sábado, 14 de septiembre de 2013

Entre lineas

Las primeras gotas de lluvia caían débilmente, como si se trataran de plumas, suaves y ligeras. Para ser Agosto era un día bastante propenso a la lluvia. Me agrada la lluvia, me hace sentirme fresca e inspirada, mi pequeño y frágil mundo se vuelve todo sensaciones y sonidos, desde la fresca brisa con olor a tierra mojada que recorre cada centímetro de mi rostro y cabello, hasta el sonido un tanto melancólico de los autos corriendo a través de los pequeños charcos que se forman en la calle, formando una sinfonía de motores y agua siendo salpicada.
Mis pensamientos de lluvia y orquestas hechas a base de motores y charcos se desvanecieron al escuchar la voz de Susana llamándome por detrás. En cuanto me di la vuelta lo primero que vi era la cabellera castaña clara de mi amiga y su listón rosa pálido atado perfectamente en la coleta de caballo. Después de una extraña mezcla de castaño y rosa pálido, me encontré a mi misma sintiendo la necesidad de aire. Susana tenía una gran fuerza al abrazar y la mayoría de las veces era tan rápido su ataque y repentino que no me daba tiempo de prevenir o incluso escapar, por lo cual siempre terminaba siendo estrujada con tanta fuerza que por alguna razón milagrosa no moría por falta de oxigeno.
-Me parecieron años los que pasaron sin verte, te extrañe demasiado-dijo Susana después de soltarme.
-Igual yo…
-Y que mejor para recibir a mi amiga que con un abrazo de oso-la sonrisa en su rostro era amplia, aquella sonrisa que derretía a cualquiera.
-Más bien lo sentí como una anaconda tratando de convertirme en el almuerzo.
-Como se ve que a ti te va mejor lo de ser masoquista, no te gusta que te den cariño-dijo frunciendo el ceño.
-Hay una gran diferencia del cariño y que atenten contra mi vida tratando de dejarme sin oxigeno, debes de saber que no soy un oso de felpa, tengo huesos y pulmones.
-Es cierto no eres un oso de felpa-cambio su ceño fruncido por una sonrisa radiante, a la vez que subíamos las escaleras a nuestro salón. Una vez que llegamos a nuestro piso, se arrojo hacia mí y me dio un abrazo de lado ligero, me dejaba respirar-Pero eres tan adorable como un enorme peluche, grande y esponjoso.
-¿Ahora pase de ser masoquista a esponjosa? No sé cómo tomar eso…además de que me estas insinuando que estoy gorda.
-Claro que no, eres adorable eso es todo.
Una vez llegado al salón Susana coloco su mochila en su respectivo lugar, ella se encontraba casi al frente por ser de las primeras en la lista, por lo cual colocaba su mochila entre las primeras bancas para una vez que el profesor dictara los lugares según el numero de lista, ella no tuviera que moverse a una gran distancia. Mientras que yo me encontraba entre los últimos, cuando me di la vuelta me percate de dos cosas; La primera que Susana se acercaba con pasos llenos de gracia y alegría, como si estuviera caminando por alguna pasarela o en una alfombra roja, majestuosa y con total confianza en cada uno de sus movimientos. La segunda era que mis compañeros la observaban con curiosa fascinación, los chicos con anhelo y las chicas con una ligera mezcla entre celos y admiración.
Aquella era mi amiga, la chica que provocaba suspiros en los hombres con tan solo una sonrisa. En ocasiones me sentía opacada por ella, debido a que ella a pesar de llevar el uniforme siempre se las arreglaba para llevar algo colorido que resaltara su feminidad, ya sean collares, aretes, pulseras, listones o maquillaje de cualquier tipo. Junto a ella mi uniforme simple sin ninguna clase de adornos más que mi collar en forma de corazón azul, no lucia nada llamativo, además mi cabello castaño oscuro, casi negro, y ondulado, no eran interesantes a comparación del cabello castaño claro de Susana. Ella era femenina y alegre, yo sin embargo, era la chica apagada y sencilla que era la mejor amiga de la chica resplandeciente.
La llegada del profesor hizo que todos tomaran un lugar, nosotros a pesar de estar ya en bachilleres, nos sentábamos en binas. Lo primero que hizo el profesor fue presentarse, era el maestro a cargo de Física, después comenzó a dictar los lugares respectivos, algunos maestros nos dejaban sentarnos donde quisiéramos pero eran escasos. Como era de esperarse de la buena suerte de Susana, ella se encontraba sentada junto a Isaac Caballero, uno de los chicos mas apuestos del salón, era como la versión masculina de Susana para mí; Alto, con una sonrisa radiante como el sol, cabello rubio y bien cuidado, además de ser el capitán del equipo de futbol de la escuela. Era justo el tipo de chicos con los que frecuentaba Susana, apuestos y que despiden una confianza casi ilegal. En ese momento pensé en que tal vez las personas apuestas y que no vacilaban en nada de lo que hacían eran destinadas a estar juntas, ya sea por una amistad o por un romance, eran como la clase VIP del salón, siempre hay de esas personas en cualquier lugar y la escuela no sería la excepción.
-Alicia Rodríguez-La voz del profesor me sobresalto, a la vez que me percataba de que estaba molesto como si hubiera llamado varias veces mi nombre.
-Presente
-Espero que no sea así de distraída en mi clase, ¿quedo claro?
-Sí, yo…-las palabras no querían salir, simplemente me sentía presionada, no me agradaba en nada tener la atención en mí y ahora el salón entero me observaba, observaban a la primera chica que regañaba en profesor en el primer día de clases y en la primera clase. Sin duda había comenzado el año con el pie izquierdo.
-Tome asiento-señalando mi lugar.
Camine a mi lugar junto a la ventana, sintiendo aun las miradas. Casi al instante en que coloque mi mochila en la banca y me disponía a tomar asiento, el salón entero se volvió silencio, me di la vuelta, temerosa de que haya hecho alguna ridiculez mayor y a la vez deseando que sea otra persona la razón del silencio. Para mi escasa suerte, era un joven el que provoco aquel silencio.
El salón entero paso del silencio a los murmullos, para después dejarlo de lado y volver al sonido típico de jóvenes hablando de sus vacaciones y conversando tranquilamente. Pero por alguna razón yo no pude evitar examinar a aquel joven mientras me sentaba; Era alto, delgado, cabello negro y lacio, y llevaba unos lentes de profesionista que enseguida me hizo relacionarlo con los abogados, aquellos que se ven formales y lo son. Le entrego un papel al profesor, este asintió y con un rápido movimiento casi imperceptible con la mano empezó a escribir algo en la lista.
Me dedique a contemplar a través de la ventana, la ciudad ahora se encontraba empapada por la lluvia, esta había cesado, me pregunte cuanto había pasado y cuanta fue la lluvia, debido a que esta casi se había evaporada dejándole paso a los rayos del sol. El cielo comenzaba a despejarse, aunque aun se veía la amenaza de la lluvia.
El sonido de algo chocar contra el suelo me despertó, al mirar vi mis colores en el suelo, casi por reflejo me agache para recogerlos, sin saber cómo terminaron ahí, lo siguiente que sentir fue el de una cabeza chocando contra la mía. La queja no se hizo esperar, levante la cabeza mientras me frotaba la frente, aquellos ojos no los podría olvidar, parecían como producto de una de mis historias, al fijar un poco más la vista contemple al joven de lentes y cabello negro que había llegado al salón, frotándose el lado izquierdo de su frente. Aquellos ojos eran enigmáticos, eran de un color gris casi plateado, pensaba que ese color de ojos no existía, a pesar de estar tras esos lentes, esos ojos no dejaban de ser enigmáticos y un tanto hechizantes.
Me sentí avergonzada al darme cuenta del ridículo que había hecho, me agache de nuevo para recoger mis colores y de nuevo ambos chocamos nuestras frentes, él coloco una mano en señal de advertencia de que me detuviera, se agacho y tomo mis colores y los coloco cuidadosamente en la pequeña de bolsa color negro de colores que tenia, los tomaba y acomodaba como si se tratara de cristal con el que estuviera tratando.
-Lo lamento-No podía evitar sentirme avergonzada, seguramente mis cosas habían caído al suelo y en vez de agradecerle por querer recoger los colores por mí, termine chocando con su cabeza…dos veces.
-No, fue mi culpa-su voz era formal, como si se tratara de un adulto con el que estuviera hablando- Me iba a sentar y vi tu mochila en la banca, te vi tan fascinada viendo por la venta que no quise interrumpirte, termine moviendo la mochila pero por alguna razón tus colores cayeron al suelo.
-Yo…pudiste haberme interrumpido, después de todo era tu lugar estabas en tu derecho de pedirme mover mis cosas.
-Tal vez si tu no hubieras puesto tu mochila en mi silla esto no hubiera pasado, ¿a caso no consideraste que habría alguien que se sentara a tu lado?
Aquellas palabras fueron como un baño de agua fría. Tenía razón, yo no era la última de la lista por lo cual era natural que le tocara a alguien sentarse a mi lado, ¿Cómo podía ser tan descuidado? Aquello incluso era una falta de modales. Estaba tan centrada en mis pensamientos de chicos y chicas atractivas que conviven naturalmente entre ellos como si esa fuera su naturaleza. Trataba de olvidar la reprimenda del profesor por mi distracción. Tal vez el tenia razón, yo era demasiado distraída, ¿Había acabado incluso en los malos modales mi nivel de distracción? Y para empezar ¿con que tipo de cosas me distraía? Con la lluvia cayendo en la ciudad, los estándares sociales y mi nivel en esta sociedad o al menos en esta escuela, en este salón. Aquellas cosas eran simples y casi vacías, sin duda mi falta de concentración era un terrible defecto y lo peor es que no era consciente de que lo poseía.
Este joven misterioso y de ojos grises como la plata me había mostrado la descuidada persona que era yo.
-Era una broma-su voz me saco de mis pensamientos de auto castigo. Ahora contemplaba a un joven confundido y claramente arrepentido, como si hubiera roto algo por accidente.
-¿Qué?-Mi voz sonaba ahogada, no había sido consciente de que había aguantado la respiración hasta este momento.
-Yo…solo quería bromear un poco, pero creo que te lo tomaste muy enserio. Lo lamento. No lo volveré a hacer.
-¿Qué parte? ¿En la que quitas mis cosas sin permiso y terminas tirándolas o en las que insinúas que no tengo modales?-Observe como su rostro se tensaba y bajaba la cabeza. Antes de que siquiera abriera la boca, formule mis palabras rápida y cuidadosamente, cuidando mostrar mi tono burlón y formar la mejor sonrisa que podía.-Era broma, parece que te lo tomaste muy enserio. Yo solo quería responder a tu broma-Levanto su rostro con ojos esperanzados y  redondamente confundidos- Parece que ambos somos malos bromistas, ¿Qué deberíamos hacer?
Me dedico una sonrisa amplia y brillante, note sus dientes en perfectas condiciones, parecía una de esas personas que salen en los comerciales de pasta de dientes, pero por su piel moreno claro, su sonrisa se veía más blanca. Aquellos ojos habían dejado la confusión por autentica alegría, aquella mirada solo la había visto en Susana, pero por alguna razón esta mirada era diferente y se sentía diferente.
-Que te parece si dejamos las bromas, al menos hasta que seamos capaces de hacer una sin perjudicar  a la otra persona. No mas bromas hasta que aprendamos a usarlas para hacer reír a la gente.-Me extendió la mano, yo la estreche dudosa-Entonces es un trato. Por cierto, me llamo Erick Salazar.
-Alicia-tarde en que mi cerebro procesara las siguientes palabras-Rodríguez, Alicia Rodríguez.
-Muy bien Alicia, creo que compartiremos asiento, al menos en esta clase, así que es un placer conocerte.
Su sonrisa blanca y su mirada alegre provocaban algo en mi interior, algo cálido que me hacía sentir comoda, pero a la vez me hacía sentir intimidada e insegura. Conforme avanzaban las clases nos fuimos dando cuenta de que la mayoría de los profesores nos sentaban según la lista, así que al final parecía que terminaría compartiendo lugar con Erick, al menos en este semestre. A la vez me di cuenta de que Erick era silencioso, no se parecía a aquel joven confundido y alegre con el que había conversado, este era formal y totalmente concentrado en las clases, aunque los profesores solo dictaban como querían los cuadernos y libros, los apuntes de los bloques, los propósitos etc. Todo aquello para Erick parecía como si fuera de suma y urgente importancia.
Dos cosas había notado una vez llegado el receso, en primera que no encajaba en absoluto entre las nuevas amistades que había conseguido Susan y en segundo que no había visto a Erick en todo el receso, a pesar de que había dado varias vueltas por la escuela con el pretexto de tomar agua, ir a la cafetería o ir al baño. En parte había inventado esos pretextos para alejarme del ambiente incomodo que sentía con aquella gente, era obvio que yo no encajaba en aquel grupo, pero aun así me preguntaba una y otra vez el porqué buscaba a Erick, era ridículo, por lo cual volvía al grupo de chicos VIP, pero en cuanto me sentía incomoda volvía a inventar otro pretexto, comenzaba de nuevo mi búsqueda y el ciclo se repetía.
Mi plan de escabullirme cada que quería no había pasado desapercibido, ya que una vez terminando las clases, Susan me detuvo antes de que pudiera salir de la escuela.
-¿A dónde crees que vas jovencita?-Susan se había colocado enfrente de mi y con las manos a las caderas.
-Las clases ya acabaron así que supongo que me dirijo al lugar en el que me estoy hospedando, creo que los humanos lo llaman “Casa”.
-Sabes bien a que me refiero, te pasaste todo el descanso hiendo y viniendo, ¿sucede algo?
-Yo, ya sabes cómo soy, no puedo estar en un solo lugar.
-Pero no puedes dejar a las personas con las que estas y luego volver como si nada.
-Eso lo tengo más que claro-mi voz era baja, no quería que ella me escuchara, solo quería escucharme a mí misma.
-¿Qué dijiste?
-Dije que no me gusta estar en un solo lugar, me gusta caminar y moverme por la escuela. Y ustedes solo se quedaban sentados, hablando y riendo, no es mi estilo.
-¿Qué no es tu estilo? ¿Reír, ser feliz? Vamos Alicia, eres muy agradable seguramente les caerías bien a cualquier persona, pero para eso necesitas conversar con ellas y mostrarles lo genial que eres.
-¿A qué viene eso?
-Me gustaría que empezaras a familiarizarte con los chicos, después de todo son nuestros amigos.
-¿Amigos?-Por alguna razón es palabra me sonaba demasiado precipitada y ridícula.
-Pero claro, yo…
El sonido del claxon del auto de sus padres la interrumpió, ella se despidió resignada de mí y luego se marcho a grandes saltos, como si corriera por un campo de flores, idéntico que en las películas. Habían pasado ya 4 años y no dejaba de impresionarme el imponente auto que tenían sus padres, era una Hummer enorme, de color rojo intenso y con unas llantas imponentes y gruesas, el papá de Susan era doctor y su mamá era dueña de una línea de estéticas, además ella era hija única, por lo cual toda la atención y beneficios solo eran para ella. El inmenso auto se marcho haciendo sonar su potente motor.
Yo seguí mi camino hasta aquel lugar que la gente llamaba hogar, aunque para mí solo era una casa. El camino seguía húmedo, así que me dedique a contemplar mi reflejo en cada uno de ellos, aunque no pude ver nada, estaban demasiado agitados por los autos que pasaban continuamente sobre ellos. En el camino observe una pequeña tienda de curiosidades, entre ellas vi un muñeco de Capitán América, enseguida entre a la pequeña y humilde tienda.
Conforme me acercaba, vi la casa de color enfermizo y barandal blanco, estacionado en la cochera había un Sentra color beige, introduje la llave en la puerta del barandal y en cuanto entre vi más de cerca aquel color enfermizo, verde olivo, por alguna razón el verde no era de mi agrado. Siempre me pareció enfermizo o deprimente, aunque lo de deprimente tal vez lo había adquirido por el significado de aquella casa.
En cuanto me coloque frente a la puerta, considere la posibilidad de irme a otro lugar, pero no tenia caso, ya estaba anocheciendo. Entonces sentí la presencia de aquella criatura malévola, Oliver, aquel gato rojizo y rechoncho era la mascota de Carmen, debido a lo tanto que se le mimaba yo lo relacione con Garfield, era gordo y perezoso, pero claro, siempre esperaba la oportunidad perfecta para atacarme a mí o a Patrick.
Esta vez, parecía más redondo que de costumbre, seguramente era día de paga y la madre de Carmen como era de costumbre gastaba su dinero en los deseos de su hija, los cuales eran ropa y sobrealimentar a ese gato.
Intente apartarlo de una patada de las escaleras pero el felino deslizo su redondo cuerpo atreves de la puerta para mascotas colocada en la parte inferior de la puerta, la cual ahora le quedaba pequeña. En el momento en que se atoro aproveché para darle una patada a su gordo trasero, el gato salió disparado y soltando un gruñido se alejo.
En cuanto entre a la habitación me encontré con una serie de ruidos muy familiares en los días de paga, al menos en esa casa. Avance por el pequeño pasillo y una vez que llegue a la sala me encontré con la misma escena de cada quincena; Carmen, mi prima, vestida con un ridículo vestido que le quedaba pequeño y apretado, esta vez era de color verde olivo, color más despreciable no había elegido. Mi tía Marta se encontraba sentada en la sala contemplando fascinada a su hija, el tío Rogelio como siempre, estaba sentado en su sillón de siempre, con una cerveza en la mano y tratando de no dormirse, el rostro demacrado de él me hizo sentir mal. El pobre hombre trabajaba casi 11 horas, todo para que el par de mujeres gastaran aquello en ridículos vestidos y en ese gato regordete y holgazán.
La voz de Carmen cantando era suficiente para despertar al tío Rogelio, Carmen poseía la increíble capacidad de cantar y hacer parecer dos cosas, una es que un animal está mal herido y la segunda, te hacia tener la necesidad de cortarte los oídos, a media noche cuando ella realizaba su recital para dormir, algo parecido a una canción de cuna, me hacia incluso maldecir el sentido del oído.
Busque por toda la habitación a aquella melena castaña clara, esa figura pequeña tenía que estar en algún lugar jugando u ocultándose de aquel atentado contra los oídos.
-Alicia, que bien que llegaste-La voz cansada del tío Rogelio me hicieron sentirme lejos de incomoda, triste, sentía empatía por aquel hombre, me imaginaba lo que era saber haberse casado con una mujer tan desagradable y desgarbada como la tía Marta.
Ambas mujeres me dedicaron la misma mirada que siempre, de desdén.
-No entiendo porque le prestas atención a esta niña-la voz de Marta siempre era severa y llena de orgullo cuando habla de mí.
-No es una niña, es una joven, además me preocupaba que algo le hubiera pasado, después de todo…después de to…-Rogelio soltó un evidente bostezo de cansancio, las ojeras en su rostro cansado y delgado, me hicieron sentir coraje por la enorme injusticia, él ganaba ese dinero con el sudor de su espalda y aquellas dos arpías se lo gastaban en tonterías y nunca daban las gracias.
-Lo sé, es tarde, no te preocupes tío Rogelio. Las calles estaban empapadas y tuve que tener precaución.
-Ya veo, supongo que no es tu culpa, aun así, llama por favor la próxima vez, me tenias preocupado.
-¿Por qué bostezas papá? A caso no te gusta como canto, ¿Por qué le prestas más atención a Alicia que a mí, que soy tu hija?-la regordeta de Carmen hacia pucheros como si fuera una niña chiquita.
-Carmen tiene razón, Rogelio, ella debería ser tu prioridad no…Alicia-la mirada de desdén no se apartaba de los ojos vidriosos de Marta. Sus ojos saltones y vidriosos siempre me parecieron los de un pez.
-Pero Alicia es tu prima y vive con nosotros por lo tanto ella…ella…
-Tío Rogelio, ¿Por qué no vas a dormir? No te ves muy bien.-mi voz era firme y clara, me acerque a él y me lo lleve del brazo hasta las escaleras, tal vez eran las 8:30, pero su rostro mostraba como si sintiera que eran las 4 de la madrugada.
-Sí, eso hare, buenas noches.-se marcho prácticamente arrastrando los pies.
A su vez me aleje de la sala y subí a mi habitación, no estaba de humor para aguantar los insultos y miradas furiosas de aquel par de mujeres.
Solo había dos razones para quedarme en aquella casa, la primera era el tío Rogelio, sin mí para marcar la línea de resistencia humada ante el sueño, tal vez no duraría ni un mes cuerdo.
La segunda razón se acerco por detrás y me abrazo fuertemente, sus pequeñas manos me daban ternura, y su abrazo me hacía sentir fuerte, no me estrangulaba como los abrazos de Susana, estos abrazos eran cálidos y suaves. Cuando me gire, contemple los ojos ansiosos de Patrick.
-¡Alicia! Me agrada tanto que estés aquí, pensé que te habían secuestrado los extraterrestres.
-¿Por qué pensaste eso?-no pude evitar soltar una risita.
-Se hizo tarde y creí que te habían secuestrado para obligarte a unirte a su ejército de extraterrestres súper inteligentes, ya sabes-me hizo señales con las manos para que me acercara y luego me dijo en susurros- ellos ya saben que tú eres muy inteligente y quieren que te unas a ellos para así salvar una especie supe desarrollada de los seres humanos.
-Ya veo, bueno pues no me secuestraron ningún tipo de extraterrestres, creo que aun no saben dónde estoy, ya sabes-me acerque a él y pronuncie mis palabras a su oído- tengo un hermano muy fuerte, el más valiente caballero de todo el universo, así que ellos no se quieren acercar a ti y por lo tanto no son capaces de encontrarme.
-Y más les vale que no lo hagan, si no, yo iría a por ellos y les daría una lección-corrió por toda la habitación haciendo gestos de batalla, termino subiéndose a la cama y se coloco en una posición heroica- Yo te protegeré de todo y estaré siempre a tus lado. Ningún extraterrestre se llevara a mi hermana.
-Mi héroe
-Alicia-Patrick callo sentado en la cama, entonces contemple que llevaba su pijama, aquellos pantalones de Bob esponja y camiseta azul marino eran sus preferidos para dormir- ¿Me podrías contar una historia?
-¿No me digas que a tus diez años aun te gusta escuchar las aburridas e infantiles historias de tu hermana mayor?-Patrick se quedo en silencio y se recostó en la cama con sabanas estampadas del Capitán América. Me aleje de la habitación y me dirigí al baño, ahí y me coloque la ropa para dormir, en cuanto salí me encontré con la regordeta y grasosa cara de Carmen, esta sostenía a Oliver y le acariciaba la cabeza, los tubos en su grasoso cabello rojo me hicieron recordar a las señoras de las caricaturas; con grandes camisones, tubos en su cabello y regordetas a más no poder. No pude vitar soltar una mueca en mi intento de no reír. La ignore y continúe mi camino a mi habitación. Para suerte mía, Carmen solo hizo un bufido de asco y se marcho por el oscuro pasillo hasta su habitación.
Una vez que llegue a mi habitación me encontré con Patrick sentado en la cama, probablemente esperando a que yo volviera.
-¿No deberías estar ya dormido?-dije mientras guardaba mis zapatos debajo de la cama.
-Sabes que no puedo dormir sin escuchar una de tus historias-sus ojos se veían cansados, Patrick podía ser muy testarudo.
-Muy bien, pero solo una, después quiero que te encuentres en el país de los sueños, ¿entendido?
-Entendido.
Patrick se acostó en la cama, mientras yo acercaba una silla y la colocaba junto a su cama, contemple sus ojos cansados y acaricie su cabello castaño claro.
“Nuestra historia comienza fuera de este planeta, en una nave que orbitaba suavemente alrededor de la Luna. Esta nave vigilaba a la tierra y la protegía de cualquier tipo de amenaza interestelar. Esta nave era de color cromo, aquella nave se confundía fácilmente con la Luna de fondo, por lo cual ni los más poderosos telescopios podrían verla. La nave fue nombrada ‘Lady Lunas’ en honor a que siempre giraba en torno a la Luna, tan silenciosa y solitaria. A Lady Lunas la comandaba el capitán Ferrer, un hombre serio pero bondadoso con sus tripulantes, el capitán Ferrer tenía un hijo, el cual vagaba por la nave contemplando el espacio y la Tierra. Su nombre era, Andreas.
Veras, Andreas jamás había pisado tierra, desde que era un bebé había vivido en aquella nave color cromo. En vez del cielo azul solo había contemplado las estrellas y el espacio silencioso y solitario. Él nunca había sentido la brisa del aire, jamás había visto la nieve, no había escuchado el sonido de los pájaros cantar. Durante 19 años había contemplado la Tierra, soñando con vivir en ella, añorando ver algún día de cerca toda esa agua que se veía y también…anhelando poder sentirse libre, corriendo por la verde hierba.
El padre de Andreas era consciente de lo solitario que debía sentirse su hijo, ya que en la nave solo había gente adulta, su hijo había pasado su infancia sin jugar con otro niño de su edad y ahora estaba viviendo su juventud sin conversar con alguien joven. Andreas se llevaba bien con todos los tripulantes, pero no podían sustituir a la compañía de un enérgico joven. Así era Andreas, un joven solitario que vagaba por la nave color cromo, contemplando el espacio y soñando con vivir en la Tierra, recostarse en la hierba y sentir la brisa en su rostro.
Un día el capitán Ferre mando llamar a su hijo, este se presento, con su armadura del color del cosmos, su cabello rubio parecía casi plateado por la luz que reflejaba la luna, además sus ojos azules hacían un perfecto contraste con las estrellas que se reflejaban en sus ojos.
El capitán le informo que era consciente de que la estadía en la nave podría ser agobiante y solitaria, por lo cual le obsequio un telescopio que había mandado hacer especialmente para él, este tenía grabado en letras doradas el nombre de Andreas. Con ese telescopio podría apreciar más de cerca la Tierra y con ello tal vez el joven con armadura del color del cosmos se sentiría menos solitario. Andreas abrazo a su padre y le agradeció aquel magnífico regalo. El capitán Ferre se despidió de él y se marcho haciendo resonar el metálico piso de la nave.
Andreas se emocionó y comenzó a ver la tierra, aquel telescopio le permitía ver cada parte de la tierra tan cerca que incluso parecía como si estuviera enfrente de las cosas. Observo la Torre Eiffel, recorrió la gran muralla china y contemplo los magníficos jardines de Londres, estaba ansioso por recorrer cada parte de la Tierra. Se detuvo a observar a unos jóvenes que se dirigían a sus casas después de ir a aquello a lo que la gente de la Tierra llamaba escuela, aquellos seres eran como él, su piel era tersa, no se veía ningún rastro de arrugas, así como lo había visto en la gente de la nave. Siguió a los jóvenes y se imagino caminando junto con ellos, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una cabellera castaña corrió bajo la lente de su telescopio, era una joven. La contemplo más de cerca, Andreas quedo atrapado por los ojos verde esmeralda y profundo de la chica, aquel color le resultaba hechizantes en más de una manera.”
Me obligue a dejar mi mundo de irrealidad en cuanto vi que Patrick ya se había dormido, coloque la silla de nuevo en su lugar, me acerque a la cama de Patrick, lo arrope bien y acaricie suavemente su frente. Cerré la ventana en cuanto vi que el cielo amenazaba de nuevo con dejar caer la lluvia. Me acosté en mi cama con sabanas azul marino y estrellas estampadas en el, las contemple distraídamente, imaginando en que así de seguro debía ser el espacio, tranquilo y silencioso. Poco a poco me deje llevar por el sueño.
La noche se fue un parpadeo y el día llego, manifestándose a través de los rayos de sol que penetraban mis parpados. Me escondí debajo de las sabanas, sintiendo mis ojos pesados, al final me levante al escuchar las protestas de Patrick, cuando me senté y mis sentidos se afinaron, me levante y me dirigí a mi armario al ritmo de ‘El rey tiburón’ de Mana. La suave canción llenaba mis oídos y se incrustaban en mi cerebro, tome una camiseta a cuadros roja y mis vaqueros, mi siguiente destino fue el baño, ahí tome una ducha rápida moviéndome dentro de la regadera al ritmo de aquella canción, segura de que nadie me observaba. Una vez terminado me coloque la ropa lo más rápido que pude, me cepille los dientes y volví a la habitación, la canción ya había desaparecido y me encontré con Patrick moviéndose con pasos torpes por la habitación, chocando por ahí y buscando a tientas su armario.
-Supongo que tú fuiste el responsable de que Mana detuviera su concierto privado.-me acerque a su armario y tome su uniforme, se lo tendí y lo tomo aun con expresión cansada. Me concentre en su cabello enredado y castaño, sin duda la imagen clásica de un chico de diez años por la mañana.
-De hecho creo que acabo la batería de tu celular, tu sabes que yo no tengo nada en contra de Mana-Se froto los ojos, soltó un ligero bostezo y luego me dirigió una mirada risueña, señal de que había despertado al completo.
-Muy bien, ahora ve a ducharte antes de que Carmen entre y ese baño se vuelva inhabitable.
-Sip.
Patrick salió corriendo directo al baño que se encontraba cruzando la habitación, su energía era de envidiar, si había alguien capaz de levantarse casi en un estado de zombi y despertarse al completo sin necesidad de  café en menos de 3 minutos, era Patrick. Camine escaleras abajo hasta la cocina, contemple las fotografías en la pared junto a las escaleras, estas eran fotografías familiares; Con Carmen cuando era niña, siempre me pensé que tenía cierto parecido a Mafalda, excepto que ella era pelirroja, había fotos de Marta y Rogelio, justo a medio camino había una pequeña foto de mi familia, Mamá, Papá, Patrick recién nacido y yo, con un ridículo vestido rosa con lunares cafés, el resto de mi familia parecían una especie de súper modelos. Mamá con su cabello castaño claro y ojos azul claro, era increíble el parecido entre Patrick y ella, aunque Patrick parecía haber heredado la mandíbula cuadrada de papá, pero debido a su corta edad, aquel rasgo era apenas detectable. En cuanto a papá, el era más un desconocido para mí, no tenía muchos recuerdos de él y tampoco era consciente de que alguna vez me haya hablado o sostenido en sus brazos. Sentí una oleada de soledad, él hombre en uniforme militar que había en aquella foto no era para nada familiar.
-Siempre me impresiono el gran parecido que tienes con tu padre-la voz de Rogelio me sobresalto, gire mi cabeza para verlo, él contemplaba nostálgico la pequeña fotografía- El mismo cabello, los mismos ojos, la misma piel e incluso-esbozo una ligera sonrisa, como recordando algún momento feliz-La misma mirada. Aunque claro, tienes la forma del rostro de tu madre, supongo que adquiriste lo mejor de ambos, pero si me lo preguntan-me observo con una gran sonrisa en su rostro- Creo que eres la viva imagen de tu padre, si mi hermano hubiera sido mujer, hubiera sido exactamente como tú.
¿Y cómo era yo? ¿Una chica distraída? ¿Alguien que se perdía en libros y divagaba sobre cualquier cosa que sucediera a su alrededor, ya sea la estructura de un edificio o una simple hoja de árbol meciéndose por el pavimento? Detuve mis pensamientos en cuanto vi que tío Rogelio empezaba a poner una mirada triste, cada vez que recordaba a mi padre o a mi madre se deprimía.
-¿Gustas una taza de café?-dije tratando de desviar la conversación sobre parientes que apenas recuerdo.
-Eso me encantaría-me dedico una sonrisa pero aun si quitar la mirada triste de sus ojos.
-¿Cómo siempre?
-Mientras lo hagas tu estoy seguro de que será perfecto-me revolvió el cabello y descendió las escaleras.
-Por favor, no soy tan buena.-le seguí y me dirigí hasta la cocina.
-¿Por qué dices eso?
-Bueno, porque eres mi tío y tienes una extraña necesidad de hacerme sentir mejor-puse el agua a calentar, saque la leche del refrigerador, el café y tome una taza negra, la taza preferida de él.
-Alicia-él tomo asiento en la mesa y comenzó a leer unos papeles que había sacado de su portafolio-llevas haciéndome el mejor café por 6 años, si no fueras buena en ello, ya habría comprado una cafetera.
-Me alegra que te guste tanto mi café-coloque la taza de café en la mesa, le dedique una sonrisa y me dirigí a preparar el desayuno.
-Ni te apures en hacer el desayuno para mi, hoy comeré en alguna cafetería-la voz de Marta me provoco un escalofrió, después de dedicarme una mirada severa se dirigió a si marido- Llevare a Carmen y al pequeño Patricio a la escuela, después iré a casa de Pamela y luego iremos juntas de compras.
-¿Qué compraran?-Rogelio tomo un sorbo al café, sentí una alegría particular al ver su rostro de satisfacción y alivio.
-Bueno, como debes saber necesitamos material para la venta de pasteles que organizo el palacio municipal y este año-alzo su cabeza con gran orgullo, con total confianza-nosotras ganaremos el primer lugar.
-Ya veo, necesitas que te lleve o algo.
-No gracias querido, solo necesito que me dejes junto con los niños, la casa de Pamela esta a tan solo una cuadra de la escuela.
-Me parece bien.
-A por cierto, Alicia, necesito que hagas las compras, voy a volver tarde a casa y necesito que este todo listo para preparar la cena.-asentí tímidamente, si alguien intimidaba más que un león hambriento era ella.
Carmen bajo con su uniforme algo apretado, su enorme barriga sobresalía del pantalón. Detrás de ella Patrick se contenía de bajar corriendo, ya que Carmen tenía la costumbre de tratar de bajar como una princesa, pero siempre terminaba bajando a la velocidad de una tortuga. Le entregue el almuerzo a Patrick, le tendí el suyo a Carmen pero esta solo miro la humilde lonchera, le dedico una mirada de horror y prácticamente me lo arrebato.
-Mas te vale que no haya nada de mostaza o queso, escuchaste Rata.
-Mi hermana no es una rata, es una mente superior que los extraterrestres…-Patrick entro en mi defensa como era de costumbre, pero fue intimidado por la mirada asesina y repulsiva de Carmen.
-Y en cuanto a ti mocoso, tú y tus extraterrestres...-justo cuando Carmen se disponía a golpearlo, yo me coloque enfrente de él y note lo grande y alta que era Carmen a comparación de mí, ¡Dios santo! La mujer parecía una luchadora profesional.-Ya veo, así que de ese ánimo despertaste hoy.
Antes de que ella pudiera hacer otra cosa, Marta apareció junto con Rogelio, los cuatro se marcharon, en cuanto la puerta se cerró me derrumbe en el piso, cada vez que defendía a Patrick de los abusos de Carmen terminaba golpeada.
Era una simple rutina, cuando Carmen trataba de golpear o destruía los juguetes de Patrick yo entraba en escena y defendía a mi hermano menor, pero todas las veces terminaba golpeada por Marta a la cual Carmen corría a inventarle falsos ataques que supuestamente yo le había hecho, aunque en el fondo era consciente que Marta sabia que todo aquello era mentira, pero aun así ella siempre aprovechaba la mínima oportunidad para partirme la cara a bofetadas. Estaba completamente segura de que al volver a casa Marta me daría una paliza que no olvidaría, Carmen nunca dejaba pasar una oportunidad para ver mi rostro rojo por los golpes.
Me levante y me dedique a hacer mis deberes según el nivel de valoración: Primero hice mi tarea, la cual solo consistía en forrar los cuadernos y libros, y unas cuantas operaciones de repaso de matemáticas. Lo siguiente fue alzar mi lado de mi habitación, después me dirigí al patío y enseguida mi perro brinco sobre mí y me lamio, era consciente de que no lo había visitado anoche.
-Lamento no haber venido anoche, Hachi, pero ya sabes cómo es la vida en esta casa, además era día de paga, tu sabes lo que te pasaría si Marta o Carmen te llegan a ver-le serví croquetas y agua en sus tazones correspondientes, me senté a su lado y acaricie su cabeza, aquella simple acción era la mejor terapia para mí.-Si ellas te llegaran a ver en día de paga significaría unos buenos azotes para ti y el doble para mí. Pero solo es cuestión de dos años para poder dejar esta casa y vivir los tres juntos, tú, Patrick y yo, los tres juntos en algún departamento. Ahora Hachiko, te llevare a dar una vuelta al parque y después me iré a hacer unas cuantas compras.
El día avanzo rápidamente, en cuanto observe el reloj me di cuenta de que ya era la 1pm, me apresure a cambiarme y poner en orden mi mochila. Todo al ritmo de Chayanne con la canción ‘Me enamore de ti’, esa canción era el relato de como un hombre ama a una mujer que al parecer es maravillosa, tierna y hermosa. Cosa que no era yo. Me despedí de Hachi, evitando que me lamiera de nuevo, deje la casa cerrada, Oliver se atravesó justo en la entrada del barandal, como si él me intimidara tanto como sus dueñas, lo aparte de una patada, este gruño y se dispuso a rasguñarme pero enseguida Hachi salió a su encuentro, así que deje a ambas mascotas librar su batalla.
Camine por las calles ahora secas, los autos, las personas, mis pasos todo parecían moverse junto con Maroon 5 con la canción ‘One more Night’ Decidí repetirla una y otra vez, aquella canción parecía ponerme de buen humor, reprimía el impulso de bailar a la vista de todos los alumnos y padres de familia. Pero mi ensueño de letras y música fue arrebatado en cuanto sentí a una mano en mi hombro, me gire, retire los audífonos y observe a Erick, sus ojos grises mirándome con una gran sonrisa.
-Creo que se te cayó esto-en su mano se encontraba el muñeco del Capitán América, el pobre de seguro se había quedado en mi mochila todo este tiempo y con mis movimientos refrenados de daza se había caído. Lo tome cuidadosamente y lo coloque en mi mochila, ¿Cómo pude olvidar dárselo a Patrick?-Extraño articulo para una chica de 16 años-Erick enarco una ceja.
-Bueno de hecho es para mi hermanito, él admira a Capitán América.
Camine directo a la escuela, por un momento pareció como si fuera sola pero me percate de que Erick iba a mi lado, caminando como si fuera de lo más normal caminar junto conmigo a la escuela. Recordé al chico serio y concentrado que había estado la mayor parte de las clases el día de ayer. Este era de nuevo el Erick sociable, no se veía para nada sumergido en un pizarrón o en un cuaderno o totalmente concentrado en el profesor, este Erick me acompañaba a la escuela y esbozaba una ligera sonrisa, como si tratara de contenerla.
-¿Sabes? Fue interesante verte caminar con ritmo y por más que te llamaba parecías estar sumergida en tus pasos de baile mezclados con tu caminar.
-¿Qué dices? Yo no-gire mi rostro, había pensado que mis ganas de bailar se habían refrenado, si él lo vio, significa que en otras ocasiones la gente me había visto desplazarme con pasos de baile o simplemente caminando al ritmo de la canción que estuviera escuchando.
-Tienes ritmo-lo mire de soslayo, el me dedicaba la sonrisa que había estado tratando de contener.-Te envidio, yo no puedo siquiera moverme más de dos pasos sin pisar a alguien o caer al suelo.
-La verdad es que yo…
De nuevo sentí que alguien me giraba y me abrazaba a una velocidad impresionante, al verme con la dificultad de respirar supe de inmediato quien era la responsable.
-¡Alicia! No sabes lo que paso cuando me marche ayer-dijo Susana soltándome.
Solté una bocanada de aire, los abrazos de Susana parecían siempre amenazar mi seguridad pulmonar. Cuando mire a Susana vi que detrás de ella se encontraba Erick, claramente sorprendido.
-Así me saluda ella-dije ignorando la cara de Susana, dirigiéndome a Erick-Sin previo aviso.
-Supongo que un “Hola” no basta para ustedes dos-Erick dejo su expresión de sorpresa y la remplazo por una de burla.
Susana giro su rostro lentamente, como si hubiera alguna clase de peligro detrás de ella, después vi como su mirada se detenía en Erick. Sus ojos iluminados daban la impresión de estar apenados. Normalmente cuando alguien hablaba ella siempre respondía con una sutileza y una elocuencia extraordinaria, pero esta vez sus labios no se movían solo observaba a Erick, este se sintió observado y me dirigió una mirada confundida, yo me encogí de hombros.
-Lo lamento, pero tengo que llevarme a Alicia-dijo al fin Susana despertando de su trance de aproximadamente un minuto, Susana me jalo del brazo y sin decir palabra alguna me llevo a los baños.
-¿A quién vamos a asesinar? ¿Por qué tanto misterio?-dije contemplando los ojos ansiosos de mi amiga.
-Yo…bueno, ¿Cómo es que…? Tú a caso…
-Susana cuando tengas la intención de terminar tus oraciones me llamas, ¿de acuerdo?
-Bueno yo, de hecho…-sacudió la cabeza como tratando de quitarse algo de encima.-Olvídalo, ya te lo diré otro día. Por el momento solo quiero decirte que cierta persona me pregunto el porqué ibas y venias del grupo.
-¿A qué te refieres con cierta persona?
-Bueno, solo digamos que es parte del grupo de chicos con el que nos juntamos.
-Bueno, cuando lo veas dile que es porque no soporto estar en un solo lugar.
-Alicia-Susan frunció el ceño, aun ceñuda se veía perfecta y femenina- No puedo creer que seas tan desinteresada, algún día sabrás la importancia de esto que te estoy diciendo.
-Bueno mientras ese momento llega-dije secamente, el timbre de entrada resonó por cada rincón de la escuela, como si esta estuviera vacía-yo iré a mi salón y tomare clase tranquilamente.
-Solo porque la primera clase es con la maestra de Literatura te dejare ir, esa mujer me odia y no quiero que su odio crezca si llego tarde.
Durante la primera parte de las clases Erick volvió a ser serio y concentrado en los trabajos, los cuales poco a poco iban tomando el ritmo habitual en la escuela. Las únicas palabras que nos dedicábamos eran para pedir borrador o sacapuntas. En si Erick me parecía bastante misterioso, era un chico con ojos grises de un hermoso gris, además era como si la escuela representara algo de mayor importancia para él. Yo apreciaba la escuela y me gustaba aprender cosas nuevas cada día, pero con Erick parecía como si la vida le fuera en ello.
En cuanto el timbre del receso se hizo presente, el salón se vació más rápido de lo que tarda en llenarse al volver. Observe a Erick mientras guardaba sus cosas, su mochila era tipo cartero, pero esta se veía gastada, como si hubiera sido utilizada por algunos años, lo que me pareció extraño fue que está era vieja pero estaba limpia, sin una mancha.
-Erick-dije después de pensarme bien lo que iba a decir.
-¿Si?
-Creo que no te agradecí por haberme devuelto al pobre Capitán América.
-No fue nada, yo te agradezco por esa espectacular muestra de los pasos mezclados con el ritmo-su sonrisa era cálida y blanca, al recordar la reacción de Susana cuando lo vio me hizo sospechar lo que había pasado con ella.-Espero volver a verte así.-se levanto y se dirigió a la puerta, en el salón solo estábamos nosotros dos.
-Podría darte clases algún día-dije mientras me colocaba de pie, pensaba que Erick ya se había marchado, pero cuando levante la mirada lo vi inmovilizado justo en la puerta, me miraba con sorpresa, sin duda aquello no se lo esperaba.
-Supongo que puedes pasarme la receta para tener ritmo-no dejaba de sonreírme mientras me acercaba a la puerta. Ambos caminamos escaleras abajo.
-¿A sí que una receta?
-Sí, seria de ayuda- soltó una leve carcajada.
-Bueno primero tienes que conseguir media taza de harina, después en un plato cualquiera introduces las claras de los huevos, solo las claras, muy importante, después en una cacerola lo mezclas junto con la harina y les hechas una taza de leche.
Erick me miro con divertido asombro, luego se rio abiertamente. Era interesante verlo reír, me preguntaba si este era el mismo chico que se envolvía en su propio mundo en cuanto el maestro pisaba el salón. Este chico era divertido y alegre, sin darme cuenta, pasamos todo el receso juntos, hablando de superhéroes y pasos de baile. Era una conversación divertida y entretenida, jamás había tenido una conversación así, ni si quiera con Susan o Patrick. Mientras hablamos el no dejaba de sonreírme y hablarme en un tono como si él fuera adulto.
Mientras subimos las escaleras, Susana me llevo del brazo prácticamente arrastrando, mire hacia atrás y mire como Erick volvía vernos confundido, yo trate de encogerme de hombros pero Susana iba muy rápido. Me soltó en cuanto nos encontrábamos en la esquina del salón.
-¿No me digas que estuviste todo el receso con él?-su rostro lejos de estar enojado parecía curioso y sobresaltado.
-Bueno, no me percate de ello hasta que escuche el timbre de entrada.
-¿De qué hablaban?-ella me sacudía con gran fuerza, me preguntaba si ella no venía de una familia de luchadores o algo así, su fuerza era casi inhumana.
-De pasos de baile-dije en cuanto ella me soltó, mis ideas y ojos se centraron.
-¿Baile?, ¿eso quiere decir que le gusta bailar? Dime más Alicia, no tienes idea de lo que acabas de hacer.
-Lo que sea que haya hecho, ¿es bueno o malo?, ¿Por qué tanto escándalo?
-Es que yo…-su rostro se sonrojo levemente y por primera vez vi esa mirada en su rostro, una mirada brillante y apenada, una mirada de enamorada.
Dos meses pasaron en total, nos encontrábamos a mitad de octubre, con los exámenes en hombros y los proyectos de bimestre pisándonos los talones. En esos dos simples meses había aprendido más de lo que los maestros me enseñaban en el aula; Descubrí que los chicos con los que frecuentaba Susana en verdad eran clase VIP, ya que al igual que Susana estos chicos y chicas eran hijos de empresarios, doctores, profesionistas, en fin, aquellos chicos no conocían la palabra “Falta dinero”. También me adapte a la forma de ser de Erick, nuestra rutina era simple, conversábamos normalmente en el salón mientras daban en el timbre, una vez en clases nos dedicábamos a compartir conocimientos o aclarando las dudas, en ocasiones nos tomábamos la libertad de dividirnos los trabajos, claro, cuando estos eran demasiados o muy complicados, una vez en receso hablábamos de casi cualquier cosa mientras bajábamos las escaleras, pero siempre llegaba Susana y me alejaba de Erick con su acostumbrada fuerza sobre humana. En los recesos nunca veía a Erick, además no estaba enterada de si tenía amigos o conversaba con alguien aparte de mí. Al recordar la mirada y rostro sonrojado de Susana, volví de mi mundo bruscamente, como si hubiera caído de la cama después de un profundo sueño.
Cuando mi cuerpo y mi cerebro hicieron conexión, de inmediato me arrepentí de haber vuelto de mi frágil mundo de irrealidad. El profesor Ezequiel era el docente a cargo de la materia de Física, pero por alguna lamentable e inexplicable razón yo siempre terminaba divagando en su clase, por más que intentaba evitarlo mis esfuerzos eran en vano y era razonablemente reprendida. Esta vez el profesor entregaba los exámenes, su rostro severo y con evidente exasperación me obligo a levantarme, fue tan de golpe y tan repentino que termine golpeándome contra la mesa, eso fue suficiente para que el salón volteara a verme y que Erick se sobresaltara y al igual que yo volviera de su propio mundo.
-Debería de aprender a permanecer en este mundo si quiere mantenerse sana señorita Rodríguez-me extendió el examen desde su escritorio.
-Créame que lo intento, lo lamento mucho-tome mi examen sin mirar la calificación.
-Me gustaría saber en qué se pierde con tanta facilidad.
-A mi también.
El pedagogo enarco una ceja sin dejar de mirar los exámenes en su escritorio, continuo entregando los exámenes uno a uno. Tome asiento y me frote la pierna en la que me había golpeado, no me había percatado del dolor hasta que volví al lugar de los hechos.
-Si como te distraes estudiaras de seguro sacarías buenas notas-una chica de la cual no recuerdo su nombre se inclino hacia mí desde su banca.
-Muy interesante, ¿y que sacaste tu en el examen?-dije disimulando mi desagrado, esta chica estaba provocando a mi yo interna guerrera y no le iba a impedir que salga.
-8.7, tu de seguro habrás sacado un 10-hizo una pausa para después añadir la dosis justa de sarcasmo-pero dividido a la mitad.
-O sin el uno-su compañera de al lado se unió al encuentro.
-De hecho jovencitas-la voz del profesor nos sobresalto, este seguía sin apartar la vista de los exámenes en su escritorio- Así de distraída como es, saco un 10 perfecto, tal vez si ustedes fueran la mitad de habladoras y lo doble de inteligentes que se creen podrían alcanzarla. Ya saben que no me gusta que platiquen en mi clase.
Aquellas dos chicas se quedaron calladas y sin esconderlo hicieron ver su enojo, se hablaban con el ceño fruncido entre susurros. Aparte la vista de ellas y contemple mi examen, evidentemente tenía un diez, revise una y otra vez el examen, las respuestas y que mi nombre estuviera ahí, sin duda era el mío, no sabía si era un golpe de suerte o en verdad había sacado una calificación perfecta.
-Así que con ritmo y cerebro, me impresionas pequeña.-la voz de Erick era risueña, resaltando la última palabra en su oración. No dije nada, más bien dirigí mi mirada hacia su examen, él había sacado un nueve cerrado, y no lo podía creer.-Si ya lo sé, mi nueve es pequeño e indefenso junto a tu diez.
-Me sigue pareciendo una especie de broma del universo.
-¿Broma del universo? A que se debe eso.
-No puedo creer que haya superado al todopoderoso Erick y su diez en matemáticas.-al escuchar el timbre me expedí acomodar mis cosas, incluyendo al examen con calificación perfecta.
-No soy todopoderoso…bueno tal vez un mártir con las formulas.-enarco una ceja y centro su mirada en mí-y usted mi lady es toda una musa para esto de la física.
Le di un ligero golpe en el hombro y me despedí de él, al darme la vuelta me di cuenta de que había quedado con Alejandro, un chico de pelo rizado y un talento natural para el basquetbol. Me sentí aliviada al ver que ambos congeniaban bien, sin duda eran buenos amigos, en otras ocasiones los había visto charlar juntos, pero en esta vez en particular su amistad había quedado más que clara.
-Cerebrito, no deberías caminar de espaldas-una voz masculina y un cuerpo notablemente musculoso hicieron presencia detrás de mí. Al parecer había caminado de espaldas, era tan normal aquel gesto para mí que no era consciente de cuando lo hacía, en seguida me di la vuelta y contemple los ojos café claro de Isaac. Con solo un vistazo a esos ojos fui por fin informada del porqué las chicas deliraban con él.
-No debería, pero aun así lo hago, no hay nada peligroso en ello, claro a menos de que la gente se coloque a propósito detrás de mí pero en ese caso creo que es más peligroso para ellas que para mí.
-Susan tenía razón, eres todo un caso-su sonrisa blanca me hizo recordar a Erick.
-Yo pienso que el caso es ella, después de todo ella es la que tiene la fuerza sobrehumana.-camine rumbo a las escaleras, mientras descendía observe a Isaac bajar junto conmigo, hombro a hombro, no pude evitar poner los ojos en blanco.- ¿Alguna razón en particular para seguirme?
-Bueno, ambos vamos al mismo lugar, además-hizo una ligera pausa cuando estuvimos en el ultimo escalón él se inclino y me hablo al oído con voz ronca.-estoy profundamente interesado en saber de ti.
-No hay nada interesante en mi-me aparte a gran velocidad, no quería caer en el hechizo de ese hombre.
-Habla por ti.
Isaac se alejo a grandes pasos por la explana hasta encontrarse con aquel grupo de chicos VIP. Me detuve en seco, algo ahí me decía que no era mi imaginación, el dios griego de la escuela me había coqueteado, ¿Cómo era posible? Preferí ignorarlo, si sabía algo de los chicos como Isaac es que al igual que con los animales solo se juntan con los de su especie, en cuanto a las pobres ilusas que no lo eran, esa clase de chicos solo juegan con ellas como si fueran muñecas de trapo, yo escogí evitarme la pena.
Emprendí mi camino hacia aquel grupo que no me agradaba, al cual solo iba porque ahí se encontraba la única amiga que tenia. La cual a pesar de cómo era yo me aceptaba y quería. De un momento a otro me encontraba detrás de las gradas del campo de futbol, solo fui consciente de que fui arrastrada por alguien y ya sabía quien fue, Susana se había lucido con su velocidad.
-Alicia, tengo algo que preguntarte-sus ojos eran ansiosos mientras miraba a su alrededor, asegurándose de que nadie estuviera escuchando.
-¿A caso te está persiguiendo a policía o porque estas tan ansiosa?
-La verdad es que, necesito que me digas que clase de amigos tiene Erick, el chico que se sienta contigo.
-¿Erick? Bueno es amigo de Alejandro hasta donde sé, ¿Por qué el interés?
-Tenía que ser amigo de ese resorte con piernas.-su rostro ahora se veía exasperado.
-¿Que tiene de malo Alejandro? Brinca muy alto, eso le sirve para el basquetbol-mi confusión había incrementado al igual que mis sospechas.
-Sí, pero no es nada cool que Erick frecuenta al resorte humano.
-A él le gusta estar con Alejandro, no veo lo malo, simplemente escogió una buena amistad, Alejandro es bastante agradable.
-Claro, si quitas por completo que su piel es extremadamente morena y que trabaja en las mañanas cargando los productos de la central de abasto.
-¡Susana!-no podía creer que la persona a la que estuviera escuchando fuera Susana.-Eso es racista sin contar por discriminatorio, Alejandro trabaja porque tiene que conseguir lo de la colegiatura y en cuanto a su piel-tome aire, Susana me veía pasmada- Yo también soy morena y no tiene nada de malo, no soy diferente a ti solo porque mi piel no es blanca.
-Pero en tu caso es diferente, tu eres morena clara, tu piel no es tan…bueno…oscura-se encogió de hombros como si aquello fuera de lo más normal.
-Yo pensé que te agradaba todo mundo sin importar su color de piel o gustos.
-Mejor olvídalo, no quiero discutir diversidad contigo. Lo de Erick no era lo único que quería preguntarte.
-Dime que necesitas.
-Quería pedirte que me dejaras sentarme junto a él en la próxima mitad de clases. Así yo podre hablar con él y que él me conozca mas y a su vez Isaac y tu se conocerán también.
-¿Por qué querría conocer a Isaac? Además yo no…
-Pero Isaac si quiere conocerte a ti, por favor hazme este grandísimo favor y nunca más te pediré nada.-Susana coloco sus manos en posición de suplica, no sabía qué hacer, en si me disgustaba tener que estar junto a ese chico presumido y altivo, pero por otra, no podía negarle un favor a Susana por mas descabellado que fuera. Asentí lentamente, Susana brinco de alegría, me abrazo y por primera vez procuro no estrangularme en el acto. Con aquella reacción y con aquella petición mis sospechas quedaron más que confirmadas, Susana estaba enamorada de Erick.
-Eres de lo mejorcito ¿sabes?-Susana me miraba con ternura y sostenía una sonrisa en su rostro.
Las horas me parecieron años, la conversación con Isaac no era en nada entretenida, además de que no prestaba atención a la clase también quería que yo no lo hiciera. Mire a lo que antes era mi lugar junto a Erick, el se veía tranquilo y sonreía sin dejar de ver el cuaderno o al pizarrón, mientras Susana le dedicaba sus mejores armas, la sonrisa de supermodelo y ligeros toques en su hombro. Sin duda la cosa entre ellos iba tranquila, mientras que yo sufría con capitán ignorancia que creía que la mayonesa venia de una planta.
-Eres bastante difícil de complacer-su voz me resultaba molesta.
-Isaac, por favor, estamos en matemáticas no quiero perderme la explicación de ese problema.
-Yo te lo explicare más tarde, ¿de acuerdo?
-Si claro-deje salir todo el sarcasmo que mi cuerpo me permitía y aun así parecía como si este joven fuera inmune, como si un campo de fuerza lo protegiera de todas las indirectas de incomodidad que mi cuerpo y mi voz le mandaban.
Por unos instantes se quedo callado, agradecía aquel silencio suplicando que él por fin se haya rendido y concentrado en sus propios asuntos. Una vez más mis oraciones fueron ignoradas, Isaac tuvo la ingeniosa idea de susurrar mi nombre al oído, primero con voz ronca hasta llegar a algo parecido a gemidos, era exageradamente obsceno lo que estaba haciendo, mi paciencia exploto y no hice más que soltar un fuerte gruñido. La maestra nos reprendió con voz desesperada, ella había compartido la desesperación conmigo.
-Lo lamento maestra pero mi compañera es la culpable-me rodeo con su brazo y apoyo su cabeza en la mía-Si no fuera tan adorable yo no estaría desesperado por captar su atención.
El salón en seguida esbozo el clásico sonido de ambulancias, lo que la gente parece llamar bulla. A la maestra le costó guardar la compostura y con un gesto de su mano le ordeno a Isaac que saliera del salón, este puso cara de confundido, la misma cara que ponen los malos alumnos cuando se les reprende y piensan que es injustificado. Él salió del salón como si estuviera festejando un concierto, la maestra soltó un gran suspiro de alivio, moví mis labios formulando la palabra maravillosa de “Gracias”, la maestra me devolvió el gesto reticulado un “De nada”. La clase continuó tranquilamente, me sentí aliviada al por fin entender la formula que tenia frente a mí, agradecí a dios por el magnífico regalo del silencio.
Mire de reojo a Erick y a Susana, esta hablaba como si fuera perico, pero ahora Erick no sonreía, más bien se veía molesto incluso exasperado, pensé que quizá él estaba pasando por lo mismo que yo pase con Isaac, pero para su mala suerte, Susana era hábil para conversar y no llamar la atención de los profesores. Aquella habilidad en ella seguía siendo un misterio para mi, otro don de mi amiga, en ese momento me di cuenta de que no había algo que ella no hiciera bien: escuela, deportes, amistades y romance, todo se le daba perfecto. Yo no podía ser como ella.
Me quede perpleja y aparté mis pensamientos en cuanto vi que Erick formulaba una oración que no era capaz de descifrar, y con esto Susana se quedo callada.
La expresión en el rostro de Susana era de profunda aflicción, no tenía ni idea de que era lo que hizo que ella se pusiera de esa forma. Era totalmente ajena a ella. La clase continuo y Susana no dejaba de lado su rostro entristecido, cuando el timbre hizo su mágica presencia, Susana se levanto de golpe guardo sus cosas bruscamente dentro de su mochila y se marcho casi corriendo, cuando cruzo frente a mí, repare en que sus ojos estaban rojos, conteniendo las lagrimas, que era lo que había hecho Erick.
-Alicia-la presencia de Erick apareció como si lo hubiera invocado con solo pensar en él.
-¿Qué le hiciste?-dije secamente y me reserve a no mirarlo, si lo miraba de seguro terminaría golpeándolo o perdiendo al completo los cabales.
-No dije nada malo, de hecho no sé porque se puso así. Yo solo quería pedirte que…
-¡Dios que fue lo que le hiciste! Ella nunca llora, nunca hace esas cosas, en verdad que no sabes tratar con las mujeres-Pretendí correr pero Erick me detuvo del brazo con un hábil movimiento, examine a mi alrededor, no había nadie en el salón, de nuevo solo nosotros dos. Maldije para mis adentros lo hábiles que eran mis compañeros para salir y no para entrar al salón.- Déjame ir, tengo que hablar con ella.
-No te lo recomiendo. No sé lo que le paso, yo solo le dije que quería prestar atención y luego se puso así, te juro que no fue mi intención-su voz era desesperada, entonces me obligue a darme cuenta de que estaba tirando de mi.
-¿Por qué le dijiste eso? Ella…es sensible, probablemente lo malinterpreto, ella no es como yo, ella siente como una necesidad biológica hablar.
-¿Pero en plena clase?, eso no es prudente-el aflojo lentamente la presión en mi brazo, al mismo tiempo que la presión de su mano disminuía también mi enojo, ahora estaba relajada, deje caer mi brazo en cuanto el me soltó-Para ser tan pequeña eres fuerte.
-No soy pequeña, tu eres muy alto-lo mire, su expresión se veía nerviosa, como si yo fuera una especie de bestia salvaje y peligrosa, no lo culpaba.-Y en cuanto a mi supuesta fuerza todo se lo debo a 7 años cargando despensa y comida para perro, aunque debo admitir que tú no eres nada débil.
-Eso se lo debo a 5 años cargando cajas repletas de vegetales y costales de harina.-su humor volvió poco a poco, dejando tras su paso una sonrisa.
-Bien, ya que comparamos fuerza, ¿Qué es tan importante que no puedo ir a por mi amiga?
-Señorita Alicia-él se inclino a modo de reverencia y al incorporarse su sonrisa blanca y grande fue suficiente para olvidar cualquier incomodidad con él-Usted ha sido cordialmente invitada a una vuelta por el parque a tan solo 3 calles de aquí-cada palabra la pronunciaba a manera de burlar de un noble o mayordomo.
-¿Y quién es el autor de tan osada y atrevida invitación?-le seguí el luego tratando de imitar el acento que usan las princesas de Disney.
-Bueno, este humilde hombre que tiene frente a usted es el culpable, ¿aceptara?
-Hoy esta de suerte hombre humilde, a pesar de su osada petición yo me arriesgare a que el conde Lucios me descubra conviviendo con su rival, el sargento Enrique.
-¿A qué viene todo eso?-Erick no podía contener su risa.
-¿A caso no te gusta el nombre Enrique?
Al finalizar las clases ambos emprendimos nuestro viaje al parque, la luz del sol aun estaba presente, pero solo en forma de atardecer.
-Supongo que si me llamo Enrique, entonces tú serás la prometida del conde Lucios, Regina de la Torre.
-Ni en sueños, odio el nombre Regina, me suena como a angina.-me impresionaba lo alto que era él, al lado mío yo me veía pequeña, no era de extrañar que me llamara así de vez en cuando. Estábamos hablando de mi triste estatura de 1.60 contra su imponente medida de 1.87, 27 centímetros no pasaban desapercibidos.
-Entonces serás Pamela Reyes, solo si me cambias el extraño cargo de sargento.
-¿Por qué haría eso?
-Porque soy tu mejor amigo y porque yo tengo cara de algo más que un simple sargento.-aquella palabra me tomo por sorpresa, el era mi amigo y yo era su amiga, era de suponerse, pasábamos buenos ratos juntos, así que era razonable que nos ganáramos el titulo de amigos, jamás había tenido un amigo hombre, no desde la secundaria. Sin darme cuenta ya nos encontrábamos en el pequeño parque.
-Entonces yo seré General-dije mientras tomaba asiento en la fresca hierba, recordé el relato de Andreas que le había contado a Patrick. El timbre de voz de Ricardo Arjona interpretando ‘Duele verte’ me hizo olvidar de inmediato las naves intergalácticas y volver a la Tierra y dejarme envolver por aquella voz que para mí no era más que hechizante.
-No creo que sea prudente que la prometida de un conde sea General-Erick se recostó en la húmeda hierba cruzando los brazos tras su nuca.-Sin contar porque sería antinatural que el General sea una chica tan pequeña como tú.
-Solo por eso te rebajo a soldado raso-le lance un pequeño puñado de hierba que había logrado arrancar, él de enseguida se levanto y trato de quitarse los pequeños pedazos de hierba que habían caído en su boca, yo no pude contener la risa. No había reído así desde hacía ya mucho tiempo, por la risa incluso me empezó a dolor el estomago, mientras Erick se sacudía las ojos de la boca y hacia muecas de asco, yo me retorcía en la suave hierba sosteniéndome el estomago por el dolor sin poder dejar de reír.
-Así que mi general se cree muy lista al atacarme por la espalda.
-Técnicamente-no podía dejar de reír mientras hablaba, sin duda era una situación muy cómica verlo sacudirse y hacer esas graciosas muecas.- Técnicamente fue un ataque frontal, por lo cual, sí, soy muy lista joven soldado.
-En ese caso permítame devolverle la cortesía. Mi muy astuto general, como usted sabe es desconsiderado hacerle algo así a un soldado mientras descansa.
La canción que se había reproducido desde el celular de Erick cambio, era de nuevo Ricardo Arjona pero ahora con la canción ‘Minutos’. Un repertorio bastante peculiar, no conocía a muchas personas que les gustara Ricardo Arjona.
En cuanto vi que Erick se coloco de pie dispuesto a vengar mi pequeña travesura, trate de colocarme de pie pero sin darme cuenta mis piernas se enredaron y caí al suelo antes de siquiera ponerme de pie. Erick aprovechó la oportunidad enseguida, y entre risas y algo que parecía ser un forcejeo, ambos rodamos por la fresca hierba, sentí la humedad de aquel pasto.
Debido al juego mis ojos permanecieron cerrados, por lo cual mis sentidos se sensibilizaron y agudizaron. La humedad del pasto rosando mí piel, la brisa del aire llenando mi rostro de frescura, el sonido de algo parecido a relampagueos me hizo pensar que quizá la lluvia amenazaba de nuevo con aparecer. Pero lo ignore y me concentre en el resto de sensaciones que recibían mis sentidos; la respiración de Erick en mi rostro, mezclándose con la suave fragancia de la brisa, su peso sobre mi cuerpo. En un momento casi imperceptible nosotros nos detuvimos, una vez que nuestras risas cesaron nos reincorporamos y nos sentamos sobre el pasto, la proximidad de nuestros cuerpos era muy corta, él estaba recargado sobre su brazo y yo sentada con las piernas cruzadas, ambos nos mirábamos fijamente sin decir nada.
Sus ojos grises brillaban con un resplandor misterioso, lentamente advertí que Erick se acercaba lentamente a mí, por reflejo o por algo mas yo también me acercaba a él.
La sensación es simplemente indescriptible, mi mente parecía haberse ausentado y reservado para simplemente absorber las múltiples sensaciones del momento. Cuando nos encontrábamos a tan solo centímetros de distancia, mi cuerpo se estremeció y sentí como la piel se me ponía de gallina. Pero las primeras gotas de lluvia nos despertaron de nuestro ensueño y mire desconcertada al cielo, al parecer la lluvia se había escabullido y ahora atormentaba a las personas que no estaban preparadas. Al darme cuenta de lo que había pasado entre nosotros dos me sonroje, me incorpore de golpe y corrí a tomar mi mochila, Erick tomo la suya, ambos corrimos hacia una pequeña tiendita que había cruzando la calle, refugiándonos en su interior. A pesar de la helada lluvia yo no dejaba de estar aturdida por lo ocurrido, aquello simplemente estaba mal, o no, no tenía ni idea, mi yo interna y mi subconsciente se subían al ring y peleaban por el derecho a tener la razón, cada uno con su argumento. Sin darme cuenta mi subconsciente tomo la delantera y dejo ver que aquello que había paso estaba mal, en ese momento mi yo interna le propino un gancho a la mandíbula y asintiendo enérgicamente me decía que aquello era inevitable y que no había nada de malo. La voz de Erick me salvo de que perdiera la razón en la disputa por la razón entre mi yo interna y el subconsciente.
-No creo que la lluvia vaya a alejarse en un buen rato, ¿tu casa está muy lejos?-mientras se sacudía el agua del pelo, me recordó al pobre de Hachi, de seguro estaba ahora en el patio tratando de refugiarse en una esquina.- ¿Sucede algo?
-Mi casa está a 7 calles de aquí y tengo que correr, Hachi se enfermara si no me doy prisa.
-¿7 calles?, bueno no esta tan lejos, te acompaño y por cierto… ¿Quién es Hachi?
-Mi perro, está en el patio y si no voy por él sin duda se enfermara.
-Los perros son más resistentes de lo que crees, quien me preocupa eres tú, estas empapada.
-Al igual que tú. Por el momento tengo que salir corriendo si quiero volver por Hachi.
-Iré contigo.
-¿En qué dirección queda tu casa?
-el semblante de Erick se nublo-Del lado contrario, probablemente más de 8 calles.
-Sera mejor que cada quien siga su camino, no quiero que te retrases por mí, además ya esta anocheciendo los autobuses dejaran de circular en al menos 10 o 15 minutos.
-Fue por mi culpa que terminaste aquí, al menos déjame acompañarte.-sus ojos y facciones eran de suplica, me volvieron a recordar a Hachi cuando me despido de él.
-Me acompañaras otro día, no quiero que por mi culpa de resfríes o pierdas el autobús.
-Pero yo…-coloque mi dedo índice en sus labios, el paso de la perplejidad a la resignación.
-A si está bien soldado, no es la primera vez que corro a casa bajo la lluvia.
Me despedí de él revolviendo su húmedo cabello negro, aunque me costó trabajo, era más alto que yo así que tuve que ponerme de puntitas, era muy diferente que con Patrick, aunque tenía el mismo efecto en Erick, ambos sonreían radiantemente, le dedique una última mirada y la mejor de mis sonrisas, pude ver que al igual que con Patrick aquel simple gesto hacia que se relajara. Mientras corría bajo la lluvia me reclamaba a mi misma una y otra vez el porqué de mis acciones aquella tarde. ¿A caso era yo igual que esas chicas que flirteaban con los chicos sin ser sus novias? ¿Qué había pasado conmigo? Aquello fue demasiado para analizar, ¿estuvimos a punto de besarnos? ¿Cómo habíamos llegado a eso?
Me detuve percatándome de lo agitada que estaba, había corrido por 7 calles de subidas y bajadas sin parar. Entre y me dirigí a la pequeña reja que había para separar el patio trasero del delantero, el pobre de Hachi estaba todo empapado y cuando lo tome para llevarlo adentro estaba temblando, Marta y Carmen se habían excedido con su negligencia. En cuanto entre las protestas de ambas mujeres sonaron como chillidos de ratas, Oliver gruñó retorciéndose sobre su inmensa barriga, me sentí desprotegida al ver que el tío Rogelio no estaba, enseguida Patrick bajo al escuchar las quejas de Carmen.
-Patrick podrías por favor llevarte a Hachi al cuarto.-le entregue a Hachi el cual aun seguía temblando, me dio lastima el pobre can, sin mí en casa estaba a merced de aquellas mujeres regordetas y desaliñadas.
-Tú no harás nada-Marta señalo a Patrick con severidad, aquel gesto era temible.
-Ha estado en la lluvia tía Marta y el pobre esta temblando de frio-dijo mi hermanito, Patrick tomo fuerzas de dios sabe dónde y pronunció cada palara con sumo cuidado.
-¿Y eso qué?-la voz de Carmen me revolvió el estomago, de no ser porque no había comido nada de seguro hubiera vomitado.- Ese perro asqueroso debe estar afuera, además el pobre de Oliver no se siente cómodo con la presencia de esa-hizo una mueca de asco-esa bestia repulsiva.
-La única bestia repulsiva eres tú y tu estúpido gato-al terminar de pronunciar aquellas palabras Patrick se arrepintió de inmediato de haberlas dicho, Carmen lo miro con furia y se le acerco amenazadoramente, el pobre de Patrick sostenía a Hachi y retrocedía con miedo en su rostro, Hachi se abalanzó a Carmen en cuanto esta mostro señales de querer golpear a Patrick, Carmen chillo mientras Hachi le gruñía en la cara, Marta le propino una patada a Hachi, pude escuchar como su estomago reventaba al contacto con el pie de Marta. Al incorporarse Carmen se dispuso a propinarle una bofetada a Patrick, mi ira no se pudo contener, corrí hasta las escaleras y detuve la mano de Carmen en el aire. Ambas mujeres me vieron como solo una bestia puede ver a su presa indefensa.
-Patrick llévate a Hachi-no me aparte del frente de Patrick, haciendo una barrera entre él y aquellas arpías.
-Pero Alicia.
-Por favor Patrick, yo iré enseguida, por favor llévatelo.-en cuanto Patrick desapareció de escena solté la mano de Carmen, me puse firme, esperando el castigo que venía con la osadía de enfrentar a cualquiera de esas mujeres.
El sonido de Café Tacuba cantando ‘Eres’ me hicieron incorporándome lentamente sobre la cama, el cuerpo me resultaba pesado y el rostro me ardía, la noche anterior Marta se lucio al golpear cada centímetro de mi espalda y brazos con el cinturón y abofetear con el mismo mi rostro. Sobre mis piernas se encontraba Hachi recostado, mirándome con sus ojos tristes, de hablar, de seguro me diría que se sentía culpable de lo que me había pasado. Al sentir una respiración en mi brazo me gire y observe a mi pequeño hermanito acurrucado junto a mí, ambos habían pasado la noche conmigo, con una mano acaricie las orejas de Hachi y con la otra el cabello de Patrick.
Me coloque fuera de la cama sintiendo como si mis huesos estuvieran hechos de plomo, eran las 10am, a esa hora Rogelio ya estaba en el trabajo y el par de arpías en casa de alguna amiga que también abusaba del salario de su marido. Nadie estaba en la casa más que nosotros tres. Camine hasta el baño y ahí tome una ducha fría, el agua caía sobre mi piel roja y adolorida, al caer en mi rostro este me ardió como si fuera magma lo que se estuviera vertiendo en mi rostro. Poco a poco el dolor fue desapareciendo, dejando paso al ardor, lo cual significaba que no estaba muy lejos la recuperación y los moretones. Agradecí que fuera sábado, no sabría como ocultar las marcas de mis compañeros y maestros, aunque tal vez no les importara, pensé tristemente.
Al salir me encontré con Hachi sentado justo enfrente de la puerta entre abierta y mirándome con expectación, esperando sin duda alguna reacción mía, para así deducir mi estado de ánimo.
-Perro pervertido-dije indignada, tome mi toalla y me la coloque alrededor, su suavidad me resulto relajante al contacto con mi piel húmeda y sonrojada.-Ya te he dicho que no entres al baño mientras una dama se está bañando, a menos de que seas invitado.-acaricie su cabeza, Hachi empezó a mover la cola, su gesto particular para mostrarme que estaba contento de que yo haya vuelto a mi humor usual.-Ahora sal y trata de despertar a Patrick, tengo que vestirme.-con un ladrido Hachi se marcho obediente, aquel era el mejor cómplice que alguien podía tener.
Mientras limpiaba los platos con los que habíamos desayunado, Patrick ordenaba la mesa y la barra de la cocina.
-Alicia, ¿Qué paso con Andreas y la joven chica?
-Bueno, es una historia larga.-talle distraídamente una mancha en uno de los vasos.
-Tenemos todo un día para saber que paso.-dijo Patrick a lo cual solté una risita y mientras lavaba los platos comencé mi relato.
“Bueno, pues Andreas quedo prendado de aquella chica, todos los días la observaba salir y volver de la escuela. Un día le suplico a su padre que le dejara viajar a la tierra para conocer a la hermosa chica, el capitán tenía sus dudas, pero al final acepto de buena gana, siempre y cuando llevara consigo un transmisor el cual le permitía volver a la nave de inmediato en cuando hubiera señales de peligro. Andreas al llegar a la Tierra se maravillo al sentir la brisa en su rostro, todo lo que había imaginado se hacía real justo ante sus ojos, sus pensamientos se detuvieron en cuanto vio frente a frente a la hermosa chica, era como una estrella.
“-¿Quién eres?-Pregunto la chica curiosa y maravillada, Andreas había aparecido justo enfrente de ella materializándose y haciendo brillar su armadura del color del cosmos. Andreas quedo estupefacto al ver a la chica, sin duda era más hermosa que todo el universo entero, aquella belleza lo dejo sin palabras, Andreas jamás había pensado en el amor.-Mi nombre es Andreas y he venido a conocer la tierra y a la vez para conocerte.-Andreas se puso rojo como un tomate, la chica le sonrió dulcemente y dijo-Yo soy Pamela, gusto en conocerte.”
-¿Entonces Andreas y Pamela vivieron juntos para siempre en su nave intergaláctica?-Patrick estaba parado a mi lado mirándome ansioso.
-No exactamente.
“Pasaron 6 meses y Andreas no podía explicar el gran cariño que le tenía a Pamela. En vista de que no sabía cómo era el amor a ciencia cierta, pero mientras Andreas y Pamela exploraban el mundo alguien los observaba desde las sombras, al caer la noche, Andreas se armaba de valor para pedirle a Pamela que lo acompañara a la nave y vivir juntos contemplando los astros. Pero en el preciso momento en que tomo el valor suficiente, una sombra se interpuso entre los dos. Andreas contemplo a un joven pálido, de cabello negro y ojos amarillos, como los de un lobo. De inmediato Andreas sustrajo su espada y la apunto al pecho del joven misterioso. -¡Alto!-dijo Pamela-Este joven es Magnus y le conozco, no es peligroso, puede que sea un…vampiro, pero no me haría daño.-Pero Andreas no bajo la espada, había algo en aquel joven pálido que le inquietaba, al fijar mas la visto observo cómo este le enseñaba los afilados colmillos.”
“-Este hombre te iba a pedir que huyeras con él a su guarida, lo que llama nave-Magnus dirigió una severa mirada a Andreas.-Es elección de ella si quiere venir, además no hay nada de malo en que yo quiera traerla conmigo, le quiero.-dijo Andreas, el vampiro soltó una carcajada-Lo es si se trata de tu hermana, como sabes los vampiros tenemos un oído muy agudo.-Andreas se paralizo, pero no le dolió el saber aquello, al contrario le dio valor para enfrentar a aquella criatura y proteger a su hermana.”
-¿Por qué te detienes?-sin darnos cuenta estábamos tendidos en la sala.
-Ya son las doce. Tenemos que llevar a Hachi a pasear o se volverá loco, ya seguiré contando la historia después.
A regañadientes Patrick y yo salimos con Hachi en dirección al parque, a él no le gustaba que se le dejara con la incógnita y menos con uno de mis cuentos. Mientras recorríamos el parque Patrick me relataba el cómo en su salón habían cazado una rana y hecho la mascota del salón, yo no prestaba mucha atención, solo recordaba lo que había pasado el día de ayer. Como por arte de magia Patrick se detuvo en seco y con la boca abierta, al seguir con la mirada me di cuenta de que había una niña con el cabello negro y lacio persiguiendo burbujas, probablemente tenia la edad de Patrick, entonces me arrepentí de haberle contado aquellas historias a mi hermanito, ahora él se veía claramente flechado, me regañe porque si alguien tenía la culpa de que a su temprana edad sintiera eso era yo al contarle historias de amor, aunque no podía evitarlo, era una adolecente, las naves y vampiros eran aburridos si no había algo de romanticismo.
-Alice-él jalaba mi chaqueta sin dejar de observar a aquella chica.-Creo que he visto un hada.
-solté una risita, la posibilidad me causaba gracia, mi hermanito de 10 años estaba realmente flechado, pero mi sonrisa desapareció en cuanto vi que junto con la pequeña niña apareció un joven alto y con gafas, al reconocerlo me quede helada-Y yo he visto un fantasma.
Erick me reconoció y se acerco a nosotros, llevaba a la niña de la mano, lo cual me hizo pensar que quizá era su hermana. Su formalidad al caminar y su semblante sereno me obligo a divagar en oficinas y hombres con trajes, además con esos lentes su parecido era inevitable.
-Alicia, que sorpresa encontrarte aquí.-me dedico una enorme sonrisa y por un momento solo estábamos nosotros dos, hasta que la pequeña niña que lo acompañaba tosió en señal de interrupción.-Lo lamento, ella es mi hermanita, Pamela.
-Debe ser una mala broma-mi perplejidad se manifestó también en Patrick.-Este es mi hermano Patrick.
-¿Patrick?-la voz de la niña era dulce y suave, como la de un ave.
-Es que él odia que lo llamen Patricio, así que lo llamamos Patrick.
-Ya veo, lindo nombre-la sonrisa de la niña derritió a Patrick.
-Bueno tú también tienes un nombre muy lindo…igual que tú.
Erick enarco una ceja hacia mí, advirtiendo el comportamiento de Patrick hacia su hermana, aunque esta aceptaba con gusto aquel comportamiento demasiado adelantado para sus jóvenes edades.
-¿Podemos ir a jugar?-ambos rostros pequeños nos veían con suplica, no nos quedo otra más que aceptar- Me llevare a Hachi-dijo mi hermanito, tomó la correa y luego se dirigió a Erick como todo un hombrecito- Cuida a mi sherezade.-Ambos niños salieron corriendo junto con Hachi, dejando a Erick confundido.
-¿Sherezade?
-Es una historia muy larga-me dirigí a una zona pastosa donde podría vigilar a los dos niños, tome asiento, Erick no tardo en acompañarme.-La verdad es que cuando Patrick tenía 6 años no podía dormir, así que le inventaba historias sobre héroes y damiselas en peligro.
-Ya veo, y por eso quiere conquistar a mi hermana.-se quito las gafas y las coloco a un lado- Ya veré como cobrarle su osadía.
-Tendrá que ser sobre mi cadáver.
-Me parece justo-Erick coloco su mano en mi hombro, como aun no me había recuperado de la paliza de anoche hice una mueca de dolor. Erick me miro preocupado- ¿Te paso algo?
-Nada especial, yo solo-Erick ya se encontraba enfrente mío y se había vuelto a colocar las gafas.-No vas a dejarlo así como si nada ¿verdad?
-No mientras se trate de ti, enséñame tu hombro por las buenas o por las malas.
Le mostré mi hombro, en el cual ya había un gran moretón en formación, sus ojos parecían incrédulos como si no creyera lo que estuviera viendo. Con extrema delicadeza él hechó un vistazo a mi espalda levantando la parte trasera de mi blusa. Cuando volví a verlo él se veía molesto y se frotaba las sienes.-Como puedes ver estoy acostumbrada a hacer las cosas por las malas.-dije tratando de ser graciosa.
-¿Quién te hizo esto?
-No tiene caso.
-Oh, claro que tiene caso, eso no es humano.-respiro hondo y luego tomo mi mano entre las suyas y me miro suplicante.-Por favor Alicia, quien quiera que haya hecho esto debe ser denunciado. ¿Fue tu padre o tu madre? Por favor contéstame.
-A menos de que los muertos puedan volver a la vida no creo que fueran ellos, fue mi tía, ella tiene una mano pesada y una muy diestra puntería.-deje salir una sonrisa retorcida.
-Pero… ¿Cómo fue que?
-Esa es otra historia larga y jamás la cuento a menos de que alguien me cuente la suya.-él me miro inexpresivo, procesando la idea. Después de unos minutos que me parecieron horas, él asintió-¿Seguro?-si su historia fuera mas sencilla que la mía no habría dudado, algo me decía que el recordarlo le era doloroso.
-Soy todo oídos. Y-advirtió con su dedo índice-quiero toda la verdad, porque yo no mentiré cuando me toque hablar.
-No recuerdo los primeros 6 años de vida, mi primer recuerdo es el de estar de pie observando un auto arder en llamas, a un hombre tirado en el suelo con un charco de sangro bajo él, mi ropa empapada en esa sangre. Luego me encontré en el hospital y con policías haciéndome todo tipo de preguntas, entonces vi a una mujer, era mi madre, ella se acerco y me abrazo con mucha fuerza, sus lágrimas corrían por mi cuello. Después me entere de que ese hombre muerto era mi padre, un ex militar, dejo el servicio en cuanto nació Patrick. Al parecer no pasaron ni 3 meses cuando unos mafiosos lo acorralaron y dispararon hasta morir, todo estando yo dentro del auto. Tengo sueños en los que él me cubre con su cuerpo y recibe todas las balas. Sigo sin tener recuerdos muy concretos de mamá, solo recuerdo su fragancia, coco channel, la forma en que me acariciaba el cabello y eso es todo. Cuando tenía la edad de Patrick ella murió por una sobredosis de antidepresivos, al parecer nosotros no fuimos suficiente razón para superar lo de su esposo, como bien dijo Òscar Wilde “Perder un padre es doloroso, pero perder a ambos es negligencia”.-solté un suspiro- Entonces mis tíos se volvieron nuestros tutores, mi tío Rogelio trabaja casi todo el día más horas extra, mientras mi tía rige la casa con puño de acero. Justamente anoche, Carmen, su hija y mi prima, intento golpear a Patrick por defender el derecho de Hachi de dormir con nosotros, así que yo llegue y me interpuse, el precio a pagar por mi acto heroico es…bueno, esto.-coloque mi mano en mi hombro.
-Erick se movió lentamente y con delicadeza toco mi rostro, este ya no se sentía arder gracias al agua fría, el solo acunaba mi rostro en sus manos, yo lo contemplaba ansiosa de dios sabe que.- ¿Por cuánto tiempo? ¿Y porque no has denunciado su abuso?
-Ellas simplemente lo negarían, además aunque no dijeran nada, en cuanto indaguen en mi historial creerán que yo misma me lo hice.
-¿Porque alguien creería eso?-el aparto sus manos cálidas de mi rostro y me miro confundido.
-Bueno, recuerdas que te dije que no tenía muchos recuerdos de mi mamá, bueno, eso es porque durante 5 años pase en un hospital psiquiátrico, mi tío dice que de niña no pude superar el trauma de mi padre, dice que no llore solo me quede estática, así que mamá me llevo a ese lugar para tratar de curar mi trauma. La veía de vez en cuando en las horas de visita al parecer. Además…olvídalo.
-Muéstrame tus manos-ahora su rostro era severo-¿Hay una pieza que no casca en esta historia?-él tomo mis muñecas, bajo ambas mangas y observo estupefacto las marcas de cortadas, yo ni siquiera me moví, había algo en aquello que me paralizaba-¿Algo más que deba saber sobre ti?-su ceño fruncido me hizo arrepentirme de haberle contado aquello, jamás se lo había contado a nadie y tan fácilmente y con él…simplemente deje escapar todo lo que llevaba dentro. Él pareció advertir mis pensamientos y me hablo en un tono más alegre.- ¿Tal vez algún tatuaje del que deba saber?
-Siento como si me estuviera riñendo mi esposo.-aparte ambas manos y baje las mangas.
-Si quieres tómalo así, seré tu esposo estupefacto por descubrir secretos de su esposa-de golpe me abrazo y apoyó mi cabeza en su pecho, acariciando mi cabello.-Y también soy el esposo que te protegerá de todo y de todos.
-¿Ahora eres romántico?-ignore que me dolían las piernas y seguí acurrucada contra su pecho, algo en ese gesto me relajaba.
-Solo soy un esposo común y corriente.
-Ahora pasaste de ser soldado raso a mi esposo, vaya que esta historia ha tomado varios giros inesperados.-me aparte a regañadientes de él, había perdido por completo de vista a Patrick y Pamela, al verlos rodar junto a Hachi me tranquilice.-Ahora, ¿Qué hay de ti? ¿Que clase de secretos tiene mi esposo?
-el se echó hacia atrás apoyándose en sus brazos- Nada tan dramático como ser golpeado por mis tías o ir a un centro psiquiátrico-miro distraídamente a las personas pasar frente a nosotros- Pero una parte de mi historia es que mi padre era un alcohólico que gastaba todo el dinero en apuestas, alcohol y probablemente mujeres, cuando tenía 12 años nos abandono con un sinfín de deudas, yo me ocupe en trabajar de lo que sea para ayudar a mi mamá, ella confecciona ropa, también la ayudaba con la casa y con el cuidado de Pamela, ella solo tenía 5 años.-se quito las gafas y me dedico una mirada nostálgica- así es, tengo que trabajar toda la mañana para poder pagar la escuela, de hecho Alejandro va al mismo lugar que yo a cargar la mercancía de la central de abasto. Supongo que soy un esposo muy pobre para merecer ser tu esposo incluso.
-Nada de eso, ni el hombre más rico me daría lo que tú me das.
-Erick se sonrojo y parpadeo confuso hacia mí-¿Y qué es exactamente eso?
-Algún día te lo diré, pero no será hoy-señale con mi dedo al par de niños que se acercaban corriendo-Por el momento Romeo y Julieta se acercan a gran velocidad con su noble corcel y ellos no tienen porque enterarse de nuestros problemas maritales. Aun son demasiado jóvenes e ingenuos.
-Bendita sea la ignorancia-Erick se volvió a colocar las gafas y miro como la pareja de niños se nos acercaba.
-Amen a eso.
Los jovencitos se acercaron y se tendieron en el pasto, ambos dirigiéndose fugaces miradas de amor, aquello me provocaba risa, no sabía cómo dos personas tan pequeñas podían experimentar de esa manera el cariño, porque amor no era.
-¿Por qué lo llamaron Hachi?-Pamela acariciaba al agotado Hachi, sin duda la edad ya le estaba empezando a pesar.
-Esa historia la cuenta mejor Alicia.-Patrick me dirigió una mirada ansiosa y brillante.
-Está bien, veras Pamela, Hachi es una historia real de Japón. Había un hombre que tenía un perro y lo llamo Hachiko que significa ocho el cual es un numero de la buena suerte en Japón, el hombre viajaba en tren a su trabajo y el perro siempre iba a despedirlo y volvía para encontrarse con él justo a la hora. Un día el hombre sufrió un derrame cerebral y no volvió.
-Eso es muy triste-Pamela dejo ver su horror, Patrick le tomo la mano en su intento por reconfortarla, gesto que le fue recompensado con una sonrisa de ella- ¿Y qué paso después?
-Bueno, Hachiko volvió al tren durante 10 años esperando volver a su amo, 10 años estuvo en esa estación, todo el mundo lo conocía, lo alimentaban y cuidaban entre todos, pero ninguno pudo hacer que el perro dejara de volver a la estación, hasta que un día Hachi murió y en su honor colocaron una estatua justo enfrente de la estación. Yo le puse Hachi a mi perro porque cuando tenía 11 años mi tío me lo obsequio para que no estuviera sola, así que le puse Hachi para que al igual que el perro de la historia nunca se apartara de mi lado aun en los momentos más tristes. Además-acaricie las orejas de Hachi, aquella caricia siempre lo hacía recuperar la energía-como el perro, Hachi siempre me recibe cuando vuelvo de la escuela y en los momentos más duros siempre está ahí.
-Wow-los ojos de Pamela eran diferentes a los de Erick, estos eran café oscuro como los míos- Tenias razón Patrick, tu hermana es estupenda contando historias, además-dirigió una breve mirada picara a su hermano, Erick acaricio a Hachi disimulando no escuchar-es muy bonita, una autentica Sherezade.
Mientras Erick y Pamela se alejaban, Patrick no perdía la vista de Pamela, sin duda había sido hechizado por aquella pequeña y delgada niña. La sola idea del supuesto amor que sentían ellos dos me enterneció.
-Algún día tu amigo será mi cuñado.-contemple su mirada embobada.
-Tranquilo Romeo, que aun eres muy joven para echarte esa soga al cuello.
Aquel sábado habían ocurrido demasiadas cosas, mis revelaciones y las de Erick eran demasiadas para digerir y por si fuera poco nuestro abrazo en pleno parque y a plena luz era casi una insolencia. Aunque algo en sus ojos y en su cálido pecho me habían relajado al completo, después de contarle todo aquello sentí como si se me hubiera quitado un gran peso de encima, aquello no se lo había contado a nadie, ni siquiera a Susana. Era un secreto y ahora era secreto de ambos, pero yo no era la única que se confeso, él me había contado su historia. Al recordar su mochila vieja y perfectamente lavada, sus zapatos gastados pero bien boleados, ese era Erick, tal vez ese era el porqué de tomara la escuela con más seriedad de la debida, para él asistir a la escuela no solo era el derecho que se había ganado con el sudor de su espalda si no que también era su oportunidad de brindarle una mejor vida a su familia. La voz insistente de Patrick me hizo volver de mi mundo de irrealidad.
Una mañana de domingo, nada que hacer, yo me encontraba sentada en mi cama contemplando por la ventana el cielo azul e imaginando las formas que creaban las nubes.
-¿Sucede algo?-me sentí curiosa al ver el ceño fruncido de Patrick.
-Ya paso la noche y no me has contado que paso con Andreas y Magno.
-Su nombre es Magnus, Magno era rey de macedonia.
-tomo asiento a mi lado cruzando las piernas, ansioso de escuchar-No quiero clases de historia, quiero escuchar tú historia.
-Muy bien, aunque creo que no estaría mal darte un par de clases de historia más adelante, con el fin de que no difames a hombres que no pueden defenderse.
“Magnus advirtió que Andreas tenia la firme decisión de atacarlo, por lo cual con su velocidad sobrehumana, alejo a Pamela de la batalla, colocándola junto a un árbol. La batalla comenzó, si bien Magnus era un vampiro y poseía una velocidad y fuerza sobrehumanas, no eran suficiente para detener al valiente Andreas, el cual había entrenado a gravedad cero, lo cual en tierra con la gravedad, le proporcionaba una velocidad y fuerza similar a la del vampiro. Andreas blandió su espada y ataco a Magnus, pero este lo esquivo, cada ataque era fieramente esquivado, ambos eran unos guerreros y ambos tenían una poderosa razón para luchar. Andreas luchaba por proteger a su hermana y Magnus simplemente por…”
Detuve mi historia en cuanto escuche la risa de Carmen detrás de la puerta, esta se abrió lentamente, dejando ver a la pelirroja grasosa y a su gato regordete.
-Oliver, ¿has escuchado que hay una princesa rata en esta casa?-sostenía al gato en sus brazos y lo acariciaba como si este fuera en verdad adorable.- A ¿y que esta princesa rata tenía un corcel? Que lastima que el corcel se haya marchado, supongo que al final…ocho no es un numero de suerte.
Mis peores pensamientos aparecieron en mi cabeza, corrí escaleras abajo para confirmar que mis miedos no eran reales, que todo solo era una broma pesada de Carmen para moléstame. Pero cuando fui al patio y no vi a Hachi mi corazón se derrumbo. Sí había un responsable aparte de Carmen era Marta, corrí a su encuentro, esta se encontraba comodante en la mesa, con un vaso, de algo que parecía Jamaica, a un lado, contando fanfarrona el dinero. Mi yo interna y mi subconsciente hicieron las paces y se pusieron los guantes para pelear.
-Siempre supe que esa bestia me devolvería el favor de tenerlo en mi casa-se puso de pie y se coloco justo enfrente de mí, meneaba el dinero mientras hablaba- y ese favor fueron nada más y nada menos que 200 en efectivo. Sin duda su suerte solo sirvió para esto.
-No te pongas triste Alicia, se fue alegremente con un joven bastante apuesto, tú nunca le importantes, su lealtad era para el mejor postor, y tu pequeña rata, perdiste ante la comparación.-Carmen se alejo regodeándose, Marta tomo el vaso de la mesa y me lo echó encima, manchando mi blusa azul de rojo, para después aventarme con brusquedad el vaso, hiriendo mi rostro, aunque el dolor en mi pecho era mucho más fuerte que eso.
-Limpia eso, niña sucia.-Ambas mujeres se marcharon, dejándome de pie, cubierta de esa sustancia roja, sintiendo como se volvía pegajosa. Los recuerdos de aquel día frente al auto y mi ropa cubierta de sangre volvieron, mientras limpiaba aquello mi mente no abandonaba los momentos que había pasado con Hachi. Yo era una niña que no lloraba, por alguna razón las lágrimas no salían a la luz, así que en días como estos, en los que la tristeza se apoderaba de mí y sentía esa presión en el pecho que me impedía respirar, en cada ocasión aparecía Hachi, acurrucándose en mi regazo para después empezar a mover la cola en cuanto veía que mi ánimo iba subiendo. Tío Rogelio no se enteró de lo que pasó en realidad, Marta le dijo que Hachi había escapado y que por eso estaba yo tan deprimida que incluso había roto aquel vaso y derramado su contenido por el piso. Él se sentó en mi cama y acarició mi cabello, y trato de consolarme, aunque todo era en vano, la presión en mi pecho era difícil de superar.
El día se hizo presente, Patrick no se molesto en despertarme, aunque tenía 10 años era muy consciente de cuando me sentía tan mal que simplemente no podía salir de la cama. Supere mi tristeza y una vez en la ducha el agua se llevo mi agonía por la coladera, al salir y checar la hora mire con indiferencia que faltaban tan solo 20 minutos para que dieran el timbre, me vestí lánguidamente y me dirigí a la escuela con paso perezoso. Pensé en hablar con Susana, pero ella no era capaz de entender lo que sentía, además al escuchar lo ocurrido ella se burlaría de mí diciéndome lo patética que me veía lamentándome por un perro. Entonces vino a mi mente la imagen de Erick, el sin duda me apoyaría, tal vez en sus brazos encontraría consuelo, así como lo había encontrado aquel sábado. Pero mis esperanzas se derrumbaron al ver que no se presento ese día a clase.
Todo el horario escolar me la pase tomando nota y haciendo los trabajos al pie de la letra, estaba dispuesta a ocupar mi mente con tal de no sentir más esa presión en mi pecho, el cual comenzaba a perjudicar mi respiración. No entendía como simplemente no superaba aquello, solo era una mascota…pero esa mascota había pasado conmigo los momentos más tristes y alegres, siempre había estado ahí para apoyarme, aunque no pudiera hablar, sus acciones eran más que suficientes para consolarme en cualquier momento de tristeza. Las clases terminaron, ni siquiera fui consciente de que Susana ya se había despedido de mi con su habitual abrazo que normalmente me quitaría el oxigeno, pero con la presión en mi pecho, de cualquier forma no podía respirar. Espere a que todos salieran, justo cuando estaba a punto de desplomarme por una fatiga inexplicable vi justo a mitad de camino a una figura canina de pelaje color avellana. Hachi.
Junto a él se encontraba Erick, sosteniendo una correa y recargado en la barda de la escuela. Mis piernas adquirieron vida propia y comenzaron a correr, me agache para abrazar y acariciar a Hachi, mi perro había vuelto, no sabía cómo, pero estaba ahí, él me recibió con la misma euforia que yo, no había duda de que me había extrañado tanto como yo, tan solo había pasado un día y ya sentía como si hubieran sido años desde que lo vi, me reincorpore y observe el rostro de Erick este mostraba una expresión de ternura, como si lo que viera le enterneciera.
-¿Pero como tú…? ¿Qué…?-las palabras se ahogaban en mi garganta, no sabía si era por la emoción o por la falta de oxigeno en casi un día.
-Bueno, tu amiga me llamo ayer en la mañana, no sé cómo consiguió mi teléfono, tal vez me aclares esa duda más tarde, en fin, le pregunte si sabia donde vivías, ella me dio santo y seña de cómo llegar, cuando llegue vi un anuncio en el que vendían a Hachi, creo que por ser pastor alemán hubo un hombre que estaba a punto de comprarlo, yo me acerque, él ofrecía 150 por Hachi, y yo, como si fuera una subasta ofrecí 200, aquel dinero lo había ganado apenas en el sábado. Pero sabía que te pondrías triste sin Hachi, así que me olvide de la economía y lo compre. Y ahora te lo traigo de vuelta, un pequeño y peludo regalo.
No sabía en absoluto que sentir, por un lado la felicidad abarcaba todo mi pecho e inundaba mi corazón de gozo, por otra parte mi subconsciente y mi yo interna debatían en privado, no sabían decidir si agradecerle formalmente o simplemente dejarme llevar por el momento y abrazar a aquel hombre que había traído a mi leal compañero. Aunque si fuera tan leal, capaz no se hubiera ido así como así.
Pensé para mí misma que quizá para Hachi yo no era tan indispensable. La alegría que me inundaba se desvaneciendo dejando pasar a la fría soledad, ¿había algo malo en mi? ¿Porque mis seres queridos me valoraban tan poco que terminaban abandonándome, muriendo, dejándome sola? La imagen de aquel hombre abrazándome, un sonido sordo como de petardos reventando, él gimiendo de dolor, auto en llamas, mi vestido cubierto de sangre, él en el suelo. Tal vez yo no era muy buena para los demás, aquellos que intentaban protegerme terminaban a tres metros bajo tierra.
Como si cayera de la cama, volví de mi mundo, había sido interrumpida por la burlona y grave voz de Erick.
-Sabes estuvo toda la noche ladrando y creo que intentando escapar, de seguro te extraño.
-¿En verdad?-las palabras parecían volver a fluir-¿Te dijeron algo en tu casa?
-Bueno-hizo una mueca, como recordando algo incomodo.-Pamela hecho de gritos y a mamá casi le da un ataque, cuando le dije que solo lo estaba cuidando se tranquilizo, pero luego me pregunto quién era el dueño-hizo una pausa, su rostro se sonrojaba poco a poco-cuando le dije que era una amiga…bueno…ella…No sé cómo paso pero ella quiere conocerte.
-Sería un honor, conocer a tu familia.-le dedique la mejor de mis sonrisas, la sincera.
-No tienes idea.
-Pero tu dinero, tu no…
-No importa, con eso iba a pagar lo que falta de la renta, el casero me permitió pagarle hoy.
-¿Pero como vas a recuperar el dinero?
-Mi jefe me prometió pagarme lo justo según lo que trabajara hoy, así que me dedique a trabajar todo el día. No te preocupes ya salde la cuenta con el casero.
Su sonrisa era confiada y alegre, pero había algo raro en él, lo escanee rápidamente, pero ese escaneo fue suficiente para percatarme de que su muñeca derecha con la que sujetaba la correa de Hachi, estaba inflamada y vendada.
-Quiero ver tu mano.-el se puso nervioso, yo extendí mi mano esperando a que el me tendiera la suya, después de unos minutos el cambio la correa a su mano izquierda y me extendió su mano herida.- ¿Cómo fue que te hiciste esto?
-Uno de los cargamentos de los camiones se derrumbo y una de las cajas arremetió contra mi hombro y cayó sobre mi muñeca. El gerente me pago mis doscientos, una bonificación por el pequeño accidente.-golpee su cabeza, él solo soltó un leve quejido, lo contemple, no llevaba sus lentes, ahora podía ver más claramente sus ojos grises, aquel gris profundo hechizante, contemplé mi reflejo y me encontré con mis propios ojos reflejados- Supongo que me lo merecía.-me despoje de toda vergüenza, me pare de puntitas, apoyando mis manos en su pecho para no perder el equilibrio, entonces le plantee un beso en la mejilla. Al apartarme e incorporarme, vi como el rostro de Erick se sonrojaba mientras se mostraba aturdido.- ¿Qué fue eso?
-Mi agradecimiento, por cuidar de Hachi…y por ser un perfecto idiota.
-Tal vez debería traerte perros y romperme la muñeca todos los días.
-Empiezo a creer que soy mala influencia para ti y para tu salud.
-¿Qué dices? A cierto, perdí un día de escuela y me disloque la muñeca.-dijo con indiferencia.
-Lo de la escuela está bajo control, para suerte tuya tome nota de todo el día de hoy, si quieres mañana por la mañana te paso los trabajos.-su rostro no dejaba de sonrojarse, me pareció que su cara se volvía un tomate.-En cuanto a tu muñeca, no creo que yo valga la pena como para dislocarse algo.
-el me abrazo de golpe, apretándome contra sí, yo aspire su aroma, un aroma fresco y masculino que simplemente no tengo palabras para describirlo.- ¿Bromeas mujer?, no me importaría romperme un par de huesos si al final del día tu me recibes con una sonrisa y vuelves a besarme de esa manera.
-Cuidado con lo que deseas que él diablo tiene orejas hasta el infierno.
-¿Por qué me debe de importar el diablo?-nos quedamos abrazados por varios minutos, me había olvidado por completo que Hachi estaba ahí- Te sonara extraño pero…hueles bien-aspiró profundamente, su respiración me causaba cosquillas en la nuca- A vainilla.
-No me suena extraño.
-¿A no?
-Más bien pervertido.
-Me alegra ser un esposo que compra perros a doscientos pesos, que se rompe muñecas y que todavía se da tiempo para hacer que su esposa lo llame pervertido.
-Es que eres multifuncional, tal vez es por eso que me case contigo.
-el me aparto lo suficiente para poder vernos el uno al otro-¿No sabes porque te casaste conmigo?-intento fingir un tono indignado pero su diversión era abierta. Yo negué con la cabeza, obviamente divertida, la presión que sentía en mi pecho no era incomoda como la de hace unos momentos, esta me llenaba de mas el pecho, no lo sentía vacio si no lleno de más.-Es una lástima, yo sí recuerdo porque me case contigo.
-¿Enserió?-el asintió con la cabeza, sonriente-¿Y me lo dirás?
-Algún día pero hoy no, este perro parece más que divertido con nuestro espectáculo.
-Cierto, Hachi no sabe como guardar secretos.
-¿Y porque debería ser un secreto?
-No tengo ni idea.
Erick me entrego la correa y me acompaño a casa, cuando entre Patrick se alegro al ver a Hachi, mientras que Carmen y Marta se dedicaron miradas de conspiración, para después verme con desprecio, pero no pudieron hacer nada, le habían dicho al tío Rogelio que Hachi había escapado, así que yo seguí su mentira argumentando que lo había encontrado. Le di un tazón de croquetas a Hachi, arrope a Patrick y me acosté en la cama, incapaz de dormir, una euforia y energía me habían inundado. Sin duda producto de todo lo que había pasado con Erick, sus palabras, su tacto, su aroma, el aura de tranquilidad que emanaba.
La noche se me fue en un respiro, sentía los ojos pesados, eso se lo debía a que me había dormido ya muy tarde. Me obligue a levantarme cuando el timbre de mi celular comenzó a sonar con la canción ‘Hola’ de Miranda. Muy acorde al propósito de la llamada, lo ignore argumentando en que podría ser alguien sin importancia, sentí que el celular golpeaba mi cabeza como un proyectil, al levantarme me di cuenta de que el despeinado Patrick me lo había lanzado, este hizo un sonido parecido a un gruñido y luego se tapo hasta la cabeza con las sabanas. Conteste el teléfono adormilada, pero la voz de Susana me despertó de inmediato, ya que esta gritaba histérica.
-¡¿Se puede saber porque no respondes mis llamadas y mensajes?!
-observe el reloj de pared y después de tallarme los ojos me di cuenta de que eran las ocho y cuarto de la mañana.-Son las ocho, obviamente estoy… estaba dormida, ¿Qué sucede, donde es el incendio?
-¿Puedes invitar a tu amigo Erick al parque que está cerca de la escuela?
-De hecho lo iba a ver ahí a las diez y media para entregarle los apuntes de ayer.
-Bien, entonces nos veremos ahí a esa hora.
-¿”Nos veremos”? ¿Qué tienes planeado?
-después de una risita tímida, Susana hablo en su tono normal de voz.-Bueno, he quedado con los demás chicos y chicas para reunirnos ahí, esperaba que tu llamaras a tu amigo para que pudiera venir con nosotros y así divertirnos todos, y conocerlo un poco mejor, ya que es tan difícil y misterioso.
-deje escapar un bostezo mientras salía al pasillo, ya que Patrick me había lanzado una almohada en señal de que guardara silencio, pero yo aun seguía medio dormida,-¿Qué tienes tú con Erick?-pregunte distraídamente, probablemente era una pregunta de rutina en las conversaciones.
-¿Qué no es obvio?-Susana se mantuvo en silencio por un par de minutos y luego casi con un grito respondió.- ¡Me gusta Erick!
Aquellas palabras me dejaron helada, había tenido mis sospechas y hacia un par de días se habían confirmado, pero las olvide, no sé si por beneficio propio o por descuido. Me parecía una broma pesada del universo, a penas ayer había experimentado aquella sensación placentera en mi pecho y ahora todo eso me era arrebatado por el hecho de que mi mejor amiga estaba enamorada del mismo chico con el que había compartido esa sensación. No quería aceptar lo que pasaba, en primer lugar no quería aceptar mis sentimientos, ni por Erick ni por la situación que se me estaba presentando. Respire hondo, tratando de no derrumbarme sobre el suelo, me recargue en la pared, las piernas me temblaban. Aunque aceptara la realidad, yo simplemente no podía competir contra ella.
-¿Hola? ¿Sigues ahí? ¿Alicia?
-No pasa nada-tome de nuevo aire, la sensación en mi pecho volvía, la incapacidad para respirar profundamente-es solo que Patrick me lanzo una almohada y tuve que salir de la habitación. ¿Pero qué hay de la escuela?
-No hay problema, recuerda que hoy es día de academia, los maestros no estarán.
-Ya veo, entonces ¿nos veremos a las diez y media en el parque?
-Si, por favor y no olvides traer a Erick contigo, eres la mejor, nos vemos.
Al colgar entré de nuevo a la habitación, sentía la necesidad de lanzar el celular contra la pared, como si ese movimiento pudiera borrar las palabras de Susana, las de Erick, mis sentimientos. Me tire contra la cama y después de quizá 40 minutos me levante y me prepare para salir. Al salir de la regadera observe tristemente mi imagen frente al espejo, camine de vuelta al cuarto, sentía como si algo estuviera luchando por salir, una presión en mi garganta me avisaba que probablemente era un grito lo que ansiaba salir. Al entrar vi a Patrick alzando su cama y mirándome reflexivamente, después de un serio análisis a mi aspecto, él por fin negó con la cabeza.
-No puedes ir así a ver a tu amigo, esa camiseta es viejísima y no resalta tu figura.
-¿Cuál figura? ¿Qué estas tramando ahora Patrick?
-el ignoro mis comentarios y se acerco a mi armario, anteriormente lo hubiera apartado, pero estaba demasiado intrigada como para impedirlo, poco a poco fue sacando prendas y arrojándolas a la cama- El rosa hará lucir tu cabello oscuro y hará un lindo contraste con tu piel morena clara, estos vaqueros negros ayudaran y en cuanto a los zapatos, supongo que estará bien con tus converse.
-¿Ahora eres especialista en moda?
-Solo en tu imagen por el momento, ahora ve a cambiarte o yo mismo lo hare.
-Eso sería enfermo.
-Hazlo o te juro que lo hare.
-Muy bien, muy bien, ¡dios que terquedad!
Al salir y encontrarme con mi imagen simplemente no lo podía creer, Patrick se coloco en una silla y comenzó a peinarme, una coleta de lado fue lo único que hizo, mi cabello tomo forma solo, formando un largo y único bucle con todo mi pelo sujeto por la liga. La chica que estaba en el espejo simplemente no era yo, esta se veía femenina, hermosa, tal y como se veía Susana, pero esta chica tenía algo diferente, no lograba distinguir que era.
-Toma, este es un listo café, venia junto a otras cosas en una caja en el armario. Ahora, supongo que tú debes saber maquillarte.
-He tenido que aprender por la fuerza a manos de mi vanidad en la secundaria.
-Muy bien, ahora ponte bella, solo retócate un poco los ojos y usa tu labial usual, ese hace ver lo suficientemente rojos a tus labios, te queda lindo.
-¿Qué le hiciste a mi hermano y quien eres tú?
-Solo trato de hacer que mi hermana se vea linda y procurar su felicidad.
-¿Como esto me traerá felicidad?
-Las grandes mentes de la moda como yo no somos pacientes, así que empieza a maquillarte.
Le revolví el cabello y comencé a maquillarme, ahora la chica al espejo era refinada y hermosa, mi subconsciente se quedo boquiabierto mientras mi yo interna mandaba besos al público cargando unas rosas y con una corona en la cabellera castaña.
Con un beso en la frente me despedí de Patrick, al bajar por las escaleras vi de nuevo la foto familiar de nosotros, entonces me percate de que mamá llevaba en su cabello un listón café, al verlo en mis manos aspire su aroma, la delicia del coco channel me hizo saber que ese era el listo de ella. Até el listón en forma de moño alrededor de mi coleta, al observar mi reflejo en el cristal de la fotografía, me dedique a mi misma una sonrisa. Mis sentidos se pusieron alerta cuando sentí la mirada de alguien, al bajar la mirada, vislumbre a Rogelio de pie bajo la escalera, mirándome asombrado.
-Eres tan hermosa como tu madre, sabes, tu padre y yo competimos por su amor, pero ella obviamente lo eligió a él, definitivamente adquiriste lo mejor de ambos; la belleza de Jocelyn y la actitud elegante y reservada de tu padre, lo bueno es que no heredaste su terquedad, esa le toco a Patrick.
-Dímelo a mí, él es el responsable de esto-señale mi atuendo.
-¿A caso ahora es experto en la moda?-sonrió tiernamente- No importa, te ves divina.-antes de irme lo abrace y le bese la mejilla, justo cuando estaba de pie en afuera de la puerta el me hablo en un tono dulce- El chico con quien vayas es muy afortunado, espero que sea consciente de eso.
Antes de que pudiera responder él cerro la puerta, yo seguí mi camino resignada. Mientras caminaba mi subconsciente tomaba asiento aun sin superar los hechos, mientras que mi yo interna usaba sus zapatos de tacón de aguja y modelaba. Los hombres que me veían pasar giraban la cabeza para volver a verme, me dije a mi misma que así debía de sentirse Susana, la sensación era sencilla pero dulce.
Una vez en el parque vi a Erick sentado en una banca, llevaba una camiseta azul marino y chaqueta roja, muy al estilo de superman, también llevaba unos vaqueros y converse de color azul. Mientras me acercaba mi subconsciente y mi yo interna apostaban por si él me reconocería y se quedaría boquiabierto o simplemente no me reconocería hasta que estuviera frente a él, de un momento a otro él me vio, parpadeo confuso y puso su evidente cara de turbación. Mi subconsciente le entregaba el dinero a regañadientes mientras mi yo interna se regodeaba en su trono de cristal. Una vez que estuve frente a él no dije nada, solo le entregue los cuadernos, él no dejaba de verme asombrado mientras los guardaba descuidadamente en su mochila.
-Creo que no he sido informado sobre esto.-dijo sacudiendo la cabeza y con ella su perplejidad.
-¿Mi nueva imagen? Bueno yo tampoco estaba informada sobre ello, mi hermanito fue el responsable.
-Erick se puso de pie, de nuevo se vio muy marcada la diferencia de estaturas entre nosotros, el silbo mirándome de arriba abajo-¿Ahora es experto en moda?
-Ya somos tres los que dijimos eso, supongo que es una realidad.
-¡Alicia!-la voz de Susana nos conmociono, cuando observamos en dirección a la voz, la vimos agitando un brazo y tras ella había 2 chicas y 3 chicos, todos de la clase VIP, incluyendo al insufrible de Isaac.
-Olvide decírtelo, Susana quiere que convivamos juntos.
El me miro sin expresión alguna, me angustie ante la posibilidad de que él se haya enfadado conmigo, antes de que pudiera disculparme él sonrió y con su dedo índice empujo mi frente hacia atrás, las únicas palabras que dijo fueron “Tan despistada como siempre, ¿Qué hare contigo?”. La mañana avanzo velozmente, los chicos de la clase VIP hablaban de lo mismo que siempre, programas de televisión y lo genial que sería tener un auto, Erick se escondía tras una máscara de seriedad, pero yo sabía que él estaba tan incomodo y aburrido como yo, además éramos victimas de una sobre atención, él por parte de Susana y yo por parte del chico de plástico de Isaac. Mientras yo luchaba por no vomitar, los chicos VIP decidieron incluirme a la conversación.
-Dime Alicia, ¿Cómo es que ayer eras una simple chica cerebrito y ahora eres toda una belleza asiática?
-¿Belleza?-la incredulidad de Susana se volvió para mirarme y dejar de lado a Erick.
-¿asiática?-mi incredulidad y sorpresa era aun mayor que la de Susana.
-Si-se explico uno de los chicos VIP, del cual aun no recuerdo su nombre,-Por favor, con esos ojos ligeramente rasgados pareces casi una asiática, ¿no es verdad?
-Tienes razón, es simplemente irresistible-la voz de Isaac hicieron que mi estomago se revolviera, el simplemente me provocaba sentir nauseas.
-Saben, estoy aburrida de este tonto parque.-dijo una de las chicas, era rubia, creo que su nombre era Karla.
-Tienes razón, aunque sea octubre este día se ha vuelto muy frio, creo que va a nevar, incluso el cielo está nublado-dijo la otra chica, Esmeralda.
-Muy cierto, ¿Por qué no vamos a un bar o a algún club para entrar en calor?-la voz impertinente de Isaac y su propuesta fueron bien recibidas.
-No me siento de humor para ir a clubes y mucho menos para ir a un bar-me aparte de Isaac advirtiendo su mano escurridiza.
-Pero que dices muñeca, ya verás que con un par de tragos te sentirás más relajada.-Isaac se acerco a mi amenazando con jalarme hacia él, pero en vez de ser jalada hacia adelante fui hacia atrás, el contacto con el pecho de Erick me hizo sentirme más segura-¿Y tú qué quieres pobretón?
-Alicia ha dicho que no quiere ir, así que no te dejare que la obligues.-su voz era seria y profunda.
-Por favor Erick, no cometas insensateces, porque no la dejas irse y vienes con nosotros…conmigo-Susana le dirigió su mirada especial, aquella con la convencía de lo que sea a cualquier hombre, mis pensamientos fueron en torno a que yo simplemente no competía con ella, por más que me arreglara yo nunca seria rival para sus encantos.
-Lo lamento pero no estoy interesado-la respuesta no solo me sorprendió a mi si no también al resto de los chicos VIP.
-¿Qué acabas de decir?-la mirada y voz de Susana se llenaban de odio, esa expresión ya la había visto antes, era la que ponía Patrick de niño cuando se le negaba algún juguete o petición.- ¿No estarás diciendo que prefieres a esta tipa que a mí?-sus palabras fueron como un golpe en el estomago, ¿”esta tipa”? ¿Cuándo había pasado de ser su mejor amiga a “esta tipa”? Entonces recordé los rumores que siempre rondaron secundaria cuando me juntaba con ella, Susana decía que ella solo me hablaba porque le daba lástima la pobre chica que nadie quería en sus equipos y a la que nadie le prestaba atención, como si yo fuera una especie de mascota para ella. Sentí como el corazón me dolía, pero el dolor fue sustituido por el enojo, ya estaba harta de hacerme la que no oía, la que no veía, pero las palabras no salían de mi garganta.
-al sentir los brazos de Erick alrededor mío, me di cuenta de que la garganta lentamente se me aclaraba-La verdad es que si, después de todo, ella es…
-Isaac interrumpió las palabras de Erick con una gran carcajada- No lo puedo creer, ¿El pobretón enamorado? Dime ¿qué harás cuando ella quiera salir, la traerás a este ridículo parque porque no puedes pagar un cine o cualquier otra cosa?-Isaac coloco su brazo alrededor del de Susana y ambos junto con los demás chicos se marcharon.
-Susana por cierto-mi garganta se había aclarado al completo- el salón entero piensa que eres una chica fácil, así que no me importa dejarte con tu facilidad.
-Susana hizo un gesto entre indignación y cólera- Como si me importara.
Los chicos se alejaron lentamente, entre la multitud, mi garganta ya no se sentía atrapada. Al sentir las manos frías de Erick, me di cuenta de que aun estaba abrazándome por detrás, me vi tentada a colocar mis manos sobre las suyas para hacer calor, pero él se aparto secamente, yo me di la vuelta sobrecogida por su reacción, lo que vi en su rostro hizo un hueco en mi corazón. Su rostro estaba agitado y dolorido, algo iba mal, muy mal y no sabía que era, quise acariciar su rostro pero él se aparto con brusquedad, después me miro con adolorida expresión.
-Alicia no puedo hacerte esto.
-¿Que tratas de decirme?-la presión en mi pecho incrementaba, conforme sus palabras avanzaban.
-Ellos tienen razón, yo no puedo darte la relación que necesitas.
-¿Relación?-la palabra resonaba por toda mi cabeza, mi yo interna veía entristecida su trono de cristal roto.
-Si Alicia, una relación, creo que es más que evidente lo que siento por ti-hizo una breve pausa- Yo te quiero, no solo me gustas, yo simplemente te quiero y si no me detengo creo que terminare amándote y eso no es conveniente para ninguno de los dos. Yo quiero una relación contigo, quiero que seas mi novia, quiero llegar por las mañanas a la escuela, saludarte con un beso y gritar a medio mundo que eres mi novia, que eres mía y que yo soy tuyo.
Sus palabras eran dulces, pero él sonaba desesperado como si aquello le incomodara o estuviera mal. Ni el frio del viento era comparado con lo que sentía en mi corazón, un bloque de hielo.
-Erick…
-No Alicia, simplemente no-respiro hondo y dejo salir sus palabras, aquellas que estaban atascadas en su garganta-Aunque lo intentáramos, ¿que pasara cuando quiéranos salir un fin de semana? ¿Te traeré a ridículos parques, jugaremos con nuestros hermanos y Hachi? ¿Soportarías eso solo porque yo no tengo dinero para sostener una novia?-él se dio la vuelta dispuesto a marcharse-Además de eso-dijo sin darse la vuelta- Dudo mucho que tu llegues algún día a querer a alguien como yo, un hombre pobre.
Se alejo lentamente, aquello me pareció cámara lenta, entonces las palabras salieron de mi boca de golpe, él se dio la vuelta de golpe al tiempo que yo dejaba correr mis palabras.
-¿Y que si me gusta venir a ridículos parques? ¿Qué si me divierto más que nunca jugando con Patrick, Pamela y Hachi? ¿Qué si a mí me gustan más estas cosas “gratuitas” que las tonterías que se supone hacen los demás? ¿Qué pasa si a mí me gusta estar en cualquier lugar mientras tú estés conmigo? Porque desde que te conozco me siento aliviada y sonrió con más frecuencia-Erick se acerco a mí haciendo gesto de que bajara la voz, ya que la gente nos miraba al pasar.- ¿Y qué dirías si te digo que no solo me gustas, si no que te quiero, y que me duele cada momento en el que te lastimas o pones esa cara de sufrimiento?
-Alicia, yo…
-Ya veo, eso no significa nada para ti, porque…porque…AL IGUAL QUE ELLOS TU SOLO VES EL NIVEL ECONOMICO DE CADA QUIEN.
Me aleje corriendo en dirección opuesta, Erick me persiguió y me hubiera alcanzado de no ser porque un camión se atravesó en la calle dándome una distancia considerable de ventaja. Mientras corría sentía como la presión en mi pecho se incrementaba, al encontrarme en la entrada de esa casa color olivo enfermizo, el respirar se había vuelto doloroso, el correr con aquel frio viento no era bueno para los pulmones, era un alivio saber que la presión en mi pecho no era más que un mal debido al frio. En cuanto escuche los gritos de Carmen y Patrick me olvide de cualquier mal o frio polaco y entre de golpe a la casa con la firme intención de enfrentar una vez más aquella redonda mujer, ya estaba furiosa ¿Qué más da una batalla más? Una vez adentro Rogelio se acercaba al pie de la escalera, dispuesto a resolver aquella riña, los siguientes segundos pasaron en cámara lenta frente a mí.
Carmen en un arranque de ira empujo a Patrick por la barandilla, mi frágil y pequeño hermano cayó frente a mis ojos lentamente, a la altura de un piso. Vi y escuche como su cuerpo chocaba contra el piso, Rogelio miro atónito la escena, Carmen solo chillo como si fuera un cerdo. Corrí a toda velocidad directo a mi hermano, él no se movía, cheque su cuello, aun tenia pulso, pero débil, Rogelio tomo a Patrick entre sus brazos, convenciéndome de que había a menos de unas calles un hospital, lo introdujo al auto y comenzamos nuestro viaje al hospital, yo acariciaba el rostro de mi hermanito, rogándole a dios un milagro.
Los doctores no me dejaron ir con Patrick, tuvieron que sedarme, cuando desperté me encontraba en los brazos de Rogelio, él lentamente me conto lo sucedido en mi inconsciencia. Patrick había sufrido múltiples fracturas en brazos y costillas, pero lo de mayor peligro era la costilla que se había roto y perforado un órgano. Me levante de inmediato, al ver a los enfermeros alistando las jeringas me tranquilice y trate de asimilar lo sucedido. Mi hermano estaba en peligro de morir.
El doctor salió del quirófano, Marta y Carmen apenas habían llegado, eran cerca de las diez u once de la noche.
-Logramos superar el daño a sus órganos internos, pero está muy débil, no estoy seguro, pero nos mantendremos al margen, ¿Saben que provoco la caída?
-No doctor-la voz repulsiva de Carmen me asqueo-No tenemos ni idea, él siempre ha sido un niño inquieto de seguro jugando cayo por las escaleras.
Rogelio la miro con incredulidad, no podía creer lo que su hija decía, pero antes de que él pudiera hablar, fui yo la que pronuncio las primeras oraciones, el cinismo de Carmen había llegado a su límite, yo ya no estaba dispuesta a hacer como si nada y aceptar sus mentiras. Y menos que Marta solapara esas mentiras.
-Ella fue la que empujo a mi hermano, él cayo por la barandilla de la escalera-Carmen me miro severa- y hay tres testigos de ello, Rogelio, yo y Patrick, en vista de que Patrick no está consciente tendrá que conformarse con nosotros.
-¿Es eso verdad?-el doctor estaba aturdido.
-Por supuesto que no-chillo Carmen.
Con un gesto de su mano el doctor llamo a un par de policías que estaban en la entrada de urgencias, estos se aproximaron, Carmen comenzó a ver su suerte y mas porque ella era mayor de edad, el castigo sería grave.
-¿Te gustaría repetir lo que acabas de decir?-el doctor me miraba fijamente.
-Permítame hablar doctor, esta mujer-señalando a Carmen mientras colocaba una mano en mi hombro- Ha empujado a mi sobrino y lo ha colocado aquí, yo lo presencie todo. Al principio no sabía lo que pasaba hasta que vi que el pequeño estaba en el suelo inconsciente.
-¿Cómo puedes decir eso papá?-uno de los oficiales la esposo, esta se retorció y chillo tal y como lo haría un cerdo.
-Señorita está acusada de intento de homicidio y si ese niño muere la acusare de homicidio.
-¿Pero usted no puede hacer esto? Es claro que esta mocosa lo esta inventando-Marta me soñaba con desprecio.
-A por cierto, esto es algo que supongo tu tampoco sabias tío Rogelio-levante la camisa dejando ver mi espalda y les enseñe uno a uno los moretones que me había propinado Marta.-Ella me golpeaba cuando tu no estabas en casa y si preguntabas sobre ello, ella me volvía a golpear y decía que me lo hice yo misma.
-Pero yo, ¿todos estos años tu…?-Rogelio miro con severidad a Marta esta retrocedió, intimidada- Nos veremos dos veces, una en el divorcio y otra en el tribunal…para refundirte en la cárcel por maltratar a Alicia.
-Por dios Rogelio, ella no tiene derechos ya, tiene dieciséis años, ya es bastante mayor.
-el oficial empezó a esposarla- Pero sigue siendo menor de edad y si se prueban los abusos, usted pasara un tiempo en la cárcel.
Entre protestas, ambas, madre e hija se alejaron, desapareciendo con las luces de la policía tras ellas. Por fin lo había hecho, por fin había enfrentado a mis demonios,  a aquellas arpías, pero a un muy alto precio, siempre había aguantado siempre y cuando nada le pasara a Patrick, pero ahora que por fin las había enfrentado, me di cuenta de que mi hermanito tuvo que sufrir para ello. Una vez estabilizado, el doctor me dejo entrar a la habitación y estar junto a él, todo bajo la supervisión de Rogelio. Me recargue en la cama, esperando que las lagrimas salieran, pero nada. Entonces con la esperanza de que él me pudiera escuchar comencé mi relato.
“Él vampiro luchaba por el amor de Pamela, ambos luchaban por ella y solo por ella. Cuando el vampiro bajo la guardia, Andreas clavo su espada en el corazón de Magnus, Pamela soltó un gran grito desconsolado. Corrió hacia Magnus y lloro en su regazo, aunque el corazón de Magnus no latía, sentía como este le dolía al ver a Pamela llorar. Andreas no podía evitar más que sentirse culpable y desdichado, quería a su hermana junto a él, pero no si esto significaba que ella llorara. Andreas saco su daga y corto la palma de su mano, después hizo lo mismo con Magnus, entonces a modo de juramento dijo-En nombre del cosmos y de mi sangre interestelar, yo juro que mientras mi sangre corra por la tuya y tu sangre corra por la tuya, no dejaremos que esta mujer vuelva a verter lagrimas.”
“-Este juramento te volverá inmune a todo mal que los vampiros padecen, como la luz del sol, todo esto para que puedas estar al lado de ella y la puedas hacer feliz, como hasta ahora lo has hecho. En cuanto a mí, yo vigilare y cuidare la tierra para protegerte a ti, a ella y a su futura descendencia. Este pacto es en nombre de la Luna y mientras esta exista, este pacto existirá también.- Magnus se recupero de su herida rápidamente, y tal y como lo estipulaba el pacto, él y Pamela vivieron juntos bajo la luz del sol, mientras Andreas contemplaba la tierra, vigilándola desde su nave rotando alrededor de la Luna. ¿Sabes a que se compara su amistad? A la Tierra misma, Andreas es el aire, el oxigeno, porque siempre está sobre ellos observando y contemplando, además de que si no fuera por su pacto Magnus no estaría vivo; Magnus era la tierra solida y firme, al igual que su amor por Pamela, y ella era como el agua pura y refrescante, como la sensación que les brindaba aquellos dos hombres. Fin”
Mientras soñaba con naves espaciales, vampiros, jóvenes enamoradas, unos ojos gris profundos y una sonrisa juguetona en un niño castaño que acariciaba a un perro, desperté de mi ensueño con el bip de las maquinas alrededor de Patrick. Él se veía tranquilamente dormido, y yo estaba acurrucada junto a su cama, en ese momento Rogelio entro a la habitación con un cambio de ropa y otros objetos. Me ordeno que fuera a cambiarme, obedecí, agotada, me cambie en el baño del hospital, coloque la bolsa en recepción y me dirigí a la cafetería dispuesta a hacerme un café, pero solo había una maquina que te servía el café de cualquier sabor en un vaso, hacia frio así que no me puse quisquillosa, escogí un café sabor vainilla.
Una vez terminado, salí para volver al cuarto, cuando entre me encontré con Erick junto a Patrick, como si fuera arte de magia los ojos de Patrick se abrieron lentamente, yo me acerque rápidamente, deseando que él me dijera que todo estaba bien.
-Hey, amigo-dijo Patrick con voz débil, Erick se acerco sin decir nada- Algún día seré tu cuñado, quieras o no, pero mientras ese día llega-tomo un poco de aire- en cuanto me ponga de pie te pateare el trasero por lastimar a mi hermana, ¿me entiendes?-Erick asintió comprensivo, luego Patrick se dirigió a mi- Como siempre tus historias me impresionan, me gusta el final, Andreas pudo explorar la tierra y hacer feliz a su hermana…eso es lo que quiero hacer yo, viajar y hacerte feliz.
-Con que respires me haces feliz-mis ojos empezaban a humedecerse.
Rogelio entro a la habitación acompañado de un doctor que enseguida examino los signos vitales de Patrick- Usted-Patrick se dirigió al doctor- tiene que curarme de inmediato para poder salir de esta cama y golpear a ese chico de gafas.-el médico rio, Erick solo se limitaba a sonreír, aun no sabía porque estaba allí.
El médico me hizo salir del cuarto junto con Erick, yo trate de evitarlo caminando sin rumbo en dirección contraria, pero sin darme cuenta me encontraba justo en la entrada del hospital, al ver que Erick se me acercaba me resolví a salir, una bocanada de frio me tomo por sorpresa, apenas avance cinco pasos cuando sentí una bufanda cálida enredarse en mi cuello y al girarme vi los ojos grises y hechizantes de Erick.
-Me sentiría muy mal si te enfermas por el frio-su voz era firme y buscando una disculpa, calculando cada palabra.
-¿Por qué estás aquí?
-Tu tío me llamo, enserió que no se cómo la gente consigue mi teléfono, en fin, en cuanto me entere corrí hacia aquí, quería saber cómo estabas.
-¿Para qué, si de todas formas tu aseguras que es malo estar conmigo porque quererme es una agonía? Supongo que ya no me quieres.
-Tienes razón, ya no te quiero-sus palabras me golpearon el corazón, pero antes de sentir la presión acostumbrada en mi pecho, sentí el calor del cuerpo de Erick, envolviéndome en un gran abrazo, como solo él podía.-Ahora te amo.
-trate de apartarme pero Erick me apretaba mas y mas a él- ¿Cómo puedes decir eso?
-Te advertí que mi cariño estaba en riesgo de convertirse en amor y eso es justo lo que acaba de pasar-deje de luchar, levante la cabeza y mire sus ojos gris profundo contemplarme bajo las gafas.- Claro, si aun estas dispuesta a aceptar a este hombre estúpido, pobre…y perdidamente enamorado de ti.
-¿Por qué? ¿Por qué me quieres?
-Por el simple hecho de que tu no miras la situación económica, tu solo vives en tu mundo de irrealidad, también porque me haces reír a carcajadas, me levantas el ánimo cuando me hace falta…además-él se acerco lentamente a mí, su frente contra la mía, su respiración sobre mi rostro-además tienes unos ojos hechizantes.
-aparte sus lentes de su rostro y los coloque cuidadosamente en su bolsillo-Tu también tienes ojos hechizantes.
Él soltó una leve sonrisa y luego se aproximo más y mas cerca a mis labios, hasta que ambos tuvieron contacto. Su beso era cálido y nuestros cuerpos proporcionaban el calor suficiente, aquello era tan suave y cálido que ni siquiera notamos cuando empezó a caer la nieve. Pequeños copos de nieve caían sobre nuestro cabello, nuestra ropa, mientras nosotros nos perdíamos en aquel beso, un beso que parecía simple a la vista de las personas que pasaban, pero para nosotros iban sentimientos, pensamientos, desesperación, emoción y por supuesto, amor. Este sentimiento me hace sentir llena, por fin siento que alguien me quiere, que alguien me necesita, quiero vivir en este mundo y nunca salir del, quiero mi vida junta a este hombre, mi hombre.
-Además hueles a vainilla, me encanta la vainilla.-Erick volvió a besarme una y otra vez, cada beso era como el primero, cálido y tierno.
-¿Estas aprovechando mi emotividad ahora que mi hermano a despertado?
-Tú misma lo has dicho, soy un esposo pervertido y recientemente…aprovechó cualquier oportunidad para verte inofensiva y así poder entregarme sin temor a salir con la nariz rota.
-solté una risita- ¿Nariz rota?
-Bueno fierecilla,  para ser tan pequeña tienes mucha fuerza, no quiero arriesgarme.-y ahí abrazados uno contra el otro nos dejamos llevar por el calor de nuestros besos y nuestro cariño.
Ahora me encuentro aquí, relatando esta historia, contando a cada uno de ustedes en este extenso discurso, la alegría y problemas que he pasado junto al hombre que amo. Y si, con mi barriga de seis meses de embarazo me he parado aquí, para pronunciar este discurso, esta historia, en la boda de Patrick y Pamela. Espero que ambos sean tan felices como Erick y yo lo hemos sido por estos diez años. Que vivan los novios.

FIN.