmigo? Aquello fue demasiado
para analizar, ¿estuvimos a punto de besarnos? ¿Cómo habíamos llegado a eso?
Me
detuve percatándome de lo agitada que estaba, había corrido por 7 calles de
subidas y bajadas sin parar. Entre y me dirigí a la pequeña reja que había para
separar el patio trasero del delantero, el pobre de Hachi estaba todo empapado
y cuando lo tome para llevarlo adentro estaba temblando, Marta y Carmen se
habían excedido con su negligencia. En cuanto entre las protestas de ambas
mujeres sonaron como chillidos de ratas, Oliver gruñó retorciéndose sobre su
inmensa barriga, me sentí desprotegida al ver que el tío Rogelio no estaba,
enseguida Patrick bajo al escuchar las quejas de Carmen.
-Patrick
podrías por favor llevarte a Hachi al cuarto.-le entregue a Hachi el cual aun
seguía temblando, me dio lastima el pobre can, sin mí en casa estaba a merced
de aquellas mujeres regordetas y desaliñadas.
-Tú
no harás nada-Marta señalo a Patrick con severidad, aquel gesto era temible.
-Ha
estado en la lluvia tía Marta y el pobre esta temblando de frio-dijo mi
hermanito, Patrick tomo fuerzas de dios sabe dónde y pronunció cada palara con
sumo cuidado.
-¿Y
eso qué?-la voz de Carmen me revolvió el estomago, de no ser porque no había
comido nada de seguro hubiera vomitado.- Ese perro asqueroso debe estar afuera,
además el pobre de Oliver no se siente cómodo con la presencia de esa-hizo una
mueca de asco-esa bestia repulsiva.
-La
única bestia repulsiva eres tú y tu estúpido gato-al terminar de pronunciar
aquellas palabras Patrick se arrepintió de inmediato de haberlas dicho, Carmen
lo miro con furia y se le acerco amenazadoramente, el pobre de Patrick sostenía
a Hachi y retrocedía con miedo en su rostro, Hachi se abalanzó a Carmen en
cuanto esta mostro señales de querer golpear a Patrick, Carmen chillo mientras
Hachi le gruñía en la cara, Marta le propino una patada a Hachi, pude escuchar
como su estomago reventaba al contacto con el pie de Marta. Al incorporarse Carmen
se dispuso a propinarle una bofetada a Patrick, mi ira no se pudo contener,
corrí hasta las escaleras y detuve la mano de Carmen en el aire. Ambas mujeres
me vieron como solo una bestia puede ver a su presa indefensa.
-Patrick
llévate a Hachi-no me aparte del frente de Patrick, haciendo una barrera entre
él y aquellas arpías.
-Pero
Alicia.
-Por
favor Patrick, yo iré enseguida, por favor llévatelo.-en cuanto Patrick
desapareció de escena solté la mano de Carmen, me puse firme, esperando el
castigo que venía con la osadía de enfrentar a cualquiera de esas mujeres.
El
sonido de Café Tacuba cantando ‘Eres’ me hicieron incorporándome lentamente
sobre la cama, el cuerpo me resultaba pesado y el rostro me ardía, la noche
anterior Marta se lucio al golpear cada centímetro de mi espalda y brazos con
el cinturón y abofetear con el mismo mi rostro. Sobre mis piernas se encontraba
Hachi recostado, mirándome con sus ojos tristes, de hablar, de seguro me diría
que se sentía culpable de lo que me había pasado. Al sentir una respiración en
mi brazo me gire y observe a mi pequeño hermanito acurrucado junto a mí, ambos
habían pasado la noche conmigo, con una mano acaricie las orejas de Hachi y con
la otra el cabello de Patrick.
Me
coloque fuera de la cama sintiendo como si mis huesos estuvieran hechos de
plomo, eran las 10am, a esa hora Rogelio ya estaba en el trabajo y el par de
arpías en casa de alguna amiga que también abusaba del salario de su marido.
Nadie estaba en la casa más que nosotros tres. Camine hasta el baño y ahí tome
una ducha fría, el agua caía sobre mi piel roja y adolorida, al caer en mi
rostro este me ardió como si fuera magma lo que se estuviera vertiendo en mi
rostro. Poco a poco el dolor fue desapareciendo, dejando paso al ardor, lo cual
significaba que no estaba muy lejos la recuperación y los moretones. Agradecí
que fuera sábado, no sabría como ocultar las marcas de mis compañeros y
maestros, aunque tal vez no les importara, pensé tristemente.
Al
salir me encontré con Hachi sentado justo enfrente de la puerta entre abierta y
mirándome con expectación, esperando sin duda alguna reacción mía, para así
deducir mi estado de ánimo.
-Perro
pervertido-dije indignada, tome mi toalla y me la coloque alrededor, su
suavidad me resulto relajante al contacto con mi piel húmeda y sonrojada.-Ya te
he dicho que no entres al baño mientras una dama se está bañando, a menos de
que seas invitado.-acaricie su cabeza, Hachi empezó a mover la cola, su gesto
particular para mostrarme que estaba contento de que yo haya vuelto a mi humor
usual.-Ahora sal y trata de despertar a Patrick, tengo que vestirme.-con un
ladrido Hachi se marcho obediente, aquel era el mejor cómplice que alguien
podía tener.
Mientras
limpiaba los platos con los que habíamos desayunado, Patrick ordenaba la mesa y
la barra de la cocina.
-Alicia,
¿Qué paso con Andreas y la joven chica?
-Bueno,
es una historia larga.-talle distraídamente una mancha en uno de los vasos.
-Tenemos
todo un día para saber que paso.-dijo Patrick a lo cual solté una risita y
mientras lavaba los platos comencé mi relato.
“Bueno,
pues Andreas quedo prendado de aquella chica, todos los días la observaba salir
y volver de la escuela. Un día le suplico a su padre que le dejara viajar a la
tierra para conocer a la hermosa chica, el capitán tenía sus dudas, pero al
final acepto de buena gana, siempre y cuando llevara consigo un transmisor el
cual le permitía volver a la nave de inmediato en cuando hubiera señales de
peligro. Andreas al llegar a la Tierra se maravillo al sentir la brisa en su rostro,
todo lo que había imaginado se hacía real justo ante sus ojos, sus pensamientos
se detuvieron en cuanto vio frente a frente a la hermosa chica, era como una
estrella.
“-¿Quién
eres?-Pregunto la chica curiosa y maravillada, Andreas había aparecido justo
enfrente de ella materializándose y haciendo brillar su armadura del color del
cosmos. Andreas quedo estupefacto al ver a la chica, sin duda era más hermosa
que todo el universo entero, aquella belleza lo dejo sin palabras, Andreas
jamás había pensado en el amor.-Mi nombre es Andreas y he venido a conocer la
tierra y a la vez para conocerte.-Andreas se puso rojo como un tomate, la chica
le sonrió dulcemente y dijo-Yo soy Pamela, gusto en conocerte.”
-¿Entonces
Andreas y Pamela vivieron juntos para siempre en su nave
intergaláctica?-Patrick estaba parado a mi lado mirándome ansioso.
-No
exactamente.
“Pasaron
6 meses y Andreas no podía explicar el gran cariño que le tenía a Pamela. En
vista de que no sabía cómo era el amor a ciencia cierta, pero mientras Andreas
y Pamela exploraban el mundo alguien los observaba desde las sombras, al caer
la noche, Andreas se armaba de valor para pedirle a Pamela que lo acompañara a
la nave y vivir juntos contemplando los astros. Pero en el preciso momento en
que tomo el valor suficiente, una sombra se interpuso entre los dos. Andreas
contemplo a un joven pálido, de cabello negro y ojos amarillos, como los de un
lobo. De inmediato Andreas sustrajo su espada y la apunto al pecho del joven
misterioso. -¡Alto!-dijo Pamela-Este joven es Magnus y le conozco, no es
peligroso, puede que sea un…vampiro, pero no me haría daño.-Pero Andreas no
bajo la espada, había algo en aquel joven pálido que le inquietaba, al fijar
mas la visto observo cómo este le enseñaba los afilados colmillos.”
“-Este
hombre te iba a pedir que huyeras con él a su guarida, lo que llama nave-Magnus
dirigió una severa mirada a Andreas.-Es elección de ella si quiere venir,
además no hay nada de malo en que yo quiera traerla conmigo, le quiero.-dijo
Andreas, el vampiro soltó una carcajada-Lo es si se trata de tu hermana, como
sabes los vampiros tenemos un oído muy agudo.-Andreas se paralizo, pero no le
dolió el saber aquello, al contrario le dio valor para enfrentar a aquella
criatura y proteger a su hermana.”
-¿Por
qué te detienes?-sin darnos cuenta estábamos tendidos en la sala.
-Ya
son las doce. Tenemos que llevar a Hachi a pasear o se volverá loco, ya seguiré
contando la historia después.
A
regañadientes Patrick y yo salimos con Hachi en dirección al parque, a él no le
gustaba que se le dejara con la incógnita y menos con uno de mis cuentos.
Mientras recorríamos el parque Patrick me relataba el cómo en su salón habían
cazado una rana y hecho la mascota del salón, yo no prestaba mucha atención,
solo recordaba lo que había pasado el día de ayer. Como por arte de magia
Patrick se detuvo en seco y con la boca abierta, al seguir con la mirada me di
cuenta de que había una niña con el cabello negro y lacio persiguiendo
burbujas, probablemente tenia la edad de Patrick, entonces me arrepentí de
haberle contado aquellas historias a mi hermanito, ahora él se veía claramente
flechado, me regañe porque si alguien tenía la culpa de que a su temprana edad
sintiera eso era yo al contarle historias de amor, aunque no podía evitarlo,
era una adolecente, las naves y vampiros eran aburridos si no había algo de
romanticismo.
-Alice-él
jalaba mi chaqueta sin dejar de observar a aquella chica.-Creo que he visto un
hada.
-solté
una risita, la posibilidad me causaba gracia, mi hermanito de 10 años estaba
realmente flechado, pero mi sonrisa desapareció en cuanto vi que junto con la
pequeña niña apareció un joven alto y con gafas, al reconocerlo me quede
helada-Y yo he visto un fantasma.
Erick
me reconoció y se acerco a nosotros, llevaba a la niña de la mano, lo cual me
hizo pensar que quizá era su hermana. Su formalidad al caminar y su semblante
sereno me obligo a divagar en oficinas y hombres con trajes, además con esos
lentes su parecido era inevitable.
-Alicia,
que sorpresa encontrarte aquí.-me dedico una enorme sonrisa y por un momento
solo estábamos nosotros dos, hasta que la pequeña niña que lo acompañaba tosió
en señal de interrupción.-Lo lamento, ella es mi hermanita, Pamela.
-Debe
ser una mala broma-mi perplejidad se manifestó también en Patrick.-Este es mi
hermano Patrick.
-¿Patrick?-la
voz de la niña era dulce y suave, como la de un ave.
-Es
que él odia que lo llamen Patricio, así que lo llamamos Patrick.
-Ya
veo, lindo nombre-la sonrisa de la niña derritió a Patrick.
-Bueno
tú también tienes un nombre muy lindo…igual que tú.
Erick
enarco una ceja hacia mí, advirtiendo el comportamiento de Patrick hacia su
hermana, aunque esta aceptaba con gusto aquel comportamiento demasiado
adelantado para sus jóvenes edades.
-¿Podemos
ir a jugar?-ambos rostros pequeños nos veían con suplica, no nos quedo otra más
que aceptar- Me llevare a Hachi-dijo mi hermanito, tomó la correa y luego se
dirigió a Erick como todo un hombrecito- Cuida a mi sherezade.-Ambos niños
salieron corriendo junto con Hachi, dejando a Erick confundido.
-¿Sherezade?
-Es
una historia muy larga-me dirigí a una zona pastosa donde podría vigilar a los
dos niños, tome asiento, Erick no tardo en acompañarme.-La verdad es que cuando
Patrick tenía 6 años no podía dormir, así que le inventaba historias sobre
héroes y damiselas en peligro.
-Ya
veo, y por eso quiere conquistar a mi hermana.-se quito las gafas y las coloco
a un lado- Ya veré como cobrarle su osadía.
-Tendrá
que ser sobre mi cadáver.
-Me
parece justo-Erick coloco su mano en mi hombro, como aun no me había recuperado
de la paliza de anoche hice una mueca de dolor. Erick me miro preocupado- ¿Te
paso algo?
-Nada
especial, yo solo-Erick ya se encontraba enfrente mío y se había vuelto a
colocar las gafas.-No vas a dejarlo así como si nada ¿verdad?
-No
mientras se trate de ti, enséñame tu hombro por las buenas o por las malas.
Le
mostré mi hombro, en el cual ya había un gran moretón en formación, sus ojos
parecían incrédulos como si no creyera lo que estuviera viendo. Con extrema
delicadeza él hechó un vistazo a mi espalda levantando la parte trasera de mi
blusa. Cuando volví a verlo él se veía molesto y se frotaba las sienes.-Como
puedes ver estoy acostumbrada a hacer las cosas por las malas.-dije tratando de
ser graciosa.
-¿Quién
te hizo esto?
-No
tiene caso.
-Oh,
claro que tiene caso, eso no es humano.-respiro hondo y luego tomo mi mano
entre las suyas y me miro suplicante.-Por favor Alicia, quien quiera que haya
hecho esto debe ser denunciado. ¿Fue tu padre o tu madre? Por favor contéstame.
-A
menos de que los muertos puedan volver a la vida no creo que fueran ellos, fue
mi tía, ella tiene una mano pesada y una muy diestra puntería.-deje salir una
sonrisa retorcida.
-Pero…
¿Cómo fue que?
-Esa
es otra historia larga y jamás la cuento a menos de que alguien me cuente la
suya.-él me miro inexpresivo, procesando la idea. Después de unos minutos que
me parecieron horas, él asintió-¿Seguro?-si su historia fuera mas sencilla que
la mía no habría dudado, algo me decía que el recordarlo le era doloroso.
-Soy
todo oídos. Y-advirtió con su dedo índice-quiero toda la verdad, porque yo no
mentiré cuando me toque hablar.
-No
recuerdo los primeros 6 años de vida, mi primer recuerdo es el de estar de pie
observando un auto arder en llamas, a un hombre tirado en el suelo con un
charco de sangro bajo él, mi ropa empapada en esa sangre. Luego me encontré en
el hospital y con policías haciéndome todo tipo de preguntas, entonces vi a una
mujer, era mi madre, ella se acerco y me abrazo con mucha fuerza, sus lágrimas
corrían por mi cuello. Después me entere de que ese hombre muerto era mi padre,
un ex militar, dejo el servicio en cuanto nació Patrick. Al parecer no pasaron
ni 3 meses cuando unos mafiosos lo acorralaron y dispararon hasta morir, todo
estando yo dentro del auto. Tengo sueños en los que él me cubre con su cuerpo y
recibe todas las balas. Sigo sin tener recuerdos muy concretos de mamá, solo
recuerdo su fragancia, coco channel, la forma en que me acariciaba el cabello y
eso es todo. Cuando tenía la edad de Patrick ella murió por una sobredosis de
antidepresivos, al parecer nosotros no fuimos suficiente razón para superar lo
de su esposo, como bien dijo Òscar Wilde “Perder un padre es doloroso, pero
perder a ambos es negligencia”.-solté un suspiro- Entonces mis tíos se
volvieron nuestros tutores, mi tío Rogelio trabaja casi todo el día más horas
extra, mientras mi tía rige la casa con puño de acero. Justamente anoche,
Carmen, su hija y mi prima, intento golpear a Patrick por defender el derecho
de Hachi de dormir con nosotros, así que yo llegue y me interpuse, el precio a
pagar por mi acto heroico es…bueno, esto.-coloque mi mano en mi hombro.
-Erick
se movió lentamente y con delicadeza toco mi rostro, este ya no se sentía arder
gracias al agua fría, el solo acunaba mi rostro en sus manos, yo lo contemplaba
ansiosa de dios sabe que.- ¿Por cuánto tiempo? ¿Y porque no has denunciado su
abuso?
-Ellas
simplemente lo negarían, además aunque no dijeran nada, en cuanto indaguen en
mi historial creerán que yo misma me lo hice.
-¿Porque
alguien creería eso?-el aparto sus manos cálidas de mi rostro y me miro
confundido.
-Bueno,
recuerdas que te dije que no tenía muchos recuerdos de mi mamá, bueno, eso es
porque durante 5 años pase en un hospital psiquiátrico, mi tío dice que de niña
no pude superar el trauma de mi padre, dice que no llore solo me quede
estática, así que mamá me llevo a ese lugar para tratar de curar mi trauma. La
veía de vez en cuando en las horas de visita al parecer. Además…olvídalo.
-Muéstrame
tus manos-ahora su rostro era severo-¿Hay una pieza que no casca en esta
historia?-él tomo mis muñecas, bajo ambas mangas y observo estupefacto las
marcas de cortadas, yo ni siquiera me moví, había algo en aquello que me
paralizaba-¿Algo más que deba saber sobre ti?-su ceño fruncido me hizo arrepentirme
de haberle contado aquello, jamás se lo había contado a nadie y tan fácilmente
y con él…simplemente deje escapar todo lo que llevaba dentro. Él pareció
advertir mis pensamientos y me hablo en un tono más alegre.- ¿Tal vez algún
tatuaje del que deba saber?
-Siento
como si me estuviera riñendo mi esposo.-aparte ambas manos y baje las mangas.
-Si
quieres tómalo así, seré tu esposo estupefacto por descubrir secretos de su esposa-de
golpe me abrazo y apoyó mi cabeza en su pecho, acariciando mi cabello.-Y
también soy el esposo que te protegerá de todo y de todos.
-¿Ahora
eres romántico?-ignore que me dolían las piernas y seguí acurrucada contra su
pecho, algo en ese gesto me relajaba.
-Solo
soy un esposo común y corriente.
-Ahora
pasaste de ser soldado raso a mi esposo, vaya que esta historia ha tomado
varios giros inesperados.-me aparte a regañadientes de él, había perdido por
completo de vista a Patrick y Pamela, al verlos rodar junto a Hachi me
tranquilice.-Ahora, ¿Qué hay de ti? ¿Que clase de secretos tiene mi esposo?
-el
se echó hacia atrás apoyándose en sus brazos- Nada tan dramático como ser
golpeado por mis tías o ir a un centro psiquiátrico-miro distraídamente a las
personas pasar frente a nosotros- Pero una parte de mi historia es que mi padre
era un alcohólico que gastaba todo el dinero en apuestas, alcohol y
probablemente mujeres, cuando tenía 12 años nos abandono con un sinfín de
deudas, yo me ocupe en trabajar de lo que sea para ayudar a mi mamá, ella
confecciona ropa, también la ayudaba con la casa y con el cuidado de Pamela,
ella solo tenía 5 años.-se quito las gafas y me dedico una mirada nostálgica-
así es, tengo que trabajar toda la mañana para poder pagar la escuela, de hecho
Alejandro va al mismo lugar que yo a cargar la mercancía de la central de
abasto. Supongo que soy un esposo muy pobre para merecer ser tu esposo incluso.
-Nada
de eso, ni el hombre más rico me daría lo que tú me das.
-Erick
se sonrojo y parpadeo confuso hacia mí-¿Y qué es exactamente eso?
-Algún
día te lo diré, pero no será hoy-señale con mi dedo al par de niños que se
acercaban corriendo-Por el momento Romeo y Julieta se acercan a gran velocidad
con su noble corcel y ellos no tienen porque enterarse de nuestros problemas
maritales. Aun son demasiado jóvenes e ingenuos.
-Bendita
sea la ignorancia-Erick se volvió a colocar las gafas y miro como la pareja de
niños se nos acercaba.
-Amen
a eso.
Los
jovencitos se acercaron y se tendieron en el pasto, ambos dirigiéndose fugaces
miradas de amor, aquello me provocaba risa, no sabía cómo dos personas tan
pequeñas podían experimentar de esa manera el cariño, porque amor no era.
-¿Por
qué lo llamaron Hachi?-Pamela acariciaba al agotado Hachi, sin duda la edad ya
le estaba empezando a pesar.
-Esa
historia la cuenta mejor Alicia.-Patrick me dirigió una mirada ansiosa y
brillante.
-Está
bien, veras Pamela, Hachi es una historia real de Japón. Había un hombre que
tenía un perro y lo llamo Hachiko que significa ocho el cual es un numero de la
buena suerte en Japón, el hombre viajaba en tren a su trabajo y el perro
siempre iba a despedirlo y volvía para encontrarse con él justo a la hora. Un
día el hombre sufrió un derrame cerebral y no volvió.
-Eso
es muy triste-Pamela dejo ver su horror, Patrick le tomo la mano en su intento
por reconfortarla, gesto que le fue recompensado con una sonrisa de ella- ¿Y
qué paso después?
-Bueno,
Hachiko volvió al tren durante 10 años esperando volver a su amo, 10 años
estuvo en esa estación, todo el mundo lo conocía, lo alimentaban y cuidaban
entre todos, pero ninguno pudo hacer que el perro dejara de volver a la
estación, hasta que un día Hachi murió y en su honor colocaron una estatua
justo enfrente de la estación. Yo le puse Hachi a mi perro porque cuando tenía
11 años mi tío me lo obsequio para que no estuviera sola, así que le puse Hachi
para que al igual que el perro de la historia nunca se apartara de mi lado aun
en los momentos más tristes. Además-acaricie las orejas de Hachi, aquella
caricia siempre lo hacía recuperar la energía-como el perro, Hachi siempre me
recibe cuando vuelvo de la escuela y en los momentos más duros siempre está
ahí.
-Wow-los
ojos de Pamela eran diferentes a los de Erick, estos eran café oscuro como los
míos- Tenias razón Patrick, tu hermana es estupenda contando historias,
además-dirigió una breve mirada picara a su hermano, Erick acaricio a Hachi
disimulando no escuchar-es muy bonita, una autentica Sherezade.
Mientras
Erick y Pamela se alejaban, Patrick no perdía la vista de Pamela, sin duda
había sido hechizado por aquella pequeña y delgada niña. La sola idea del
supuesto amor que sentían ellos dos me enterneció.
-Algún
día tu amigo será mi cuñado.-contemple su mirada embobada.
-Tranquilo
Romeo, que aun eres muy joven para echarte esa soga al cuello.
Aquel
sábado habían ocurrido demasiadas cosas, mis revelaciones y las de Erick eran
demasiadas para digerir y por si fuera poco nuestro abrazo en pleno parque y a
plena luz era casi una insolencia. Aunque algo en sus ojos y en su cálido pecho
me habían relajado al completo, después de contarle todo aquello sentí como si
se me hubiera quitado un gran peso de encima, aquello no se lo había contado a
nadie, ni siquiera a Susana. Era un secreto y ahora era secreto de ambos, pero
yo no era la única que se confeso, él me había contado su historia. Al recordar
su mochila vieja y perfectamente lavada, sus zapatos gastados pero bien
boleados, ese era Erick, tal vez ese era el porqué de tomara la escuela con más
seriedad de la debida, para él asistir a la escuela no solo era el derecho que
se había ganado con el sudor de su espalda si no que también era su oportunidad
de brindarle una mejor vida a su familia. La voz insistente de Patrick me hizo
volver de mi mundo de irrealidad.
Una
mañana de domingo, nada que hacer, yo me encontraba sentada en mi cama
contemplando por la ventana el cielo azul e imaginando las formas que creaban
las nubes.
-¿Sucede
algo?-me sentí curiosa al ver el ceño fruncido de Patrick.
-Ya
paso la noche y no me has contado que paso con Andreas y Magno.
-Su
nombre es Magnus, Magno era rey de macedonia.
-tomo
asiento a mi lado cruzando las piernas, ansioso de escuchar-No quiero clases de
historia, quiero escuchar tú historia.
-Muy
bien, aunque creo que no estaría mal darte un par de clases de historia más
adelante, con el fin de que no difames a hombres que no pueden defenderse.
“Magnus
advirtió que Andreas tenia la firme decisión de atacarlo, por lo cual con su
velocidad sobrehumana, alejo a Pamela de la batalla, colocándola junto a un
árbol. La batalla comenzó, si bien Magnus era un vampiro y poseía una velocidad
y fuerza sobrehumanas, no eran suficiente para detener al valiente Andreas, el
cual había entrenado a gravedad cero, lo cual en tierra con la gravedad, le
proporcionaba una velocidad y fuerza similar a la del vampiro. Andreas blandió
su espada y ataco a Magnus, pero este lo esquivo, cada ataque era fieramente
esquivado, ambos eran unos guerreros y ambos tenían una poderosa razón para
luchar. Andreas luchaba por proteger a su hermana y Magnus simplemente por…”
Detuve
mi historia en cuanto escuche la risa de Carmen detrás de la puerta, esta se
abrió lentamente, dejando ver a la pelirroja grasosa y a su gato regordete.
-Oliver,
¿has escuchado que hay una princesa rata en esta casa?-sostenía al gato en sus
brazos y lo acariciaba como si este fuera en verdad adorable.- A ¿y que esta
princesa rata tenía un corcel? Que lastima que el corcel se haya marchado,
supongo que al final…ocho no es un numero de suerte.
Mis
peores pensamientos aparecieron en mi cabeza, corrí escaleras abajo para
confirmar que mis miedos no eran reales, que todo solo era una broma pesada de
Carmen para moléstame. Pero cuando fui al patio y no vi a Hachi mi corazón se
derrumbo. Sí había un responsable aparte de Carmen era Marta, corrí a su
encuentro, esta se encontraba comodante en la mesa, con un vaso, de algo que
parecía Jamaica, a un lado, contando fanfarrona el dinero. Mi yo interna y mi
subconsciente hicieron las paces y se pusieron los guantes para pelear.
-Siempre
supe que esa bestia me devolvería el favor de tenerlo en mi casa-se puso de pie
y se coloco justo enfrente de mí, meneaba el dinero mientras hablaba- y ese
favor fueron nada más y nada menos que 200 en efectivo. Sin duda su suerte solo
sirvió para esto.
-No
te pongas triste Alicia, se fue alegremente con un joven bastante apuesto, tú
nunca le importantes, su lealtad era para el mejor postor, y tu pequeña rata,
perdiste ante la comparación.-Carmen se alejo regodeándose, Marta tomo el vaso
de la mesa y me lo echó encima, manchando mi blusa azul de rojo, para después
aventarme con brusquedad el vaso, hiriendo mi rostro, aunque el dolor en mi
pecho era mucho más fuerte que eso.
-Limpia
eso, niña sucia.-Ambas mujeres se marcharon, dejándome de pie, cubierta de esa
sustancia roja, sintiendo como se volvía pegajosa. Los recuerdos de aquel día
frente al auto y mi ropa cubierta de sangre volvieron, mientras limpiaba
aquello mi mente no abandonaba los momentos que había pasado con Hachi. Yo era
una niña que no lloraba, por alguna razón las lágrimas no salían a la luz, así
que en días como estos, en los que la tristeza se apoderaba de mí y sentía esa
presión en el pecho que me impedía respirar, en cada ocasión aparecía Hachi,
acurrucándose en mi regazo para después empezar a mover la cola en cuanto veía
que mi ánimo iba subiendo. Tío Rogelio no se enteró de lo que pasó en realidad,
Marta le dijo que Hachi había escapado y que por eso estaba yo tan deprimida
que incluso había roto aquel vaso y derramado su contenido por el piso. Él se
sentó en mi cama y acarició mi cabello, y trato de consolarme, aunque todo era
en vano, la presión en mi pecho era difícil de superar.
El
día se hizo presente, Patrick no se molesto en despertarme, aunque tenía 10
años era muy consciente de cuando me sentía tan mal que simplemente no podía
salir de la cama. Supere mi tristeza y una vez en la ducha el agua se llevo mi
agonía por la coladera, al salir y checar la hora mire con indiferencia que
faltaban tan solo 20 minutos para que dieran el timbre, me vestí lánguidamente
y me dirigí a la escuela con paso perezoso. Pensé en hablar con Susana, pero
ella no era capaz de entender lo que sentía, además al escuchar lo ocurrido
ella se burlaría de mí diciéndome lo patética que me veía lamentándome por un perro.
Entonces vino a mi mente la imagen de Erick, el sin duda me apoyaría, tal vez
en sus brazos encontraría consuelo, así como lo había encontrado aquel sábado.
Pero mis esperanzas se derrumbaron al ver que no se presento ese día a clase.
Todo
el horario escolar me la pase tomando nota y haciendo los trabajos al pie de la
letra, estaba dispuesta a ocupar mi mente con tal de no sentir más esa presión
en mi pecho, el cual comenzaba a perjudicar mi respiración. No entendía como
simplemente no superaba aquello, solo era una mascota…pero esa mascota había
pasado conmigo los momentos más tristes y alegres, siempre había estado ahí
para apoyarme, aunque no pudiera hablar, sus acciones eran más que suficientes
para consolarme en cualquier momento de tristeza. Las clases terminaron, ni
siquiera fui consciente de que Susana ya se había despedido de mi con su
habitual abrazo que normalmente me quitaría el oxigeno, pero con la presión en
mi pecho, de cualquier forma no podía respirar. Espere a que todos salieran, justo
cuando estaba a punto de desplomarme por una fatiga inexplicable vi justo a
mitad de camino a una figura canina de pelaje color avellana. Hachi.
Junto
a él se encontraba Erick, sosteniendo una correa y recargado en la barda de la
escuela. Mis piernas adquirieron vida propia y comenzaron a correr, me agache
para abrazar y acariciar a Hachi, mi perro había vuelto, no sabía cómo, pero
estaba ahí, él me recibió con la misma euforia que yo, no había duda de que me
había extrañado tanto como yo, tan solo había pasado un día y ya sentía como si
hubieran sido años desde que lo vi, me reincorpore y observe el rostro de Erick
este mostraba una expresión de ternura, como si lo que viera le enterneciera.
-¿Pero
como tú…? ¿Qué…?-las palabras se ahogaban en mi garganta, no sabía si era por
la emoción o por la falta de oxigeno en casi un día.
-Bueno,
tu amiga me llamo ayer en la mañana, no sé cómo consiguió mi teléfono, tal vez
me aclares esa duda más tarde, en fin, le pregunte si sabia donde vivías, ella
me dio santo y seña de cómo llegar, cuando llegue vi un anuncio en el que
vendían a Hachi, creo que por ser pastor alemán hubo un hombre que estaba a
punto de comprarlo, yo me acerque, él ofrecía 150 por Hachi, y yo, como si
fuera una subasta ofrecí 200, aquel dinero lo había ganado apenas en el sábado.
Pero sabía que te pondrías triste sin Hachi, así que me olvide de la economía y
lo compre. Y ahora te lo traigo de vuelta, un pequeño y peludo regalo.
No
sabía en absoluto que sentir, por un lado la felicidad abarcaba todo mi pecho e
inundaba mi corazón de gozo, por otra parte mi subconsciente y mi yo interna
debatían en privado, no sabían decidir si agradecerle formalmente o simplemente
dejarme llevar por el momento y abrazar a aquel hombre que había traído a mi
leal compañero. Aunque si fuera tan leal, capaz no se hubiera ido así como así.
Pensé
para mí misma que quizá para Hachi yo no era tan indispensable. La alegría que
me inundaba se desvaneciendo dejando pasar a la fría soledad, ¿había algo malo
en mi? ¿Porque mis seres queridos me valoraban tan poco que terminaban
abandonándome, muriendo, dejándome sola? La imagen de aquel hombre abrazándome,
un sonido sordo como de petardos reventando, él gimiendo de dolor, auto en
llamas, mi vestido cubierto de sangre, él en el suelo. Tal vez yo no era muy
buena para los demás, aquellos que intentaban protegerme terminaban a tres
metros bajo tierra.
Como
si cayera de la cama, volví de mi mundo, había sido interrumpida por la burlona
y grave voz de Erick.
-Sabes
estuvo toda la noche ladrando y creo que intentando escapar, de seguro te
extraño.
-¿En
verdad?-las palabras parecían volver a fluir-¿Te dijeron algo en tu casa?
-Bueno-hizo
una mueca, como recordando algo incomodo.-Pamela hecho de gritos y a mamá casi
le da un ataque, cuando le dije que solo lo estaba cuidando se tranquilizo,
pero luego me pregunto quién era el dueño-hizo una pausa, su rostro se
sonrojaba poco a poco-cuando le dije que era una amiga…bueno…ella…No sé cómo
paso pero ella quiere conocerte.
-Sería
un honor, conocer a tu familia.-le dedique la mejor de mis sonrisas, la
sincera.
-No
tienes idea.
-Pero
tu dinero, tu no…
-No
importa, con eso iba a pagar lo que falta de la renta, el casero me permitió
pagarle hoy.
-¿Pero
como vas a recuperar el dinero?
-Mi
jefe me prometió pagarme lo justo según lo que trabajara hoy, así que me
dedique a trabajar todo el día. No te preocupes ya salde la cuenta con el
casero.
Su
sonrisa era confiada y alegre, pero había algo raro en él, lo escanee
rápidamente, pero ese escaneo fue suficiente para percatarme de que su muñeca
derecha con la que sujetaba la correa de Hachi, estaba inflamada y vendada.
-Quiero
ver tu mano.-el se puso nervioso, yo extendí mi mano esperando a que el me
tendiera la suya, después de unos minutos el cambio la correa a su mano
izquierda y me extendió su mano herida.- ¿Cómo fue que te hiciste esto?
-Uno
de los cargamentos de los camiones se derrumbo y una de las cajas arremetió
contra mi hombro y cayó sobre mi muñeca. El gerente me pago mis doscientos, una
bonificación por el pequeño accidente.-golpee su cabeza, él solo soltó un leve
quejido, lo contemple, no llevaba sus lentes, ahora podía ver más claramente
sus ojos grises, aquel gris profundo hechizante, contemplé mi reflejo y me
encontré con mis propios ojos reflejados- Supongo que me lo merecía.-me despoje
de toda vergüenza, me pare de puntitas, apoyando mis manos en su pecho para no
perder el equilibrio, entonces le plantee un beso en la mejilla. Al apartarme e
incorporarme, vi como el rostro de Erick se sonrojaba mientras se mostraba
aturdido.- ¿Qué fue eso?
-Mi
agradecimiento, por cuidar de Hachi…y por ser un perfecto idiota.
-Tal
vez debería traerte perros y romperme la muñeca todos los días.
-Empiezo
a creer que soy mala influencia para ti y para tu salud.
-¿Qué
dices? A cierto, perdí un día de escuela y me disloque la muñeca.-dijo con
indiferencia.
-Lo
de la escuela está bajo control, para suerte tuya tome nota de todo el día de
hoy, si quieres mañana por la mañana te paso los trabajos.-su rostro no dejaba
de sonrojarse, me pareció que su cara se volvía un tomate.-En cuanto a tu
muñeca, no creo que yo valga la pena como para dislocarse algo.
-el
me abrazo de golpe, apretándome contra sí, yo aspire su aroma, un aroma fresco
y masculino que simplemente no tengo palabras para describirlo.- ¿Bromeas
mujer?, no me importaría romperme un par de huesos si al final del día tu me
recibes con una sonrisa y vuelves a besarme de esa manera.
-Cuidado
con lo que deseas que él diablo tiene orejas hasta el infierno.
-¿Por
qué me debe de importar el diablo?-nos quedamos abrazados por varios minutos,
me había olvidado por completo que Hachi estaba ahí- Te sonara extraño
pero…hueles bien-aspiró profundamente, su respiración me causaba cosquillas en
la nuca- A vainilla.
-No
me suena extraño.
-¿A
no?
-Más
bien pervertido.
-Me
alegra ser un esposo que compra perros a doscientos pesos, que se rompe muñecas
y que todavía se da tiempo para hacer que su esposa lo llame pervertido.
-Es
que eres multifuncional, tal vez es por eso que me case contigo.
-el
me aparto lo suficiente para poder vernos el uno al otro-¿No sabes porque te
casaste conmigo?-intento fingir un tono indignado pero su diversión era
abierta. Yo negué con la cabeza, obviamente divertida, la presión que sentía en
mi pecho no era incomoda como la de hace unos momentos, esta me llenaba de mas
el pecho, no lo sentía vacio si no lleno de más.-Es una lástima, yo sí recuerdo
porque me case contigo.
-¿Enserió?-el
asintió con la cabeza, sonriente-¿Y me lo dirás?
-Algún
día pero hoy no, este perro parece más que divertido con nuestro espectáculo.
-Cierto,
Hachi no sabe como guardar secretos.
-¿Y
porque debería ser un secreto?
-No
tengo ni idea.
Erick
me entrego la correa y me acompaño a casa, cuando entre Patrick se alegro al
ver a Hachi, mientras que Carmen y Marta se dedicaron miradas de conspiración,
para después verme con desprecio, pero no pudieron hacer nada, le habían dicho
al tío Rogelio que Hachi había escapado, así que yo seguí su mentira
argumentando que lo había encontrado. Le di un tazón de croquetas a Hachi,
arrope a Patrick y me acosté en la cama, incapaz de dormir, una euforia y
energía me habían inundado. Sin duda producto de todo lo que había pasado con
Erick, sus palabras, su tacto, su aroma, el aura de tranquilidad que emanaba.
La
noche se me fue en un respiro, sentía los ojos pesados, eso se lo debía a que
me había dormido ya muy tarde. Me obligue a levantarme cuando el timbre de mi
celular comenzó a sonar con la canción ‘Hola’ de Miranda. Muy acorde al
propósito de la llamada, lo ignore argumentando en que podría ser alguien sin
importancia, sentí que el celular golpeaba mi cabeza como un proyectil, al
levantarme me di cuenta de que el despeinado Patrick me lo había lanzado, este
hizo un sonido parecido a un gruñido y luego se tapo hasta la cabeza con las
sabanas. Conteste el teléfono adormilada, pero la voz de Susana me despertó de
inmediato, ya que esta gritaba histérica.
-¡¿Se
puede saber porque no respondes mis llamadas y mensajes?!
-observe
el reloj de pared y después de tallarme los ojos me di cuenta de que eran las
ocho y cuarto de la mañana.-Son las ocho, obviamente estoy… estaba dormida,
¿Qué sucede, donde es el incendio?
-¿Puedes
invitar a tu amigo Erick al parque que está cerca de la escuela?
-De
hecho lo iba a ver ahí a las diez y media para entregarle los apuntes de ayer.
-Bien,
entonces nos veremos ahí a esa hora.
-¿”Nos
veremos”? ¿Qué tienes planeado?
-después
de una risita tímida, Susana hablo en su tono normal de voz.-Bueno, he quedado
con los demás chicos y chicas para reunirnos ahí, esperaba que tu llamaras a tu
amigo para que pudiera venir con nosotros y así divertirnos todos, y conocerlo
un poco mejor, ya que es tan difícil y misterioso.
-deje
escapar un bostezo mientras salía al pasillo, ya que Patrick me había lanzado
una almohada en señal de que guardara silencio, pero yo aun seguía medio
dormida,-¿Qué tienes tú con Erick?-pregunte distraídamente, probablemente era
una pregunta de rutina en las conversaciones.
-¿Qué
no es obvio?-Susana se mantuvo en silencio por un par de minutos y luego casi
con un grito respondió.- ¡Me gusta Erick!
Aquellas
palabras me dejaron helada, había tenido mis sospechas y hacia un par de días
se habían confirmado, pero las olvide, no sé si por beneficio propio o por
descuido. Me parecía una broma pesada del universo, a penas ayer había
experimentado aquella sensación placentera en mi pecho y ahora todo eso me era
arrebatado por el hecho de que mi mejor amiga estaba enamorada del mismo chico
con el que había compartido esa sensación. No quería aceptar lo que pasaba, en
primer lugar no quería aceptar mis sentimientos, ni por Erick ni por la
situación que se me estaba presentando. Respire hondo, tratando de no
derrumbarme sobre el suelo, me recargue en la pared, las piernas me temblaban.
Aunque aceptara la realidad, yo simplemente no podía competir contra ella.
-¿Hola?
¿Sigues ahí? ¿Alicia?
-No
pasa nada-tome de nuevo aire, la sensación en mi pecho volvía, la incapacidad
para respirar profundamente-es solo que Patrick me lanzo una almohada y tuve
que salir de la habitación. ¿Pero qué hay de la escuela?
-No
hay problema, recuerda que hoy es día de academia, los maestros no estarán.
-Ya
veo, entonces ¿nos veremos a las diez y media en el parque?
-Si,
por favor y no olvides traer a Erick contigo, eres la mejor, nos vemos.
Al
colgar entré de nuevo a la habitación, sentía la necesidad de lanzar el celular
contra la pared, como si ese movimiento pudiera borrar las palabras de Susana,
las de Erick, mis sentimientos. Me tire contra la cama y después de quizá 40
minutos me levante y me prepare para salir. Al salir de la regadera observe
tristemente mi imagen frente al espejo, camine de vuelta al cuarto, sentía como
si algo estuviera luchando por salir, una presión en mi garganta me avisaba que
probablemente era un grito lo que ansiaba salir. Al entrar vi a Patrick alzando
su cama y mirándome reflexivamente, después de un serio análisis a mi aspecto,
él por fin negó con la cabeza.
-No
puedes ir así a ver a tu amigo, esa camiseta es viejísima y no resalta tu
figura.
-¿Cuál
figura? ¿Qué estas tramando ahora Patrick?
-el
ignoro mis comentarios y se acerco a mi armario, anteriormente lo hubiera
apartado, pero estaba demasiado intrigada como para impedirlo, poco a poco fue
sacando prendas y arrojándolas a la cama- El rosa hará lucir tu cabello oscuro
y hará un lindo contraste con tu piel morena clara, estos vaqueros negros
ayudaran y en cuanto a los zapatos, supongo que estará bien con tus converse.
-¿Ahora
eres especialista en moda?
-Solo
en tu imagen por el momento, ahora ve a cambiarte o yo mismo lo hare.
-Eso
sería enfermo.
-Hazlo
o te juro que lo hare.
-Muy
bien, muy bien, ¡dios que terquedad!
Al
salir y encontrarme con mi imagen simplemente no lo podía creer, Patrick se
coloco en una silla y comenzó a peinarme, una coleta de lado fue lo único que
hizo, mi cabello tomo forma solo, formando un largo y único bucle con todo mi
pelo sujeto por la liga. La chica que estaba en el espejo simplemente no era
yo, esta se veía femenina, hermosa, tal y como se veía Susana, pero esta chica
tenía algo diferente, no lograba distinguir que era.
-Toma,
este es un listo café, venia junto a otras cosas en una caja en el armario.
Ahora, supongo que tú debes saber maquillarte.
-He
tenido que aprender por la fuerza a manos de mi vanidad en la secundaria.
-Muy
bien, ahora ponte bella, solo retócate un poco los ojos y usa tu labial usual,
ese hace ver lo suficientemente rojos a tus labios, te queda lindo.
-¿Qué
le hiciste a mi hermano y quien eres tú?
-Solo
trato de hacer que mi hermana se vea linda y procurar su felicidad.
-¿Como
esto me traerá felicidad?
-Las
grandes mentes de la moda como yo no somos pacientes, así que empieza a
maquillarte.
Le
revolví el cabello y comencé a maquillarme, ahora la chica al espejo era
refinada y hermosa, mi subconsciente se quedo boquiabierto mientras mi yo
interna mandaba besos al público cargando unas rosas y con una corona en la
cabellera castaña.
Con
un beso en la frente me despedí de Patrick, al bajar por las escaleras vi de
nuevo la foto familiar de nosotros, entonces me percate de que mamá llevaba en
su cabello un listón café, al verlo en mis manos aspire su aroma, la delicia
del coco channel me hizo saber que ese era el listo de ella. Até el listón en
forma de moño alrededor de mi coleta, al observar mi reflejo en el cristal de
la fotografía, me dedique a mi misma una sonrisa. Mis sentidos se pusieron
alerta cuando sentí la mirada de alguien, al bajar la mirada, vislumbre a
Rogelio de pie bajo la escalera, mirándome asombrado.
-Eres
tan hermosa como tu madre, sabes, tu padre y yo competimos por su amor, pero
ella obviamente lo eligió a él, definitivamente adquiriste lo mejor de ambos;
la belleza de Jocelyn y la actitud elegante y reservada de tu padre, lo bueno
es que no heredaste su terquedad, esa le toco a Patrick.
-Dímelo
a mí, él es el responsable de esto-señale mi atuendo.
-¿A
caso ahora es experto en la moda?-sonrió tiernamente- No importa, te ves
divina.-antes de irme lo abrace y le bese la mejilla, justo cuando estaba de
pie en afuera de la puerta el me hablo en un tono dulce- El chico con quien
vayas es muy afortunado, espero que sea consciente de eso.
Antes
de que pudiera responder él cerro la puerta, yo seguí mi camino resignada.
Mientras caminaba mi subconsciente tomaba asiento aun sin superar los hechos,
mientras que mi yo interna usaba sus zapatos de tacón de aguja y modelaba. Los
hombres que me veían pasar giraban la cabeza para volver a verme, me dije a mi
misma que así debía de sentirse Susana, la sensación era sencilla pero dulce.
Una
vez en el parque vi a Erick sentado en una banca, llevaba una camiseta azul
marino y chaqueta roja, muy al estilo de superman, también llevaba unos
vaqueros y converse de color azul. Mientras me acercaba mi subconsciente y mi
yo interna apostaban por si él me reconocería y se quedaría boquiabierto o
simplemente no me reconocería hasta que estuviera frente a él, de un momento a
otro él me vio, parpadeo confuso y puso su evidente cara de turbación. Mi
subconsciente le entregaba el dinero a regañadientes mientras mi yo interna se
regodeaba en su trono de cristal. Una vez que estuve frente a él no dije nada,
solo le entregue los cuadernos, él no dejaba de verme asombrado mientras los
guardaba descuidadamente en su mochila.
-Creo
que no he sido informado sobre esto.-dijo sacudiendo la cabeza y con ella su
perplejidad.
-¿Mi
nueva imagen? Bueno yo tampoco estaba informada sobre ello, mi hermanito fue el
responsable.
-Erick
se puso de pie, de nuevo se vio muy marcada la diferencia de estaturas entre
nosotros, el silbo mirándome de arriba abajo-¿Ahora es experto en moda?
-Ya
somos tres los que dijimos eso, supongo que es una realidad.
-¡Alicia!-la
voz de Susana nos conmociono, cuando observamos en dirección a la voz, la vimos
agitando un brazo y tras ella había 2 chicas y 3 chicos, todos de la clase VIP,
incluyendo al insufrible de Isaac.
-Olvide
decírtelo, Susana quiere que convivamos juntos.
El
me miro sin expresión alguna, me angustie ante la posibilidad de que él se haya
enfadado conmigo, antes de que pudiera disculparme él sonrió y con su dedo
índice empujo mi frente hacia atrás, las únicas palabras que dijo fueron “Tan
despistada como siempre, ¿Qué hare contigo?”. La mañana avanzo velozmente, los
chicos de la clase VIP hablaban de lo mismo que siempre, programas de
televisión y lo genial que sería tener un auto, Erick se escondía tras una
máscara de seriedad, pero yo sabía que él estaba tan incomodo y aburrido como
yo, además éramos victimas de una sobre atención, él por parte de Susana y yo
por parte del chico de plástico de Isaac. Mientras yo luchaba por no vomitar,
los chicos VIP decidieron incluirme a la conversación.
-Dime
Alicia, ¿Cómo es que ayer eras una simple chica cerebrito y ahora eres toda una
belleza asiática?
-¿Belleza?-la
incredulidad de Susana se volvió para mirarme y dejar de lado a Erick.
-¿asiática?-mi
incredulidad y sorpresa era aun mayor que la de Susana.
-Si-se
explico uno de los chicos VIP, del cual aun no recuerdo su nombre,-Por favor,
con esos ojos ligeramente rasgados pareces casi una asiática, ¿no es verdad?
-Tienes
razón, es simplemente irresistible-la voz de Isaac hicieron que mi estomago se
revolviera, el simplemente me provocaba sentir nauseas.
-Saben,
estoy aburrida de este tonto parque.-dijo una de las chicas, era rubia, creo
que su nombre era Karla.
-Tienes
razón, aunque sea octubre este día se ha vuelto muy frio, creo que va a nevar,
incluso el cielo está nublado-dijo la otra chica, Esmeralda.
-Muy
cierto, ¿Por qué no vamos a un bar o a algún club para entrar en calor?-la voz
impertinente de Isaac y su propuesta fueron bien recibidas.
-No
me siento de humor para ir a clubes y mucho menos para ir a un bar-me aparte de
Isaac advirtiendo su mano escurridiza.
-Pero
que dices muñeca, ya verás que con un par de tragos te sentirás más
relajada.-Isaac se acerco a mi amenazando con jalarme hacia él, pero en vez de
ser jalada hacia adelante fui hacia atrás, el contacto con el pecho de Erick me
hizo sentirme más segura-¿Y tú qué quieres pobretón?
-Alicia
ha dicho que no quiere ir, así que no te dejare que la obligues.-su voz era
seria y profunda.
-Por
favor Erick, no cometas insensateces, porque no la dejas irse y vienes con
nosotros…conmigo-Susana le dirigió su mirada especial, aquella con la convencía
de lo que sea a cualquier hombre, mis pensamientos fueron en torno a que yo
simplemente no competía con ella, por más que me arreglara yo nunca seria rival
para sus encantos.
-Lo
lamento pero no estoy interesado-la respuesta no solo me sorprendió a mi si no
también al resto de los chicos VIP.
-¿Qué
acabas de decir?-la mirada y voz de Susana se llenaban de odio, esa expresión
ya la había visto antes, era la que ponía Patrick de niño cuando se le negaba
algún juguete o petición.- ¿No estarás diciendo que prefieres a esta tipa que a
mí?-sus palabras fueron como un golpe en el estomago, ¿”esta tipa”? ¿Cuándo
había pasado de ser su mejor amiga a “esta tipa”? Entonces recordé los rumores
que siempre rondaron secundaria cuando me juntaba con ella, Susana decía que
ella solo me hablaba porque le daba lástima la pobre chica que nadie quería en
sus equipos y a la que nadie le prestaba atención, como si yo fuera una especie
de mascota para ella. Sentí como el corazón me dolía, pero el dolor fue
sustituido por el enojo, ya estaba harta de hacerme la que no oía, la que no
veía, pero las palabras no salían de mi garganta.
-al
sentir los brazos de Erick alrededor mío, me di cuenta de que la garganta
lentamente se me aclaraba-La verdad es que si, después de todo, ella es…
-Isaac
interrumpió las palabras de Erick con una gran carcajada- No lo puedo creer,
¿El pobretón enamorado? Dime ¿qué harás cuando ella quiera salir, la traerás a
este ridículo parque porque no puedes pagar un cine o cualquier otra
cosa?-Isaac coloco su brazo alrededor del de Susana y ambos junto con los demás
chicos se marcharon.
-Susana
por cierto-mi garganta se había aclarado al completo- el salón entero piensa
que eres una chica fácil, así que no me importa dejarte con tu facilidad.
-Susana
hizo un gesto entre indignación y cólera- Como si me importara.
Los
chicos se alejaron lentamente, entre la multitud, mi garganta ya no se sentía
atrapada. Al sentir las manos frías de Erick, me di cuenta de que aun estaba
abrazándome por detrás, me vi tentada a colocar mis manos sobre las suyas para
hacer calor, pero él se aparto secamente, yo me di la vuelta sobrecogida por su
reacción, lo que vi en su rostro hizo un hueco en mi corazón. Su rostro estaba
agitado y dolorido, algo iba mal, muy mal y no sabía que era, quise acariciar
su rostro pero él se aparto con brusquedad, después me miro con adolorida
expresión.
-Alicia
no puedo hacerte esto.
-¿Que
tratas de decirme?-la presión en mi pecho incrementaba, conforme sus palabras
avanzaban.
-Ellos
tienen razón, yo no puedo darte la relación que necesitas.
-¿Relación?-la
palabra resonaba por toda mi cabeza, mi yo interna veía entristecida su trono
de cristal roto.
-Si
Alicia, una relación, creo que es más que evidente lo que siento por ti-hizo
una breve pausa- Yo te quiero, no solo me gustas, yo simplemente te quiero y si
no me detengo creo que terminare amándote y eso no es conveniente para ninguno
de los dos. Yo quiero una relación contigo, quiero que seas mi novia, quiero
llegar por las mañanas a la escuela, saludarte con un beso y gritar a medio
mundo que eres mi novia, que eres mía y que yo soy tuyo.
Sus
palabras eran dulces, pero él sonaba desesperado como si aquello le incomodara
o estuviera mal. Ni el frio del viento era comparado con lo que sentía en mi
corazón, un bloque de hielo.
-Erick…
-No
Alicia, simplemente no-respiro hondo y dejo salir sus palabras, aquellas que
estaban atascadas en su garganta-Aunque lo intentáramos, ¿que pasara cuando
quiéranos salir un fin de semana? ¿Te traeré a ridículos parques, jugaremos con
nuestros hermanos y Hachi? ¿Soportarías eso solo porque yo no tengo dinero para
sostener una novia?-él se dio la vuelta dispuesto a marcharse-Además de
eso-dijo sin darse la vuelta- Dudo mucho que tu llegues algún día a querer a
alguien como yo, un hombre pobre.
Se
alejo lentamente, aquello me pareció cámara lenta, entonces las palabras
salieron de mi boca de golpe, él se dio la vuelta de golpe al tiempo que yo
dejaba correr mis palabras.
-¿Y
que si me gusta venir a ridículos parques? ¿Qué si me divierto más que nunca
jugando con Patrick, Pamela y Hachi? ¿Qué si a mí me gustan más estas cosas
“gratuitas” que las tonterías que se supone hacen los demás? ¿Qué pasa si a mí
me gusta estar en cualquier lugar mientras tú estés conmigo? Porque desde que
te conozco me siento aliviada y sonrió con más frecuencia-Erick se acerco a mí
haciendo gesto de que bajara la voz, ya que la gente nos miraba al pasar.- ¿Y
qué dirías si te digo que no solo me gustas, si no que te quiero, y que me
duele cada momento en el que te lastimas o pones esa cara de sufrimiento?
-Alicia,
yo…
-Ya
veo, eso no significa nada para ti, porque…porque…AL IGUAL QUE ELLOS TU SOLO
VES EL NIVEL ECONOMICO DE CADA QUIEN.
Me
aleje corriendo en dirección opuesta, Erick me persiguió y me hubiera alcanzado
de no ser porque un camión se atravesó en la calle dándome una distancia
considerable de ventaja. Mientras corría sentía como la presión en mi pecho se
incrementaba, al encontrarme en la entrada de esa casa color olivo enfermizo,
el respirar se había vuelto doloroso, el correr con aquel frio viento no era
bueno para los pulmones, era un alivio saber que la presión en mi pecho no era
más que un mal debido al frio. En cuanto escuche los gritos de Carmen y Patrick
me olvide de cualquier mal o frio polaco y entre de golpe a la casa con la firme
intención de enfrentar una vez más aquella redonda mujer, ya estaba furiosa
¿Qué más da una batalla más? Una vez adentro Rogelio se acercaba al pie de la
escalera, dispuesto a resolver aquella riña, los siguientes segundos pasaron en
cámara lenta frente a mí.
Carmen
en un arranque de ira empujo a Patrick por la barandilla, mi frágil y pequeño
hermano cayó frente a mis ojos lentamente, a la altura de un piso. Vi y escuche
como su cuerpo chocaba contra el piso, Rogelio miro atónito la escena, Carmen
solo chillo como si fuera un cerdo. Corrí a toda velocidad directo a mi
hermano, él no se movía, cheque su cuello, aun tenia pulso, pero débil, Rogelio
tomo a Patrick entre sus brazos, convenciéndome de que había a menos de unas
calles un hospital, lo introdujo al auto y comenzamos nuestro viaje al
hospital, yo acariciaba el rostro de mi hermanito, rogándole a dios un milagro.
Los
doctores no me dejaron ir con Patrick, tuvieron que sedarme, cuando desperté me
encontraba en los brazos de Rogelio, él lentamente me conto lo sucedido en mi
inconsciencia. Patrick había sufrido múltiples fracturas en brazos y costillas,
pero lo de mayor peligro era la costilla que se había roto y perforado un
órgano. Me levante de inmediato, al ver a los enfermeros alistando las jeringas
me tranquilice y trate de asimilar lo sucedido. Mi hermano estaba en peligro de
morir.
El
doctor salió del quirófano, Marta y Carmen apenas habían llegado, eran cerca de
las diez u once de la noche.
-Logramos
superar el daño a sus órganos internos, pero está muy débil, no estoy seguro,
pero nos mantendremos al margen, ¿Saben que provoco la caída?
-No
doctor-la voz repulsiva de Carmen me asqueo-No tenemos ni idea, él siempre ha
sido un niño inquieto de seguro jugando cayo por las escaleras.
Rogelio
la miro con incredulidad, no podía creer lo que su hija decía, pero antes de
que él pudiera hablar, fui yo la que pronuncio las primeras oraciones, el
cinismo de Carmen había llegado a su límite, yo ya no estaba dispuesta a hacer
como si nada y aceptar sus mentiras. Y menos que Marta solapara esas mentiras.
-Ella
fue la que empujo a mi hermano, él cayo por la barandilla de la escalera-Carmen
me miro severa- y hay tres testigos de ello, Rogelio, yo y Patrick, en vista de
que Patrick no está consciente tendrá que conformarse con nosotros.
-¿Es
eso verdad?-el doctor estaba aturdido.
-Por
supuesto que no-chillo Carmen.
Con
un gesto de su mano el doctor llamo a un par de policías que estaban en la
entrada de urgencias, estos se aproximaron, Carmen comenzó a ver su suerte y
mas porque ella era mayor de edad, el castigo sería grave.
-¿Te
gustaría repetir lo que acabas de decir?-el doctor me miraba fijamente.
-Permítame
hablar doctor, esta mujer-señalando a Carmen mientras colocaba una mano en mi
hombro- Ha empujado a mi sobrino y lo ha colocado aquí, yo lo presencie todo.
Al principio no sabía lo que pasaba hasta que vi que el pequeño estaba en el
suelo inconsciente.
-¿Cómo
puedes decir eso papá?-uno de los oficiales la esposo, esta se retorció y
chillo tal y como lo haría un cerdo.
-Señorita
está acusada de intento de homicidio y si ese niño muere la acusare de
homicidio.
-¿Pero
usted no puede hacer esto? Es claro que esta mocosa lo esta inventando-Marta me
soñaba con desprecio.
-A
por cierto, esto es algo que supongo tu tampoco sabias tío Rogelio-levante la
camisa dejando ver mi espalda y les enseñe uno a uno los moretones que me había
propinado Marta.-Ella me golpeaba cuando tu no estabas en casa y si preguntabas
sobre ello, ella me volvía a golpear y decía que me lo hice yo misma.
-Pero
yo, ¿todos estos años tu…?-Rogelio miro con severidad a Marta esta retrocedió,
intimidada- Nos veremos dos veces, una en el divorcio y otra en el
tribunal…para refundirte en la cárcel por maltratar a Alicia.
-Por
dios Rogelio, ella no tiene derechos ya, tiene dieciséis años, ya es bastante
mayor.
-el
oficial empezó a esposarla- Pero sigue siendo menor de edad y si se prueban los
abusos, usted pasara un tiempo en la cárcel.
Entre
protestas, ambas, madre e hija se alejaron, desapareciendo con las luces de la policía
tras ellas. Por fin lo había hecho, por fin había enfrentado a mis demonios, a aquellas arpías, pero a un muy alto precio,
siempre había aguantado siempre y cuando nada le pasara a Patrick, pero ahora
que por fin las había enfrentado, me di cuenta de que mi hermanito tuvo que
sufrir para ello. Una vez estabilizado, el doctor me dejo entrar a la
habitación y estar junto a él, todo bajo la supervisión de Rogelio. Me recargue
en la cama, esperando que las lagrimas salieran, pero nada. Entonces con la
esperanza de que él me pudiera escuchar comencé mi relato.
“Él
vampiro luchaba por el amor de Pamela, ambos luchaban por ella y solo por ella.
Cuando el vampiro bajo la guardia, Andreas clavo su espada en el corazón de
Magnus, Pamela soltó un gran grito desconsolado. Corrió hacia Magnus y lloro en
su regazo, aunque el corazón de Magnus no latía, sentía como este le dolía al
ver a Pamela llorar. Andreas no podía evitar más que sentirse culpable y
desdichado, quería a su hermana junto a él, pero no si esto significaba que
ella llorara. Andreas saco su daga y corto la palma de su mano, después hizo lo
mismo con Magnus, entonces a modo de juramento dijo-En nombre del cosmos y de
mi sangre interestelar, yo juro que mientras mi sangre corra por la tuya y tu
sangre corra por la tuya, no dejaremos que esta mujer vuelva a verter
lagrimas.”
“-Este
juramento te volverá inmune a todo mal que los vampiros padecen, como la luz
del sol, todo esto para que puedas estar al lado de ella y la puedas hacer
feliz, como hasta ahora lo has hecho. En cuanto a mí, yo vigilare y cuidare la
tierra para protegerte a ti, a ella y a su futura descendencia. Este pacto es
en nombre de la Luna y mientras esta exista, este pacto existirá también.-
Magnus se recupero de su herida rápidamente, y tal y como lo estipulaba el
pacto, él y Pamela vivieron juntos bajo la luz del sol, mientras Andreas
contemplaba la tierra, vigilándola desde su nave rotando alrededor de la Luna.
¿Sabes a que se compara su amistad? A la Tierra misma, Andreas es el aire, el
oxigeno, porque siempre está sobre ellos observando y contemplando, además de
que si no fuera por su pacto Magnus no estaría vivo; Magnus era la tierra
solida y firme, al igual que su amor por Pamela, y ella era como el agua pura y
refrescante, como la sensación que les brindaba aquellos dos hombres. Fin”
Mientras
soñaba con naves espaciales, vampiros, jóvenes enamoradas, unos ojos gris
profundos y una sonrisa juguetona en un niño castaño que acariciaba a un perro,
desperté de mi ensueño con el bip de las maquinas alrededor de Patrick. Él se
veía tranquilamente dormido, y yo estaba acurrucada junto a su cama, en ese
momento Rogelio entro a la habitación con un cambio de ropa y otros objetos. Me
ordeno que fuera a cambiarme, obedecí, agotada, me cambie en el baño del
hospital, coloque la bolsa en recepción y me dirigí a la cafetería dispuesta a
hacerme un café, pero solo había una maquina que te servía el café de cualquier
sabor en un vaso, hacia frio así que no me puse quisquillosa, escogí un café
sabor vainilla.
Una
vez terminado, salí para volver al cuarto, cuando entre me encontré con Erick
junto a Patrick, como si fuera arte de magia los ojos de Patrick se abrieron
lentamente, yo me acerque rápidamente, deseando que él me dijera que todo
estaba bien.
-Hey,
amigo-dijo Patrick con voz débil, Erick se acerco sin decir nada- Algún día
seré tu cuñado, quieras o no, pero mientras ese día llega-tomo un poco de aire-
en cuanto me ponga de pie te pateare el trasero por lastimar a mi hermana, ¿me
entiendes?-Erick asintió comprensivo, luego Patrick se dirigió a mi- Como
siempre tus historias me impresionan, me gusta el final, Andreas pudo explorar
la tierra y hacer feliz a su hermana…eso es lo que quiero hacer yo, viajar y
hacerte feliz.
-Con
que respires me haces feliz-mis ojos empezaban a humedecerse.
Rogelio
entro a la habitación acompañado de un doctor que enseguida examino los signos
vitales de Patrick- Usted-Patrick se dirigió al doctor- tiene que curarme de
inmediato para poder salir de esta cama y golpear a ese chico de gafas.-el
médico rio, Erick solo se limitaba a sonreír, aun no sabía porque estaba allí.
El
médico me hizo salir del cuarto junto con Erick, yo trate de evitarlo caminando
sin rumbo en dirección contraria, pero sin darme cuenta me encontraba justo en
la entrada del hospital, al ver que Erick se me acercaba me resolví a salir,
una bocanada de frio me tomo por sorpresa, apenas avance cinco pasos cuando
sentí una bufanda cálida enredarse en mi cuello y al girarme vi los ojos grises
y hechizantes de Erick.
-Me
sentiría muy mal si te enfermas por el frio-su voz era firme y buscando una
disculpa, calculando cada palabra.
-¿Por
qué estás aquí?
-Tu
tío me llamo, enserió que no se cómo la gente consigue mi teléfono, en fin, en
cuanto me entere corrí hacia aquí, quería saber cómo estabas.
-¿Para
qué, si de todas formas tu aseguras que es malo estar conmigo porque quererme
es una agonía? Supongo que ya no me quieres.
-Tienes
razón, ya no te quiero-sus palabras me golpearon el corazón, pero antes de
sentir la presión acostumbrada en mi pecho, sentí el calor del cuerpo de Erick,
envolviéndome en un gran abrazo, como solo él podía.-Ahora te amo.
-trate
de apartarme pero Erick me apretaba mas y mas a él- ¿Cómo puedes decir eso?
-Te
advertí que mi cariño estaba en riesgo de convertirse en amor y eso es justo lo
que acaba de pasar-deje de luchar, levante la cabeza y mire sus ojos gris
profundo contemplarme bajo las gafas.- Claro, si aun estas dispuesta a aceptar
a este hombre estúpido, pobre…y perdidamente enamorado de ti.
-¿Por
qué? ¿Por qué me quieres?
-Por
el simple hecho de que tu no miras la situación económica, tu solo vives en tu
mundo de irrealidad, también porque me haces reír a carcajadas, me levantas el
ánimo cuando me hace falta…además-él se acerco lentamente a mí, su frente
contra la mía, su respiración sobre mi rostro-además tienes unos ojos
hechizantes.
-aparte
sus lentes de su rostro y los coloque cuidadosamente en su bolsillo-Tu también
tienes ojos hechizantes.
Él
soltó una leve sonrisa y luego se aproximo más y mas cerca a mis labios, hasta
que ambos tuvieron contacto. Su beso era cálido y nuestros cuerpos
proporcionaban el calor suficiente, aquello era tan suave y cálido que ni
siquiera notamos cuando empezó a caer la nieve. Pequeños copos de nieve caían
sobre nuestro cabello, nuestra ropa, mientras nosotros nos perdíamos en aquel
beso, un beso que parecía simple a la vista de las personas que pasaban, pero
para nosotros iban sentimientos, pensamientos, desesperación, emoción y por supuesto,
amor. Este sentimiento me hace sentir llena, por fin siento que alguien me
quiere, que alguien me necesita, quiero vivir en este mundo y nunca salir del,
quiero mi vida junta a este hombre, mi hombre.
-Además
hueles a vainilla, me encanta la vainilla.-Erick volvió a besarme una y otra
vez, cada beso era como el primero, cálido y tierno.
-¿Estas
aprovechando mi emotividad ahora que mi hermano a despertado?
-Tú
misma lo has dicho, soy un esposo pervertido y recientemente…aprovechó
cualquier oportunidad para verte inofensiva y así poder entregarme sin temor a
salir con la nariz rota.
-solté
una risita- ¿Nariz rota?
-Bueno
fierecilla, para ser tan pequeña tienes
mucha fuerza, no quiero arriesgarme.-y ahí abrazados uno contra el otro nos
dejamos llevar por el calor de nuestros besos y nuestro cariño.
Ahora
me encuentro aquí, relatando esta historia, contando a cada uno de ustedes en
este extenso discurso, la alegría y problemas que he pasado junto al hombre que
amo. Y si, con mi barriga de seis meses de embarazo me he parado aquí, para
pronunciar este discurso, esta historia, en la boda de Patrick y Pamela. Espero
que ambos sean tan felices como Erick y yo lo hemos sido por estos diez años.
Que vivan los novios.
FIN.
